La indigencia en las calles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-09-05 00:24:50

La indigencia en las calles

Hace unas semanas alguien propuso en el Congreso un proyecto para prohibir dar limosna en los sem√°foros como instrumento para atacar la indigencia en Colombia.
La indigencia en las calles

El problema de los menesterosos en las calles no se arregla con prohibiciones, sino con mentalidad de atenci√≥n a un fen√≥meno social que es propio de todas las ciudades, pero que en unas, muy pocas desgraciadamente, s√≠ ha habido autoridad que se haya adentrado en el tema y en el an√°lisis de las m√ļltiples facetas que presenta y han estado en capacidad de dise√Īar instrumentos efectivos para afrontar su soluci√≥n.

Las causas de la indigencia son muchas: pobreza extrema, abandono de menores, drogadicción, esquema de vida y hasta aprovechamiento indebido de avivatos como forma fácil para obtener recursos.

Por una información de prensa de estos días, nos enteramos de que las ciudades ni siquiera tienen el censo de los indigentes y que apenas Bogotá dará a conocer la cifra en las próximas semanas.

Realmente hay que comenzar por ahí, por saber cuántos son para después analizar el cuadro que cada uno de ellos presenta para que se pueda atacar el problema con una asistencia que permita la rehabilitación de esas personas a quienes el destino ha arrojado a las calles a implorar la caridad para poder sobrevivir.

El Estado puede apoyar y dise√Īar programas propios, pero a su vez se puede valer de entidades particulares que hoy en d√≠a tratan de asistir a ciertos grupos de personas, desde luego con la limitaci√≥n de los recursos disponibles, pero que al haber sido exitoso en una labor espec√≠fica, podr√≠an ampliar su c√≠rculo de acci√≥n de manera efectiva.

No podemos olvidar que uno de los deberes propios del Estado Social de Derecho, as√≠ llamado en nuestra Constituci√≥n, es precisamente el de la asistencia a los m√°s d√©biles, que en este caso se debe traducir en auxilio alimentario, albergue, ayuda sicol√≥gica y sociol√≥gica y en brindar oportunidades de desarrollo laboral a todo aquel que demuestre una habilidad para desempe√Īar un oficio.

Los desarraigados en las ciudades crecen porque casi nadie se ocupa de ellos: El Estado los ve como un problema inabordable y la sociedad como una verg√ľenza social a la cual no quieren aproximarse en ninguna forma, o apenas con una limosna para tratar de proteger su conciencia. No es posible entender de que se trata de gente que requiere de una ayuda efectiva, de una orientaci√≥n y en muchos casos de una asistencia real en sus posibilidades para poder encontrar una opci√≥n de vida.

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