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¿Después de esto…., luego a causa de esto? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-11 05:00:00

¿Después de esto…., luego a causa de esto?

Como seres razonables que somos antes de juzgar hechos y sobre todo comportamientos de las personas, debemos hacer todo lo posible por armarnos de certeza, verdad y si es posible, evidencia. Juzgar sin ellas es irresponsable.
¿Después de esto…., luego a causa de esto?

Los tratados de filosofía distinguen tres conceptos: certeza, verdad y evidencia.

La certeza es la seguridad subjetiva en nuestros juicios. Llegar a ella es fácil, al menos para los espíritus crédulos, ingenuos o alborotados. En ella las emociones cuentan tanto como los razonamientos y argumentos. Pero, siendo subjetiva, la certeza no es criterio de verdad ya que podemos estar ciertos de cosas falsas. Aún en la historia de la ciencia, muchas afirmaciones otrora aceptadas se mostraron después no conformes con la verdad. No exagero al afirmar que la mayoría de aquello que aprendemos o aprendimos es o pueden ser falso.

La evidencia es definida por la filosofía como “un fulgor tal de la verdad que se roba o avasalla el asentimiento”. Las cosas se ven tan claras que imposible no afirmarlas o negarlas. Los hechos superan a los argumentos. No puedes negar que sale el sol en el oriente pues lo ves salir. No puedes negar que existe una pared delante de tí pues te estrellas con ella si quieres traspasarla. La evidencia es superior a la certeza. Puedes estar cierto que hace calor porque lo sientes; pero tal sensación puede ser subjetiva y no se hace evidente sino recurriendo al termómetro. Sin embargo también la evidencia puede ser falsa si mediada por la credulidad o la ingenuidad. Tú puedes captar algo como milagroso sin serlo. Puedes aceptar como evidente aquello que consideras es palabra de Dios. A la evidencia no se puede acceder por el camino de los argumentos sino de los hechos objetivamente constatados. Por eso las evidencias son de por sí escasas.

Pero el problema fundamental es el de la verdad, a la cual es muy difícil si no imposible llegar. Se define la verdad como la concordancia entre lo que se piensa o afirma y la realidad. Pero el segundo término de comparación, “la realidad”, es inasible en sí misma pues depende de las sensaciones propias, o los testimonios de otros, no carentes de subjetividad. Tenemos que contentarnos con las cosas como aparecen, pues las cosas como son superan la capacidad de nuestro entendimiento.

Para allanar este difícil camino hacia la verdad, los filósofos se han craneado entre otros dos principios evidentes e irrebatibles: de contradicción y de causalidad.

Por el principio de contradicción se acepta que algo no puede ser y no ser al mismo tiempo, o ser aquello que lo contradice: un círculo no puede ser cuadrado; un ser omnipotente no puede tener limitaciones; no se puede echar atrás el tiempo de tal manera que un hecho pasado no haya pasado (se trata de los hechos en sí mismos no de sus consecuencias).

El principio de contradicción es lógicamente útil, pero el principio de causalidad lo es más en la praxis vital. Y a él se refiere el título de este escrito que completaremos en el próximo, (continuará).

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