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Tan grandes, pero tan peque√Īos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-08 05:00:00

Tan grandes, pero tan peque√Īos

La palabra ¬ďarrogancia¬Ē es sin√≥nimo de altaner√≠a. Es decir, si usted es arrogante, de manera literal, es grosero. Y el grosero, por supuesto, es soberbio por naturaleza. O sea que, si alguien se comporta as√≠, en √ļltimas es un tipo orgulloso, que se cree m√°s que los dem√°s.
Tan grandes, pero tan peque√Īos

Sigamos con la cadena de t√©rminos: si la gente es orgullosa, cree que su postura y su donaire siempre estar√°n por encima del vecino y jam√°s compartir√° con alguien que ¬Ďno sea de su clase¬í.

Podríamos decir que el arrogante, el altanero, el grosero, el soberbio y el orgulloso, en el fondo, son uno solo. Y así de solo se queda, porque nadie se le mide a compartir ni un tinto con alguien así.

Muchas veces el arrogante ni siquiera se da cuenta de que es as√≠ porque, para √©l, es normal su comportamiento. Los que s√≠¬† perciben su petulancia son los dem√°s: sus compa√Īeros de oficina, sus amigos, la gente que pasa a su alrededor...

Es triste reconocerlo, pero muchos nos comportamos de esta forma, sin siquiera notarlo. A veces un t√≠tulo profesional, una medalla, un apellido de alcurnia, unos cuantos pesos de m√°s en el banco, una ¬Ďpinta¬í bonita o un carro hacen que nos volvamos algo petulantes.

Con frecuencia, los más lapidarios en condenar la soberbia, son quienes no la soportan precisamente por verse proyectados como en un espejo, cuya cara les refleja lo que más detestan de su propia personalidad.

¬ŅEs usted as√≠?

Si al leer estas líneas, por alguna razón, se siente reflejado, le convendría visitar de vez en cuando los cementerios.

Dicen que all√° ¬Ďviven¬í muchos soberbios que ¬Ďsacan pecho¬í por ser quienes fueron. Cada uno de ellos tiene escrito en una l√°pida su nombre y los a√Īos que vivi√≥.

Hay que decirlo: en los camposantos nos toca tener presente que, no obstante el lugar que ocupemos en la vida, todos somos iguales frente al misterio de la muerte.

Metros bajo tierra, ning√ļn privilegio nos distingue. En √ļltimas, all√° comprobamos que somos tan grandes, pero a la vez tan peque√Īos.

Conclusi√≥n: usted ser√° s√≥lo un poco de polvo y de tierra; tal como lo ser√© yo alg√ļn d√≠a.

Más allá de esta humana realidad, que a decir verdad nos llena de angustias existenciales,  cabe detenernos a reflexionar sobre el por qué nos comportamos de una manera soberbia.

Tanta prepotencia no nos hace fuertes; todo lo contrario, nos debilita y nos sumerge en la amargura.

No es bueno herir con el desprecio, no conviene mirar a nadie por encima de los hombros, jam√°s ser√° aceptable caer en el c√≠rculo vicioso del: ¬Ďyo aqu√≠¬í y ¬Ďusted all√°¬í.

El respeto, la aceptaci√≥n y la tolerancia nos hacen nadar en el inmenso mar de la diversidad, que nos enriquece como seres humanos y nos pone a flotar ¬ďcon¬Ē y ¬ďentre¬Ē los dem√°s.

UN gesto, una vida

Durante mi secundaria, a la salida de un viernes, observ√© a la distancia a un nuevo compa√Īero que hab√≠a llegado a mi curso: era Lalo.

Como estudi√°bamos en un plantel ¬Ďsemi-interno¬í, nunca dejaban tareas de fin de semana. La idea era que comparti√©ramos en familia, pues de lunes a viernes nos la pas√°bamos metidos en las aulas.

Aquel d√≠a, Lalo cargaba un bulto de libros. Por eso, me cuestion√©: ¬ŅPor qu√© se estaba llevando a su casa el arrume de textos, si ven√≠a un tiempo de descanso?

De pronto, otros alumnos corrieron hacia él y, cuando lo alcanzaron, le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo dejó en el suelo.

Sus anteojos cayeron en el pasto. Lo miré y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Corrí hacia él, mientras gateaba buscando sus gafas.

Las l√°grimas lo invadieron. Le acerqu√© a su mano sus anteojos y le dije: ¬ďno les prestes atenci√≥n, ellos no valen la pena¬Ē. De inmediato, se pint√≥ una gran sonrisa en su cara; una de esas que mostraban verdadera gratitud.

Al lunes siguiente, por la ma√Īana, Lalo regres√≥ al sal√≥n con aquella enorme ¬Ďpila de libros¬í de nuevo. Me par√© y le dije: ¬ďHola, vas a sacar buenos m√ļsculos si sigues cargando todos esos libros¬Ē.

Nos volvimos buenos amigos. Varios a√Īos m√°s tarde, cuando ya est√°bamos por terminar la secundaria, Lalo se hab√≠a vuelto todo un gimnasta e incluso lleg√≥ a competir en las olimpiadas colegiales.

Este joven decidió ir a una universidad distinta a la mía: él estudiaría medicina; yo me inclinaría por el Periodismo.

Llegó el gran día de la graduación y a Lalo le correspondió ser el orador de nuestra promoción, entre otras cosas, por obtener las mejores calificaciones.

√Čl prepar√≥ un gran discurso. Se ve√≠a realmente bien; era uno de esos compa√Īeros que se hab√≠a encontrado a s√≠ mismo durante la secundaria, hab√≠a mejorado en todos los aspectos y hasta le luc√≠an sus anteojos. ¬°Ah! el ¬Ďnerd¬í de ayer ten√≠a m√°s citas con chicas que yo.

Pude ver que √©l estaba nervioso por el discurso; as√≠ que lo abrac√© y le dije: ¬ďestar√°s genial¬Ē.

√Čl limpi√≥ su garganta y comenz√≥ su discurso as√≠:

¬ďLa graduaci√≥n es un buen momento para agradecer a todos aquellos que nos han ayudado a trav√©s de estos a√Īos dif√≠ciles: a nuestros padres, a nuestros maestros, a nuestros compa√Īeros, en fin¬Ö¬Ē

Luego hizo un relato singular. La historia no era otra más que la del primer día que nos conocimos; la misma que encabeza este texto.

Lo admiti√≥ en p√ļblico: aquel d√≠a, durante su primer a√Īo de bachillerato, Lalo ten√≠a planeado suicidarse: ¬ďno le encontraba sentido a mi vida¬Ē, le dijo a la audiencia.

Habl√≥ de c√≥mo limpi√≥ su armario y el por qu√© llevaba todos sus libros a casa: ¬ďera s√≥lo para que mi mam√° no tuviera que ir despu√©s a recogerlos al colegio, cuando me pegara el tiro¬Ē.

Y agreg√≥: ¬ďalguien, con una mano y con un sencillo gesto, me salv√≥ de hacer algo irremediable¬Ē.

Yo escuchaba con asombro cómo Lalo les contaba a todos ese terrible momento de debilidad.

Reci√©n en ese momento comprend√≠ lo profundo de sus palabras: ¬ďnunca subestimes el poder de tus acciones; con un peque√Īo gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros, para impactarlos de alguna manera. Mira a Dios en los dem√°s¬Ē.

Lalo hoy salva las vidas de muchas personas: es un gran m√©dico en Per√ļ y trabaja en una ciudad donde la pobreza abunda. Sigue siendo un hombre sencillo, de manera extrema. Jam√°s ha dejado de asistir a ning√ļn paciente, por m√°s pobre que sea.

 

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