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M√°tala | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-11 05:00:00

M√°tala

¬ŅQu√© color tiene la memoria? Si los recuerdos son tristes, las im√°genes deben ser opacas o grises. Recuerdo aquella noche del bar. Mi recuerdo es opaco como la luz mortecina que nos alumbraba all√≠.¬† Con mi compa√Īero G√ľesito, abandonamos el lugar en donde la ¬ďPerra Loca¬Ē nos hizo el atentado. En la calle un viento helado se llevaba a r√°fagas la llovizna. Unos faroles de luz¬† amarilla alumbraban las esquinas.
M√°tala

Nuestro silencio mutuo era de verg√ľenza y est√°bamos¬† tambi√©n¬† a punto de estallar en risotadas. Entonces, el sonido de un disparo se oy√≥ a lo lejos. Otra cerveza que se sigue fermentando, pens√©. Un proyectil dio en el calicanto de la pared llen√°ndonos los ojos de cal. Este s√≠ es de verdad, grit√≥ G√ľesito, y echamos a correr calle abajo. Ya est√°bamos¬† a las puertas de¬† nuestro Hotel, el Hotel Nueva York. Adentro los perros comenzaron a ladrar sin que nadie se aprestara a abrir. Empuje, dijo G√ľesito, ahogado¬† por la carrera.

Aqu√≠ no hay ladrones, dejan las puertas sin tranca. Sigui√≥ a su habitaci√≥n, asegur√°ndome que ma√Īana investigar√≠a el insuceso. En el¬† cuarto encend√≠ un f√≥sforo, no encontraba la cadenita del bombillo que pend√≠a del techo. ¬°Por Dios qu√© es esto! En la ampl√≠sima cama,¬† una bella mujer desparramaba su cabello negro en la almohada,¬† sus piernas morenas¬† se escapaban de las s√°banas, y con sus¬† labios carnosos chupaba su dedo pulgar. Carece de afecto, pens√©. Freud interpretaci√≥n de los sue√Īos, pagina 234.¬† El f√≥sforo quemaba mis u√Īas. A los pies de la cama, unas inmensas botas de hombre y un machete que pend√≠a de un clavo en la pared, o una espada, o una cimitarra. ¬ŅQui√©n ser√° su hombre, su marido? Mi cabeza rod√≥ por el suelo y trastabillando tropezaba con ella como en¬† un loco partido de pelota. Equivocarse de habitaci√≥n es peligroso.

Mi cabeza rodaba, y las patas del hombre se acercar√≠an para rematarme. Una inmensa¬† sombra frente a m√≠, ¬Ņel asaltante de carreteras?¬† ¬°Es un mal proceder Se√Īor Juez, introducirse en habitaci√≥n ajena!¬† Otros jueces han hecho cosas peores, le respondo. Caigo de¬† rodillas y con mis manos toco un objeto met√°lico y fr√≠o que me apunta. Un revolver ¬Ņser√° eso? ¬ŅMe disparar√° en la cabeza? No tengo cabeza. El disparo es un haz de luz que me da en medio de los ojos. S√≠, la cabeza, otra vez la cabeza, ahora est√° en el puesto entre los hombros.

Su linterna me alumbra por todo el cuerpo, estoy empapado en sangre.¬† Se√Īor Juez, usted ha bebido demasiado, se ha meado en la ropa. Re√≠, re√≠ tanto, que me corr√≠an las l√°grimas. ¬°C√°llese, despierta a los hu√©spedes!¬† No estoy muerto. Don Bonifacio, usted, el due√Īo del m√°s prestigioso hotel de Concepci√≥n, d√≠game que todo es un sue√Īo o una broma del Enano y su compa√Īero de asaltos. No s√©, pero b√°√Īese, acu√©stese y ma√Īana arreglamos esta iniquidad del poder judicial. Al entrar¬† ahora¬† s√≠¬† en mi cuarto, siento el aleteo de un ave inmensa que revolotea en la oscuridad. Solamente quedaba¬† la noche.

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