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El buzo del Magdalena | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-04-25 05:00:00

El buzo del Magdalena

Javier Mart√≠nez tiene 31 a√Īos y es conocido como ¬ďCerrito¬Ē, el m√°s habilidoso buceador del Magdalena que sin ning√ļn entrenamiento, hace dos a√Īos evit√≥ que las canecas de cianuro que cayeron al r√≠o m√°s largo de Colombia se perdieran y probablemente contaminaran el agua. Pero el Magdalena es traicionero. Hace dos d√≠as, perdi√≥ todo lo que ten√≠a para pescar.
El buzo del Magdalena

Antes de meterse al agua, ¬ďCerrito¬Ē se√Īala el lugar donde perdi√≥ su canoa, su tramoya y el gancho para sostener los pescados.

-Eso fue por allá. Lo boté todo y no pude sacarlo.

Habla demasiado r√°pido. Agita las manos y los ojos se le ponen rojos. Por un momento parece que llorar√°. Sin embargo, √©l es como una monta√Īa rusa, sube y baja y en ese momento recuerda lo que vino a hacer al Magdalena a las 12 del medio d√≠a y se√Īala un lugar en el agua. Y su √°nimo sube otra vez. ¬†

-Allá al lado del remolino es más hondo porque aquí en el centro está seco.
Se refiere a uno que está a la orilla del Magdalena, el río traicionero que lo convirtió en un héroe y más tarde engulló los elementos de su trabajo.

Busca a uno de sus amigos para que lo lleve en su canoa y a otro para que le preste la atarraya y un lazo.

Quiere medir cu√°ntas varas puede sumergirse. Como no sabe exactamente a cu√°ntos cent√≠metros equivale una vara, se√Īala con los brazos. La extensi√≥n completa de uno y un poco m√°s, representa una vara.

Jamás ha medido los metros que puede sumergirse ni el tiempo. Sólo sabe que a la una de la madrugada, cuando sale a pescar, si se le enreda la tramoya dentro del Magdalena, es capaz de lanzarse con los ojos cerrados, desenredarla de donde esté y salir sano y salvo. Se enfrenta a la corriente intensa que se lo lleva todo y que hace dos días no pudo dominar.

Una vara, en realidad, equivale a 83.50 centímetros. Amarra un lado del lazo a la atarraya y se la echa al hombro desnudo.
Mide ocho metros.

Desde la orilla da unos pasitos y salta hacia la canoa que se ladea en c√°mara lenta. Su amigo rema hacia adentro y lo acerca al remolino. No es muy grande, pero el Magdalena tiene muchos trucos. ¬ďCerrito¬Ē asegura que abajo, la corriente es m√°s fuerte.

Peque√Īos curiosos que acaban de salir de la escuela se asoman a la orilla y hablan sobre ¬ďCerrito¬Ē: ¬ď√©l se puede hundir mucho; sac√≥ las canecas; amarr√≥ los carros; se lo van a llevar a la televisi√≥n; vamos, vamos¬Ē. Y se r√≠en.

El hijo mayor de ¬ďCerrito¬Ē esconde su rostro trigue√Īo entre la camisa blanca del uniforme. Desde una rueda de cemento mira a su pap√° lanzarse al r√≠o de pie. ¬†
El cronómetro empieza a correr.

El héroe de Bodega

Ocho metros en 46,8 segundos. Eso ha sido capaz de sumergirse ¬ďCerrito¬Ē. No parece impresionante, pero el sargento Pulgar√≠n dice que para hacer lo que √©l hizo se deben tener unos pulmones como pocos.

¬ďCerrito¬Ē sale del Magdalena mientras sacude la cabeza de un lado a otro. Es el personaje de Bodega Central, un corregimiento de Morales, al sur de Bol√≠var: los 2 mil habitantes siguen sus aventuras y amarguras.

En agosto de 2008 salió a pescar en la madrugada. Había llovido mucho y el Magdalena estaba crecido. En un punto vio que una línea de aceite ascendía hasta la superficie. Descendió y descubrió lo que estaba hundido: 96 canecas y varios automóviles rodaban despacito, sin rumbo, en las profundidades.
La alerta nacional fue instant√°nea.

Antes de que la Armada Nacional llegara, ¬ďCerrito¬Ē buce√≥ con apenas sus pulmones y los ojos cerrados, porque adentro no se ve nada, para buscar las carrocer√≠as de los camiones y amarrarlos de manera que no se alejaran m√°s.

El Sargento Primero Alexander Pulgarín Taborda se quedó maravillado una vez llegó con los buzos de la Armada.

Desde la Base Naval en Cartagena, Pulgar√≠n dice que ¬ďCerrito¬Ē es emprendedor y que fue fundamental en la tarea de ubicar los camiones a 12 metros de profundidad con la corriente loca de esa √©poca.

√Čl mismo, un buzo profesional, debi√≥ entrenarse en nataci√≥n, comprobar que su coraz√≥n, pulmones, o√≠dos, senos paranasales y v√≠as respiratorias estuvieran en perfecto estado y por supuesto, contar con el equipo: reguladores, tanques, chaleco, aletas, m√°scara, traje de neopreno, botas, guantes, l√°mparas y c√°maras. Y completar como m√≠nimo 100 horas de entrenamiento para bucear profesionalmente.

Por su haza√Īa, los due√Īos de las concesionarias a las que pertenec√≠an los autom√≥viles hundidos le ofrecieron un motor Jhonson y una tramoya nueva, para que su vida como pescador prosperara.

No fue verdad, nada de eso ha llegado.

El pescadito perdido

En la profundidad, el Magdalena tiene cerros de arena que obstruyen el paso, es oscuro como una noche sin estrellas, tiene huecos, la arena se hunde y hay que tener cuidado con los remolinos.

Nadar all√≠ en la madrugada es temerario. Pero los peces est√°n m√°s relajados porque no hay ruido y Javier Mart√≠nez, ¬ďCerrito¬Ē, necesita cogerlos por sorpresa. Necesita que sean muchos. ¬†¬† ¬†

Se sube de nuevo a la embarcación y es conducido hasta la orilla. Se pone la camisa de cuadros a la vez que su esposa, Sonia Isabel Matos, busca entre la arena el teléfono celular que acaba de perder.

¬ďQu√© mala racha¬Ē, dice ¬ĎCerrito¬í. Alcira, una de las vecinas, asegura que este a√Īo ha perdido mucho. Primero sus materiales de trabajo y ahora el celular. Para ¬ďCerrito¬Ē es una tragedia: se enfrent√≥ al r√≠o por unos camiones pero ahora no pudo salvar su canoa.

Afortunadamente, dice Alcira, tiene una ¬ďmujer que lo apoya y que le quiere mucho sus dos hijos¬Ē, los que tuvo con su primera esposa, Mariluz Romero.
Mariluz llevaba un a√Īo de fallecida cuando se cayeron las canecas.

¬ďDe repente le empez√≥ a doler el brazo y se empez√≥ a hinchar. El seguro nos cubri√≥ que la llevaran a Gamarra y de all√° a Cartagena¬Ē, cuenta ¬ďCerrito¬Ē. Est√° sentado en la rueda de cemento, cerca de su hijo y de Alcira, que huyen del sol.

En Gamarra nada pudieron hacer por Mariluz y la remitieron a Cartagena. ¬ďUn d√≠a ¬ďCerrito¬Ē llam√≥ y dijo: Mariluz se muri√≥¬Ē, recuerda Alcira.
Mariluz fue su primera mujer, la que se trajo con su experiencia a este ¬ďpescadito¬Ē y le mostr√≥ c√≥mo era vivir en Bodega Central, atestada en ese momento de paramilitares.¬†¬† ¬†

Adolorido, no quiso quedarse en Bodega y regres√≥ con sus dos hijos Javier y Edilse Mar√≠a, a El Cerrito, donde naci√≥. All√° est√° la abuela y dos de sus hermanos. Su mam√° est√° en Tolima. No la ve desde hace 9 a√Īos.

Pero no estuvo contento, el Magdalena que rodea a Bodega lo llamaba. Se instaló en la casa donde había vivido y pronto la vida se le enredó como a veces la atarraya en el río.

Deb√≠a salir a pescar, volver, alistar a los ni√Īos, regresar a pescar, buscarlos a la salida del colegio, dejarlos con las tareas y regresar a cortar ma√≠z en las fincas aleda√Īas.

Sonia trabajaba con la profesora de Bodega cuando se acerc√≥ a ¬ďCerrito¬Ē.

Ya había oído hablar de él, como todos en el corregimiento. Su tragedia los había conmovido y ahora los enorgullecía su heroísmo. Estaba reciente el tema del cianuro y las personalidades políticas los visitaban con frecuencia, les ofrecían ambulancias y pavimentarles las calles que siempre están llenas de barro.

¬ďAhora qui√©n sabe qu√© pas√≥. No s√© que hicieron con esa plata¬Ē, asegura Cornelio, el comerciante del pescado en Bodega.

El Departamento de Planeaci√≥n Nacional inform√≥ el 24 de marzo del a√Īo pasado que el municipio de Morales ser√≠a beneficiario de un giro por 156 millones de pesos para la reparaci√≥n y reconformaci√≥n del dique existente entre Las Pailas y Bodega Central.

En una esquina de Bodega habita sola una m√°quina para, dicen los pobladores, construir un dique que mejore la navegabilidad.

¬ďA Cerrito tambi√©n le prometieron cosas y nunca se las cumplieron¬Ē, asegura Diego, que le presta la atarraya por estos d√≠as.

Corriente traicionera

Tras esquivar unos cuantos hundimientos del terreno, de camino a su casa se oye la voz de Galy Galiano porque a Sonia Isabel le gusta m√°s la m√ļsica rom√°ntica.

¬ďA mi tambi√©n me gusta¬Ē, dice ¬ďCerrito¬Ē. Por eso no quiere vender el equipo de sonido y le hace fuerza al Dvd, pero nadie lo quiere comprar.
¬ďMe toca alquilar la canoa. Pesque o no pesque son 2 mil pesos diarios¬Ē.

Hace dos d√≠as, ¬ďCerrito¬Ē sali√≥ bien temprano a pescar. Pas√≥ cerca de un remolino. El Magdalena le dio la vuelta, lo lanz√≥ al mar y le hundi√≥ la canoa junto con la atarraya y la ganz√ļa para sostener los pescados.

Se sumergi√≥ en su b√ļsqueda pero la corriente estaba intensa y la atarraya, amarrada a la canoa, se peg√≥ a un pedazo grande de madera. Con los ojos cerrados intuy√≥.

Camin√≥ por el fondo y pis√≥ una monta√Īita de arena. Aguant√≥ lo que pudo pero tuvo que salir. Se sumergi√≥ de nuevo y sinti√≥ la atarraya de repente cerca de sus manos, la estir√≥, pero un hueco lo desnivel√≥ y para siempre, la canoa se perdi√≥ en lo desconocido, en lo profundo del r√≠o.

El Magdalena lo escupi√≥ entonces y como un ni√Īo, regres√≥ a su casa para llorar.

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