¬ĎLa Cuarta¬í que nos queda | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-09 05:00:00

¬ĎLa Cuarta¬í que nos queda

La famosa ¬ĎCuarta¬í, la calle lujuriosa de Bucaramanga que tuvo su auge en los a√Īos 70, la llamada Zona de Tolerancia que naci√≥ y muri√≥ en medio de los barrios Chapinero y Comuneros, hace mucho que dej√≥ de ser lo que era. Sin embargo, hoy muestra una gran cicatriz: las casas donde a diario se re√ļnen cientos de adictos al basuco se confunden con viviendas familiares y chatarrer√≠as. Cr√≥nica sobre su pasado y presente.
¬ĎLa Cuarta¬í que nos queda

¬ĎLa Turra¬í llega puntual a la cita. Son las 10 de la ma√Īana y confiesa que hace a√Īos no va a ¬ĎLa Cuarta¬í. En la √©poca ¬Ďdorada¬í de la calle, cuando los bumangueses la conoc√≠an como la Zona de Tolerancia, trabaj√≥ all√≠ como prostituta. Y sonr√≠e por culpa de los recuerdos. Hay unos muy n√≠tidos. 1979. ¬ďEra el parche m√≠o¬Ē. Viv√≠a en el centro de la ciudad pero se ama√Īaba m√°s en ¬ĎLa Cuarta¬í. Trabajaba en un negocio que llamaban La Casa de Tabla y luego en El Carrusel. ¬ďMe tomaba mis cervezas, cuadraba a mis clientes y me drogaba¬Ē.

Esta mujer, que no hace mucho salió de la cárcel donde pagó una condena por venta de alucinógenos, advierte que aunque sea difícil de creer, la delincuencia no siempre reinó en el lugar. Fue llegando poco a poco hasta que muchos en la ciudad, además de calificar el sector como populoso, lo empezaron a definir como deprimido y abandonado. Atracaban y los viciosos producían miedo.

A veces ¬ĎLa Turra¬í se quedaba a dormir en los mismos negocios con su grupo de amigas de la calle. Y aunque no trabajaba para uno en particular, si estaba con suerte la dejaban dormir en las piezas que siempre sobraban al fondo de esas enormes casonas del barrio Chapinero. ¬ďPero ah√≠ tambi√©n siempre vivi√≥ mucha gente sana. Lo que pasa es que muchos de los j√≥venes que all√≠ nacieron se da√Īaron¬Ē, dice esta mujer de 49 a√Īos.

En los 80, las prostitutas tambi√©n empezaron a sentir miedo por las masacres que protagonizaron los temidos escuadrones de la muerte. ¬ĎLa Turra¬í recuerda que a una de esas casas dedicadas al negocio de la prostituci√≥n, la Mano Negra arroj√≥ una granada que mat√≥ a una familia entera. S√≥lo sobrevivieron dos hermanos. ¬ďAcabaron con el pap√°, con una amiga m√≠a, con dos sobrinos y hasta con una perrita que se llamaba Katy¬Ē. La memoria no le alcanza para las fechas pero dice que tambi√©n mataron a muchas travestis. Los vecinos intentaron con insistencia que se fueran. Recogieron firmas. Estaban desesperados porque en los 80, nadie que no fuera de la zona pod√≠a atravesarla caminando, sin que lo robaran.
¬ĎLa Turra¬í repite que hace mucho no va a ¬ĎLa Cuarta¬í, pero tiene amigas que trabajan en el centro y le cuentan lo que muchos repiten: La cuarta ya no es ¬ĎLa Cuarta¬í.

La cicatriz

En toda la carrera 15 con calle cuarta s√≥lo se ven bodegas, cacharrer√≠as y viejas casonas, al parecer, abandonadas. A las 12 del d√≠a la calle est√° desolada y son muy pocos los que se arriesgan a caminar por el lugar. Una mujer va de un lado a otro, sola. ¬ĎLa Turra¬í parece conocerla y la saluda. Es joven, hace un esfuerzo por hablar y le pide una moneda. Un poco m√°s arriba, frente a una casa en ruinas, unos cuantos habitantes de calle empiezan a mirar a los desconocidos. Yo soy una desconocida.

¬ĎLa Turra¬í me hace se√Īas para que contin√ļe subiendo y les explica que soy una periodista. ¬ďUna periodista amiga¬Ē. Por suerte, el que parece ser el encargado del lugar, el due√Īo del negocio, es¬† tambi√©n un viejo conocido de ¬ĎLa Turra¬í que se apresura a decir que ¬ďellos s√≥lo buscan d√≥nde meter la cabeza¬Ē. Se refiere a los indigentes que entran y salen de la casa. El lugar es una de las conocidas ¬ďcasas del humo¬Ē, donde los adictos al basuco, entre otros alucin√≥genos, compran y consumen a sus anchas.

La noche anterior la Polic√≠a entr√≥ al lugar, tumb√≥ la puerta, los sac√≥ a la calle y ahora, meten los restos de los escombros en sacos para acomodarlos como si se tratara de una trinchera. En medio de un pasillo oscuro s√≥lo se alcanzan a ver las siluetas de los cuerpos. El olor de la marihuana se mezcla con el ¬Ďdulce¬í del basuco.

¬ŅCu√°ntos habr√°?, pregunta otro desconocido. M√°s de 100, responde ¬ĎLa Turra¬í.

Su amigo tiene 51 a√Īos y naci√≥ en el barrio Chapinero. Cuando le pregunto sobre ¬ĎLa Cuarta¬í, sobre la verdadera Cuarta, dice que la recuerda de ni√Īo porque le gustaba pararse en toda la carrera 15 y mirar hacia arriba. ¬ďEso parec√≠a un pesebre pero real, por las luces que pon√≠an en los avisos de los prost√≠bulos. Era divino, divino, una hermosura de calle, todas estas casas que usted ve selladas o abandonadas, todas eran prost√≠bulos. Y en las noches se llenaba de gente, eso era como una procesi√≥n¬Ē.

Pero ¬ĎLa Cuarta¬í se gan√≥ su prestigio no s√≥lo a punta de prost√≠bulos. Hab√≠a restaurantes populares y bares donde se bailaba la mejor salsa, que eran visitados por los bumangueses de todos los estratos sociales. Incluso las calles se llenaban de¬† carros lujosos.

El hombre dice que la zona se volvi√≥ insegura por culpa del gent√≠o. Entonces mira a los que le ofrecen monedas por droga y trata de justificar la situaci√≥n. Dice que ¬ďellos¬Ē no tienen familia, que no encuentran d√≥nde vivir y por eso se refugian en esa casa. ¬ďAhora no se ven las ri√Īas, los heridos y los muertos de antes. Ellos saben que si comienzan las ri√Īas los van a sacar del barrio. Adem√°s, mire la calle, ya no hay ni un solo prost√≠bulo¬Ē, dice.

Un poco m√°s arriba, casi llegando a la carrera 17, un hombre se mese en la entrada de una casa. Est√° a punto de quedarse dormido. El lugar tambi√©n fue un prost√≠bulo, uno de los m√°s famosos, seg√ļn ¬ĎLa Turra¬í. Pero el hombre dice no saber nada al respecto. Informa que paga un arriendo de $130 mil por su habitaci√≥n y que la casa no se vende.

La advertencia tiene un origen. Es por el proyecto de vivienda ¬ďParque Comunero¬Ē que la Administraci√≥n Municipal acaba de anunciar y que se construir√° en el barrio Chapinero entre la calle 4 y 7 con carreras 15 a 17.

Los propietarios se resisten a las 3.600 soluciones de vivienda, a los 15 edificios de 20 pisos y a los 43 metros cuadrados que tendr√° cada apartamento. ¬ďYo amo a mi casa¬Ē, se lee en las paredes.

Los vecinos

¬ďEso no nos pertenece. Eso no es de nosotros¬Ē, fue la respuesta tajante de uno de los habitantes del sector al referirse a ¬ĎLa Cuarta¬í.

Por tel√©fono me dijo que era mejor que llegara al sector en taxi, para evitar un robo. Y as√≠ lo hicimos. El taxi pas√≥ despacio mientras el hombre, que prefiri√≥ omitir su nombre, se√Īalaba nuevamente las casas donde funcionaron los famosos prost√≠bulos y que ¬ĎLa Turra¬í me hab√≠a se√Īalado en la ma√Īana.

Su historia la cuenta desde la otra orilla. Como muchos en el barrio Chapinero, √©l fue una v√≠ctima de la Zona de Tolerancia. Su familia lleg√≥ al barrio en los a√Īos 60 y al poco tiempo montaron un supermercado que se volvi√≥ famoso, el m√°s grande. Dice que despu√©s de la calle cuarta hab√≠a s√≥lo monte, que no estaban los actuales talleres y que las aguas negras corr√≠an por la mitad de la v√≠a. Eran muy pocos los prost√≠bulos en el sector. ¬ďPero en los 70 todo cambi√≥ cuando trasladaron la Zona de Tolerancia que quedaba en la calle 61 al barrio Chapinero¬Ē, dice.

Y pasaron los a√Īos. La fiesta se tom√≥ la calle, pero la delincuencia la acab√≥ y ya en los 80, los vecinos, unidos, empezaron a reaccionar. La zona se llen√≥ de travestis y las bandas delincuenciales llegaron a disputarse el territorio por la venta de marihuana, coca√≠na y basuco.

Se hicieron acuerdos. Las prostitutas no pod√≠an hacer esc√°ndalos en la calle y tampoco salir exhibiendo sus cuerpos. Incluso se conform√≥ una polic√≠a c√≠vica que se desplazaba en carros particulares. Quer√≠an erradicar la Zona de Tolerancia, alejar los disparos, parar los homicidios y fueron tantas las denuncias de los vecinos que poco a poco las autoridades cerraron cerca de 45 bares. ¬ďEn el 97 era tan peligroso el sector por la lucha entre pandillas, que si no robaban en la calle, robaban en los bares o se mataban entre ellos¬Ē.

Muchos vecinos se fueron, pero muchos tambi√©n siguieron resistiendo los embates de la violencia, porque los prost√≠bulos dejaron un mal hijo, la cicatriz: las ¬Ďcasas del humo¬í. Incluso, la ciudad aisl√≥ al sector cuando las rutas de buses que lo atravesaban, dejaron de pasar y hasta los colegios p√ļblicos los fueron cerrando. Hoy s√≥lo queda la Escuela Bucaramanga.

A estas alturas, los vecinos, que se niegan a salir del barrio para dar paso al proyecto de vivienda ¬ĎParque Comunero¬í, y que han marcado sus fachadas con un letrero que dice ¬ďesta casa no se vende¬Ē, s√≥lo saben, por experiencia, que el karma de ¬ĎLa Cuarta¬í no se borrar√° porque construyan unos cuantos edificios.

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