Un motivo para sonreír | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-11 05:00:00

Un motivo para sonreír

El Club Kiwanis, que cumple 95 años y la Fundación Dr. Chocolate, pasan muchos días de sus vidas buscando una sonrisa para los niños que, a pesar de recibir penosos diagnósticos, encuentran una razón para reír al final del día. Los integrantes de estas dos organizaciones contaron sus historias a Vanguardia Liberal.
Un motivo para sonreír

El ala de oncología del pabellón de Pediatría del HUS –Hospital Universitario de Santander- podría, pero no parece triste.

En un día cualquiera, como un jueves en la tarde, por ejemplo, el sonido de las telenovelas y los pasos de las enfermeras hacen que esa sensación de cotidianidad se apodere de todo, incluso de los niños.
Pero no es triste. En las paredes hay pinturas de abejas, arco iris, ríos y demás. Son hechos por los pequeños durante las visitas que realiza la fundación.
En un cuarto esquinero está acostada Mariana*. El 2 de abril cumplió 15 años y sin esperarlo, tuvo una fiesta sorpresa, con vals incluido.

Ahora mismo está muy seria, con pocas ganas de hablar sobre ese día. La doctora Estrellita, de la Fundación Dr. Chocolate, que se encargó de la fiesta, explica que el tratamiento para las enfermedades de oncología hace mella en el ánimo de los niños.

Mariana tiene una piel hermosa y unos ojos grandes; en apariencia se ve muy bien. Dice que lo máximo que esperaba era una reunión con la familia y nada más. Pero asegura que estuvo contenta y en su cama conserva los globos que recibió ese día. Poco a poco, se anima a sonreír.

El domingo 4 de abril, el Dr. Chocolate y otros voluntarios se pusieron una nariz de payaso junto con pelucas y le compraron el vestido de 15 a Mariana, de color azul.

“Compramos flores blancas, torta. No podíamos pagar la serenata con mariachis pero teníamos un buen sonido y todas las canciones para la ocasión”, comenta el Dr. Chocolate.

Chocolate, Sergio Perea, es estudiante de noveno semestre de medicina que, después de mil peripecias para ingresar a la UIS, entre ellas hacer chocolates y venderlos salón por salón, creó esta fundación junto con su mamá, la Dr. Estrella.

La idea le surgió después de una fuerte crisis económica en su familia que en quinto semestre le volvió la cabeza al revés.  Como perdió Farmacología y tenía que esperar seis meses para volver a cursarla, Sergio buscó alternativas para solventarse.

Tiempo de vals

Era navidad. El Dr. Chocolate armó su pesebre como muchos para las fiestas, pero lo hizo, por supuesto, con chocolate. Organizó su catálogo y obtuvo buenas ventas, pero la posibilidad real de conseguir el dinero que necesitaba llegó cuando fue recomendado como expositor en Cenfer. Vendió 7 millones de pesos. Esa sí que fue una dulce navidad.

Sergio es bastante joven y su ánimo es contagioso. Únicamente con él hubiese bastado para animar la fiesta de Mariana. “Organizamos el auditorio de Pediatría, le hicimos un letrero gigante con un Feliz Cumpleaños y un Te Queremos”.

La fundación cuenta ya con 100 integrantes y hace 7 meses está constituida. Tiene otros tantos colaboradores más que lo contactan por Facebook y también lo acompañan otras organizaciones como Amigos de Pediatría y el Club Kiwanis, que tiene 8.000 clubes en 96 países.

María Teresa Gonzáles de Arango, la vicegobernadora de Kiwanis y Presidenta de Amigos de Pediatría, quiso apoyar al Dr. Chocolate porque cree en su trabajo y porque lleva 20 años en esto de ayudar a la gente.

Cuando por esa época, dos décadas atrás, tenía una empresa cerca de la Plaza de mercado Guarín, se encontró con algunos niños que aspiraban pegante. Quiso detenerlos pero ellos, que le hacían caso cuando querían porque la adicción es muy difícil de manejar, la pusieron en una coyuntura. Un esfuerzo alejado no serviría de nada, pensó. Lo mejor es coordinarlos. Y se unió a Kiwanis.  

El primer club de esta organización en Suramérica se abrió en Bucaramanga en 1967.

María Teresa Gonzáles de Arango es enfática al asegurar que ayudar no es darle cosas a quienes no tienen recursos. Dice que se les debe brindar posibilidades.

“Un abrazo, escucharlos, hablar con ellos, hace que la gente se sienta mucho mejor que con sólo algo material”, asegura.
El día de la fiesta de Mariana ella estuvo presente. A la niña le hicieron llegar el vestido. Seguramente para ese momento ya tendría alguna idea de lo que estaba pasando.

Unos payasos la ayudaron a vestir y la maquillaron, “mientras otra parte del grupo hacía coronitas de reina en cartón y espadas.  Se hacían perritos, flores y corazones con bombas para los invitados de la fiesta (todos los niños hospitalizados y sus papis)”, cuenta Dr. Chocolate.

A las 3:00 p.m., los payasos ingresaron habitación por habitación, invitando a cada niño y a cada papá a la fiesta. Cuando llegaron a la última (donde estaba la niña quinceañera), los invitados hicieron una  calle de honor.

Mariana estaba hermosísima. Avanzó por todo el pasillo de la mano de su mamá y de Raffi, otro doctor de la fundación, mientras los médicos, enfermeras y equipo de salud la aplaudían al pasar.

Cuando ingresó en el  auditorio se escuchó “…quince primaveras tienes que cumplir…” y bailó el vals con el Dr. Chocolate. Le dieron los regalos, partieron la torta, le entregaron el ramo de rosas blancas y luego, “¡se prendió la fiesta!”.

Los doctores que ríen

Mariana sonríe ante el recuerdo. La Dr. Estrella está a un lado, mientras conversa con la mamá de Miguel*, otro caso que atienden. La mamá del niño viene desde una zona alejada del Sur de Bolívar y al inicio del tratamiento dormía todas las noches en el piso.

La Dr. Estrella le consiguió hospedaje.  

Estrella ha trabajado con el sector de la salud en Norte de Santander durante toda su vida y ahora está aquí para apoyar a su hijo, el Dr. Chocolate. Algunas de las personas que trabajan con la Fundación no son médicos. Hacen parte de otras profesiones pero Chocolate asegura que médico es alguien que escucha, que da la mano, que da un consejo, que regala una sonrisa, un abrazo.

Dr. Chocolate entiende que no todos los finales son felices. De hecho, varios de los niños de oncología son pacientes terminales y por eso, trabajan por obtener sus últimas alegrías.

Sandra, de nueve años cuando murió, la tuvo. Sonia, la mamá, se acercó a María Teresa Gonzáles y al Dr. Chocolate porque la niña soñaba con viajar a la Costa y con el diagnóstico terminal que tenía, la mujer sólo quería una oportunidad para cumplirle a su hija.

Tras muchos obstáculos se consiguió el dinero, pero la salud de la niña empeoró y no le fue posible viajar.

Para no quedarse con las ganas, le organizaron a la niña en el cuarto una escena que semejara el mar, con papel que representaba las olas y la arena, con un paisaje gigante y con figuras del sol y las nubes. Después de todo, tanto la niña como ellos –Dr. Chocolate y María Teresa- tuvieron un motivo para sonreír.

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