Eduardo Caballero Calderón | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-20 05:00:00

Eduardo Caballero Calderón

El pasado 6 de marzo se celebraron los 100 a√Īos del nacimiento de Eduardo Caballero Calder√≥n, uno de los mejores escritores colombianos del siglo XX.
Eduardo Caballero Calderón

¡Qué exquisita es su prosa! ¡Qué triste que los periodistas bogotanos, cada vez más frívolos y anodinos, encumbren a alturas inmerecidas a autores menores, mientras se hunden en el olvido cultores del idioma de la dimensión de Eduardo Caballero Calderón!

Era yo un adolescente que pasaba las vacaciones en un predio rural de propiedad de mi familia paterna entre San Gil y P√°ramo. All√≠ tuve contacto por primera vez con la literatura de Caballero Calder√≥n y qued√© embrujado con su narrativa. Tipacoque, Diario de Tipacoque, Siervo sin tierra, Ancha es Castilla, Manuel Pacho, El Cristo de espaldas, deleitaron mis vivencias entre cafetales y los viejos caminos que construyeron los bisabuelos ara√Īando las monta√Īas santandereanas.

La narrativa de Caballero Calder√≥n, sin embargo, me ten√≠a guardada la mejor de las sorpresas. A√Īos despu√©s le√≠ la que estimo es su mejor obra: Memorias Infantiles. Pocas piezas de nuestra literatura son tan tiernas y exquisitas como ella.

En una serie de cr√≥nicas, ensarta sus vivencias de infancia,¬† el universo de eterno presente que forj√≥ en torno a sus padres, abuelos y quienes laboraban con ellos. Con solaz dibuja lo que era Bogot√° entre 1910 y los a√Īos 20 del siglo pasado, cuyo epicentro estaba entre las calles 10 y 14 y las carreras primera y s√©ptima del barrio La Candelaria; las casas, familias y personajes que dieron vida a¬† esa √©poca; las costumbres y usos familiares de hace 100 a√Īos; la querencia por sus ancestros boyacenses y santandereanos; el diario transporte en tranv√≠a hasta el Gimnasio Moderno, los juegos infantiles, las excursiones en tren, la odisea que eran los viajes familiares a Tipacoque y ya all√≠, ver el ca√Ī√≥n del Chicamocha y a campesinos que como Siervo Joya trabajaban la tierra sin sosiego.

Con √©xtasis le√≠ sus libros mientras en muchas tardes sobre las lejanas monta√Īas de Mogotes se oscurec√≠a el cielo y a poco se desgajaba un aguacero acompa√Īado con truenos que sonaban cual cueros de animales templados al sol a los que se les da de palos. O bien, cuando el cielo era azul por los cuatro costados y mirando hacia arriba, por entre los anacos y tachuelos de los cafetales, o¬† a trav√©s de un potrero en el que se dibujaban las sombras de los arrayanes, pomarrosos y guayabos, mis mayores dec√≠an: ¬°Ojal√° no llueva a ver si se seca el caf√©!

Qu√© grandes compa√Īeros de ruta han sido en mi vida los libros de Eduardo Caballero Calder√≥n. Qu√© alegr√≠a siento al saber que este es su a√Īo.

 

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