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Ellas, solas¬Ö | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-25 05:00:00

Ellas, solas¬Ö

La psic√≥loga Luc√≠a Nader acaba de publicar bajo el sello editorial Norma, el libro ¬ŅPor qu√© tan sola?, que re√ļne historias cl√≠nicas de mujeres que dieron el paso para construir vidas propias. Reproducimos dos de los casos que narra la autora.
Ellas, solas¬Ö

I

Gladys intent√≥, sin saberlo, separarse de su marido durante cuarenta a√Īos y mientras lo consigui√≥, utiliz√≥ una manera bastante dram√°tica para escapar. Como no lo pudo hacer f√≠sicamente, un d√≠a se resign√≥ y decidi√≥ acabar con la vida en un suicidio lento pero seguro. Primero dej√≥ de luchar, no volvi√≥ a pelear.

Empezó de manera paulatina a desarrollar miedos y fobias. Se encerró. Más adelante, entre descarríos y males físicos, se deterioró en lo corporal y en lo psicológico hasta terminar con un diagnóstico de demencia senil que nunca progresó porque no lo era. Deprimida y sin fuerza ni energía, sometió a su yugo a quien ella percibía como su verdugo.

(¬Ö) Pero como en cualquier telenovela mexicana y aunque parezca poco veros√≠mil, un d√≠a cualquiera de esta enferma y oscura existencia, Gladys recibe la citaci√≥n de una notar√≠a. Con algunos de sus familiares m√°s cercanos, asiste forzada y ausente a la lectura del testamento de su √ļnica t√≠a abuela que, en contraposici√≥n a lo vivido por Gladys, hab√≠a hecho de su vida lo que le daba la gana, seg√ļn pod√≠a recordarla. (¬Ö) Lo m√°s sorprendente fue enterarse de que le hab√≠a dejado la totalidad de sus bienes, que consist√≠an en una buena tierra y algunos muy significativos pesos en el banco, que no iba a lograr gastar en lo que le quedaba de vida.

Saberse autosuficiente y reconocida prendió en ella un motor apagado mucho tiempo atrás. (…) Se iba para su finca y no solicitaba, ¡exigía!, no ser visitada a no ser que ella lo autorizara de manera expresa.

Un nuevo comienzo

Desde su alejamiento en su nueva casa empezó a transformarse en un ser desconocido para ella y para todo aquel que la conoció desde su sumisión. Se integró a la parroquia del pueblo y empezó a mandar al cura; se hizo amiga del alcalde y de todos los personajes importantes que estuvieron cerca de su tía.

(¬Ö) Los reconocimientos se abrieron paso y le reforzaban la sensaci√≥n no solo de ser talentosa y h√°bil, sino la conciencia de servir para algo. Empez√≥ a recordar todo: lo eficiente que fue en su vida como madre y como ama de casa; cu√°ntas veces hizo milagros con el m√≠nimo mercado que llevaba su marido, ya que hasta eso le neg√≥ (nunca le hab√≠a permitido administrar un peso de los ingresos). Recordaba el poco dinero que a veces le enviaban su t√≠a o sus hermanos; sus peque√Īos negocios de lencer√≠a con los que se ganaba centavos que le permit√≠an comprar sus cremas o cualquier adornito barato con apariencia de fino, o esos vestidos sencillos y lindos para sus hijas. No pod√≠a evitar evocar c√≥mo las descalificaciones de su marido no fueron m√°s que una forma mis√≥gina, ese odio larvado, para mantenerla sometida.

Casi acaba con ella, es cierto. Por eso, agradecía todos los días de su vida el que su tía la hubiera tenido en cuenta en su testamento. Especulaba y pensaba que su tía había sido capaz de ver en ella lo que su marido y sus hijos jamás vieron. Por eso el día que salió de su casa en Bogotá no miró atrás, no sintió tristeza, no se conmovió; a fin de cuentas, ella se liberaba y liberaba a todo el mundo de esa pesada carga en la que se había convertido.

(¬Ö) En este momento percib√≠a, cierto o no, una mezcla de sentimientos: la admiraban y la compadec√≠an. No hubo soledad, ni ausencias, ni fr√≠o, ni calores, ni vac√≠os, ni cuerpos absorbentes, era ella consigo misma. Recuper√≥ el sue√Īo y los buenos sue√Īos, cosa que no le suced√≠a los √ļltimos treinta a√Īos y aprendi√≥ a levantarse a la hora que se le daba la gana, a comer lo que quisiera y a no consumir medicamentos. Empez√≥ a recuperar la memoria de lo que quer√≠a y de lo que no; dorm√≠a a su manera, con luna o sin ella y viaj√≥ al infinito mundo de su ser como mujer.

(...) No importaban sus a√Īos, no a√Īoraba compa√Ī√≠a; ya ten√≠a no una, sino muchas personas capaces de darle amor de todo tipo.
(...) Se fue haciendo un mundo nuevo, en donde esa manera de pensar en negativo se fue transformando para convertirse en un pensamiento m√°s proactivo, capaz de realizar cosas posibles.

Su creatividad fue en aumento. Su organizaci√≥n era de un total perfeccionismo. Su proyectos laborales en esta nueva finca cada vez fueron m√°s pr√≥speros. Su casa resplandec√≠a, todo estaba puesto y decorado como ella lo deseaba. A veces, muy pocas, se despertaba sobresaltada en las noches, pensando en que todo era un sue√Īo del que iba a despertar, y sonre√≠a aliviada al ver que todo lo que ten√≠a s√≠ le pertenec√≠a.

Para muchas mujeres, perder el estatus de casada o de compa√Īera, no suele ser una ganancia. Por el contrario, se sienten desoladas cuando se enfrentan a la soledad. Sin embargo, no son pocas las que reconocen que sus noches son m√°s tranquilas.

II

Recordar duele, ese era el sentimiento, la expresi√≥n precisa cuando Estela, una atractiva mujer de 34 a√Īos, pensaba en cu√°ndo dej√≥ de ser feliz o cu√°ndo lo fue. Para ella era claro que la estabilidad de la relaci√≥n dependi√≥ de todos sus esfuerzos. En todos los momentos, ella tomaba las iniciativas, expresaba los afectos, se encargaba de buscar ayuda, rogaba y suplicaba. Cuando era amenazada con el abandono, sent√≠a una ansiedad irrefrenable y una falta de control que le imped√≠a imaginarse c√≥mo era vivir sin √©l; a√ļn hoy en d√≠a, no puede evitar evocar la imagen de superioridad y de poder ante lo que ella consideraba era amor y √©l, debilidad; pues seg√ļn ella cuanto m√°s lo quer√≠a, √©l m√°s la despreciaba.

(¬Ö) La decisi√≥n de su ruptura, a pesar de lo deseada, fue forzada por las circunstancias. Un d√≠a, por accidente, abri√≥ un paquete de correo dirigido a nombre de su esposo. Ante lo que ella llama su ¬ďcuriosidad femenina¬Ē (que no es otra cosa que una intromisi√≥n morbosa, defensiva y referencial), descubri√≥ que √©l estaba llevando de manera muy activa un proceso de divorcio en su contra. Esto la puso en estado de alerta y decidi√≥ fingir que no sab√≠a nada. Empez√≥ a seguir la pista de manera sigilosa y cauta, con una ansiedad que la copaba por completo. Reemplaz√≥ sus noches de soledad y desvelo por una actitud investigativa donde la m√°s sorprendida fue ella.

(¬Ö) Con cinismo √©l hab√≠a traspasado a sus hermanos los bienes adquiridos dentro del matrimonio y, cuando se plante√≥ la separaci√≥n, eran tantos el desgaste legal y los pleitos que Estela decidi√≥ hacer caso omiso. En un principio empez√≥ a sentir ataques de p√°nico. (¬Ö) Fueron muy pocos los momentos en que dudaba de si hab√≠a tomado la decisi√≥n correcta, o si mejor era ¬ďpedir cacao¬Ē, para ser perdonada y aceptar todas las condiciones que este hombre le impusiera. Estuvo muchas veces con el tel√©fono en la mano, quer√≠a llamarlo y reconocerle que la culpa de todo la ten√≠a ella, pero algo de la poca salud mental que a√ļn conservaba se lo impidi√≥.
(…) Y así empezó a enfrentar los días. Despejar su casa, su entorno, su clóset y el de sus hijos y empezar a poner cada cosa en su lugar le fueron dando una guía a su cerebro, a sus ideas, a sus enganches. Ya no necesitaba agredir a nadie, ni de manera pasiva imponer su estilo caótico a otro, para darle motivos a nuevas agresiones. Entendió que su inmovilidad y su saboteo permanentes no fueron más que la necesidad de salir de un hombre y de la relación con aquel que siempre fue motivo de infelicidad.

(¬Ö) Su soledad era una soledad acompa√Īada. Nada en esa relaci√≥n le produc√≠a satisfacci√≥n ni seguridad. No pod√≠a compartir sus intereses ni preocupaciones. Esa sensaci√≥n de inutilidad y de incompetencia reforzada fue desapareciendo y, poco a poco, empez√≥ a entusiasmarse. Las ideas de no ser amable para nadie, la impresi√≥n de no ser apreciada y, por el contrario, de sentirse rechazada, fueron borr√°ndose paulatinamente de su memoria y su √°nimo. Ahora estaba sola con sus hijos, pero ya no hab√≠a tristeza, ni negatividad. De hecho, sentir desamor la fue aliviando.

(...) En su caso, esta sensaci√≥n de estar sola era una ganancia, era la forma de equilibrarse de nuevo e ir recuperando la energ√≠a perdida. ¬ŅQu√© le deparaba la vida? No lo sab√≠a. S√≥lo necesitaba estar con ella misma. Ganaba como persona, ganaba como madre. No pod√≠a evitar mirar para atr√°s y reprocharse el no haberlo hecho antes.

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