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Debates | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-17 05:00:00

Debates

Es costumbre en algunas universidades hacer concursos de debates, en donde dos equipos se enfrentan entre sí en torno a un argumento o tema. Los equipos tienen que tratar un tema de actualidad en donde puede haber dos rutas de acción. A un grupo le corresponde defender la posición -argumentar en positivo- mientras que al otro le toca atacarla- argumentar en negativo.
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Aunque una consistencia lógica, cifras objetivas y medibles así como algún grado de apelar a las emociones del auditorio son importantes en el arte de persuadir un equipo prevalecerá sobre otro si presenta un contexto superior y/o un marco del tema que sea más valioso y estratégico.

En estos debates existen unas reglas en donde las diferencias se discuten sobre argumentos y cada uno se obliga a escuchar a otro y refutar a la contraparte no solo sobre los méritos de su posición sino sobre las inconsistencias del argumento de la contraparte. Por tanto están excluidos (y resta puntos ante el jurado) indirectas, señalamientos personales, mofa, y cuestionamientos sin prueba. Se supone que la contraparte defiende algo valioso (razón por la cual tiene argumentos que lo prueban) y por lo tanto descalificar al contrario usando epítetos desobligantes muestra un debilidad que en vez de sumar puntos resta de una manera significativa. Esto se debe a que el jurado considera que si una de las partes debe acudir a este método para ganar argumentos está apelando a factores como el temor, la fuerza, la manipulación u otros similares que no constituyen una base solida sobre la cual se pueda desarrollar el tema que se defiende.

Estamos en la recta final de las elecciones presidenciales y por fortuna tenemos la oportunidad de analizar a los candidatos en este formato de debate. Así mismo se presentan opiniones de diversos calibres que contribuyen a alimentar (o algunos dirán a envenenar) las posiciones de los candidatos. Nosotros como ciudadanos estamos en un lugar privilegiado ya que somos, como en los debates universitarios, los jurados que deciden quien será el triunfador. Nos obliga entonces poner unas reglas de excelencia al debate para que no nos dejemos llevar por la emoción desmedida o por la pasión desbordada de la descalificación personal o por argumentos pobres que prometen sueños ilusorios o victorias basadas en la humillación del contrario. Hay mucho en juego, preparémonos a juzgar con sabiduría.

 

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