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Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-18 05:00:00

Palabras Inútiles

El célebre inicio y principio rector de la novela de Franz Kafka El proceso dice: “Alguien debió de haber calumniado a Josef K., puesto que, sin haber hecho nada malo, fueron a arrestarlo una mañana.”
Palabras Inútiles

La premonición kafkiana raya en la profecía, pues la destrucción sistemática de la individualidad, hasta convertirnos en cosas iguales, ha sido el signo distintivo de la vida social contemporánea, y es lo que han heredado las democracias victoriosas de los totalitarismos. Siempre ha existido la calumnia, la mentira y la infamia, pero sus proporciones industriales y masivas, son típicas de nuestra época, en particular de la política. En el desmemoriado país del Sagrado Corazón, nos lo hacen olvidar con más frecuencia que en otras repúblicas, como lo muestran los resultados entre una encuesta y otra: la memoria no cuenta. Y hacia el final de la odisea, en la que K. quiso saber de qué lo acusaban, encuentra un trágico consuelo en la conversación con el sacerdote en la catedral: “No –dijo el sacerdote-, no hay que creer que todo sea verdad; hay que creer que todo es necesario. Una opinión desoladora –dijo K.-; la mentira se convierte en el orden universal.” Y K. sucumbe.

Primero quisieron exigir al candidato Mockus el don de la infalibilidad, luego fue sometido a implacable Auto de Fe mediático –digno del siglo XVII, y en el que el pobre sacrílego del siglo XXI ya estaba condenado de ante mano, pues un supuesto hereje no puede regir los destinos de nuestra sacra república, que se auto proclama laica en el texto constitucional. La ciudadanía tiene el sagrado derecho a exigir que en los asuntos públicos, la religión, que tantas catástrofes criminales ha causado a la humanidad, se mantenga en la esfera privada de los creyentes. Es inaudito e inadmisible que la intolerancia religiosa volviera a sacudir nuestra violenta historia republicana. Ahora tenemos al falso psiquiatra Montaner –para alegrar más la campaña- diciendo que es histrión y no podría gobernar; así es la picaresca.

Post scriptum. Siento en el alma el dolor de José Saramago, Premio Nobel de Literatura: “Las lágrimas del juez Garzón son hoy mis lágrimas”. Una cosa es el perdón del Estado y otra la desmemoria histórica.

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