Días de sol, días de festival, días de teatro | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-03 21:36:42

Días de sol, días de festival, días de teatro

Chalo Flórez, director y actor de teatro e integrante de PFU en Collor, se dio una vuelta por el Festiva Iberoamericano de Teatro de Bogotá y trajo sus impresiones como parte de ese público que valora el arte y que disfruta de la variedad de espectáculos programados por la organización.
Días de sol, días de festival, días de teatro

El taxista se ha quitado su saco y su corbata. Se hizo tarde para la función teatral. Suelta el volante, dice que está que arde, como la ciudad, como el Festival. Hace mucho que no hacía tanto calor en Bogotá. Está molesto, suda en la fría ciudad.

Le molesta también el tráfico pesado; tantas obras a la vez han abierto calles, y otras están siendo cerradas por reparación. “Todo sea por el progreso –dice-. Me gusta el teatro, aunque por el trabajo es poco lo que puedo ver, y –remata– por el costo de las boletas, que no está al alcance de mi bolsillo”.

Da los vueltos, y sale en busca de pasajeros en la calurosa Bogotá.

Acto I: El sueño

Llegamos a ver la obra ‘La vida es sueño’, del gran dramaturgo del Siglo de Oro Español Pedro Calderón de la Barca, dirigida por otro Pedro –Salazar–, del grupo colombiano Teatro Estable. Salazar recibe al público en la entrada del teatro; saluda… se siente un poco nervioso. Es la primera función de las cuatro que presentará en el Festival. Este montaje ganó el Primer Premio de Iberescena, y se realizó en coproducción entre México, Argentina y Colombia.

En esta segunda versión, el elenco será completamente colombiano y la música estará a cargo del colombiano Teto Ocampo, músico, arreglista y guitarrista de los discos de los ‘Clásicos de la provincia’ y ‘La tierra del olvido’ de Carlos Vives, así como integrante de la desaparecida banda Bloque de Búsqueda.

En la obra ‘La vida es sueño’, el príncipe Segismundo se ve obligado a vivir en una torre desde su nacimiento, entre sombras y animales, y bajo las enseñanzas de su tutor, Clotaldo, debido a las advertencias que su padre, el rey Basilio, recibiera de los astros, que predijeron que el joven Segismundo gobernaría con tiranía y crueldad al pueblo de Polonia (el público expectante, relajado, pasivo…).

A los veinte minutos de iniciado el espectáculo, un productor argentino, sentado en la platea, duerme plácidamente. Tomó literalmente lo de la vida es sueño. El montaje es visualmente hermoso, pero falto de ritmo; el actor que interpreta a Segismundo se esfuerza, pero los demás son planos en sus actuaciones. Entiendo al productor argentino, sumido en su sueño.

Mi compañera, la hermosa Lililo, que vio la primera versión de la obra, comenta que a esta segunda aún le falta intensidad dramática, pero que con el desarrollo de las funciones encontrará la intensidad, el ritmo y mayor complicidad – comunicación entre los actores.

De todos modos, su director, Pedro Salazar, ha hecho un gran esfuerzo en este, su espectáculo teatral.  

Acto II: La disputa

Ahora veremos ‘La disputa’, en que dos científicos aristócratas crean el ambiente perfecto para poner a prueba los instintos y los deseos naturales del ser humano en un contexto similar al jardín de las delicias, dice la ‘ficha artística’ entregada a la entrada del teatro.

La expectativa es grande, pues el sólo hecho de nombrar ese gran tríptico, ‘El jardín de las delicias’, del pintor holandés Hieronymus Bosch, ya es excitante.

El escenario está poblado de espejos en los cuales los personajes se contemplan de manera narcisista y por momentos, como público, nos vemos  reflejados en los espejos. La escenografía es una estructura pesada que asciende y desciende. Espejos por todos lados del escenario.  

Una señora duerme plácida; los subtítulos de la obra nos quedan muy altos. Entonces, debemos subir un poco la cabeza para leer la traducción de esta obra, y bajarla para contemplar el espectáculo.

En ese vaivén, creo que la señora se durmió, tal vez por cansancio. Lililo se ríe, pues la señora está justamente a su lado. Al terminar la función, pasa algo inesperado: a la señora la despiertan los aplausos; entonces se levanta y aplaude, frenética, ya de pie, y grita bravos al grupo. La miramos extrañados. Este es el público del Festival, un público agradecido.

Esta obra representa a tres países: Serbia, Rumania y Colombia; su título, ‘La disputa’; el grupo, la Compañía Jugoslovensko Dramsko Pozoriste / Teatro Bulandra / Colombia. El director es Alexandru Darie.

Acto III: Lo mejor

La ‘Odisea’, del Teatro de los Andes. En esta obra del grupo boliviano, basada en el clásico griego, Ulises es también el emigrante; los monstruos que encuentra son los monstruos con que se topan aquellos que parten en busca de un destino mejor, ya sea a cumplir el sueño americano o a emigrar a tierras europeas.

Es una tragicomedia, o un drama con altas dosis de humor negro, sobre diversas situaciones entre mortales y dioses. Una obra conmovedora, transgresora, poética, que saca lágrimas a Lililo, a mí y al público en general.

La obra duró dos horas y 45 minutos, pero no se sienten.

La ovación del público es total, ruidosa, contagiosa, apabullante, como agradecimiento a un grupo muy profesional en su oficio de actores, a una propuesta ágil, dinámica, joven; que conmueve no sólo al público latino, sino a muchos extranjeros venidos de muchos lugares a ver este hermoso espectáculo teatral, en el que sin duda la fragilidad humana se ve reflejada en su condición de emigrantes.

El festival continúa. Hay mucho por ver aún, muchas obras, muchos grupos. Imposible de ver todo, no sólo el teatro de sala; también están los hermosos y suntuosos espectáculos callejeros, los eventos académicos, los talleres, los encuentros con directores, la ciudad teatro en la que se ha convertido Bogotá durante estos días.

Vuelvo a encontrarme con el taxista. Está ya más relajado, más feliz. “Más trabajo”, dice, y sonríe ante las nubes negras que se divisan en el cielo. Para él es placentero sentir el frío de nuevo. Es la capital su ciudad, y parece que va a llover, como el dice. Al fin, de nuevo lloverá; el sol se ha escondido.

Guerra de Pippo Delbono

Para destacar, el espectáculo ‘Guerra’, del genial y transgresor director italiano Pippo Delbono y su compañía. ‘Guerra’ es un espectáculo dramático y furioso, pero también emotivo y profundamente vital. La obra surge del deseo de representar la vida que nace en la marginalidad, en la enfermedad y en el sufrimiento, y traducirla a gritos, danza y actuación. La historia está compuesta por fragmentos de varias historias; es un deambular de personas que vienen del mundo de la “anormalidad”, de la locura, y que se reúnen en torno al mágico mundo del teatro. Los personajes se deslizan por el escenario; algunas veces dejan salir las palabras de furia ideadas por Delbono, y a través de textos sagrados, como Qoelet, fragmentos del Budismo, o frases del Che Guevara que llenan el ambiente con palabras de santos, revolucionarios, héroes y mártires. Esta obra se llama ‘Guerra’, pero bien podría llamarse ‘Ítaca’, ‘El viaje’, ‘La guerra’ o ‘El vuelo’, un espectáculo delicado y cruel, en que la tristeza y la risa hacen manar el llanto en los ojos del espectador. Es un viaje a través de la parte oscura y de la parte iluminada del hombre. Un ritual coreográfico donde danzan juntos historias, rostros, personas que traen consigo signos y colores diversos.

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