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Grímpolas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-16 05:00:00

Grímpolas

Grímpolas

Recordamos el mes de febrero de 1930 cuando precisamos la escogencia del Mandatario. Se venía de 40 años continuos de mandato del partido conservador, tiempo en el que las guerras civiles y la violencia en general se repetían a lo ancho y largo de la nacionalidad, con algunos cuatrienios menos agitados que otros. El partido de gobierno dividió sus fuerzas entre dos candidatos prestigiosos: el poeta Guillermo Valencia y el militar Alfredo Vásquez Cobo. Indeciso, el partido liberal propuso su candidato, el abogado e internacionalista Enrique Olaya Herrera, dentro de un convenio de Unión nacional con un grupo conservador encabezado por el notable ciudadano antioqueño y ex-presidente (1910-1914) Carlos Emilio Restrepo, movimiento que triunfó por amplio margen en las urnas.

Fue tan profunda la división conservadora, que el mismo clero de honda influencia acudió tan abiertamente que resultó dividiéndose por la falta de firmeza de su Director, monseñor Ismael Perdomo, a quien se terminó motejándolo de “monseñor perdimos”. En un momento dado cuando Vásquez Cobo tenía a su favor a los sacerdotes, el Arzobispo pidió telegráficamente que cambiaran a Vásquez por Valencia. Uno de los párrocos más intervencionistas en Santander, el padre Daniel Jordán, contestó el respectivo telegrama a su superior en los siguientes términos: “Monseñor Perdomo, Bogotá. Prefiero colgar mi sotana en un papayo antes que votar por Guillermo Valencia. Presbítero Jordán”. Si hubiera existido radio y televisión, este telegrama habría conquistado reportaje de Amad y editorial de Gosaín para poner a temblar a todos los Mockus de la época. El controvertido Padre Jordán fue director del periódico “La Defensa” y, simultáneamente, editorialista del diario “El Siglo”, del doctor Laureano Eleuterio Gómez Castro.

El doctor Olaya Herrera interrumpió la tradicional gobernabilidad del conservatismo y sin desconocer la “Unión Nacional”, adelantó plausible obra progresista. Le siguieron los liberales Alfonso López Pumarejo, la Revolución en Marcha, Eduardo Santos, la prudencia en sus columnas, de nuevo López y, finalmente, en 1946 la pérdida de las elecciones con el doctor Mariano Ospina Pérez al poder, mediante la derrota de Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, al poco tiempo el primero muerto solitario en París, a la sombra de los árboles del Parque de Luxemburgo y el segundo asesinado en Bogotá el 9 de abril de 1948. La paz de los sepulcros.

 

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