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Del Ipiranga a Bucaramanga | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-22 05:00:00

Del Ipiranga a Bucaramanga

Vítor Kawakami, poeta y escritor de figura enjuta y quijotesca, llama la atención con su poema ‘La muerte del comendador de almas’: Antonio Crispim Viríssimo, un mineiro africano que cantaba “vissungos”, las historias de sus ancestros en lengua bantú. Crispim tenía una memoria formidable hasta cuando murió en la pobreza, rodeado de la riqueza material de visitantes intelectuales.
Del Ipiranga a Bucaramanga

De las riberas del Ipiranga llegó Vítor a Milho Verde, un afamado pueblecito en el estado de Minas Gerais, a donde también llegó Dios “a descansar de construir la deconstrucción más perfecta”.

Enamorado de la naturaleza de Milho Verde, se topó con una belleza colombiana, Esther Peña, una linda palmireña radicada en Brasil desde muy temprana juventud, y que ahora habla un hermoso “portuñol”, que ha cambiado el “oís” propio de los cañaduzales vallunos por el “oi” típico de la conversa brasileña.

Kawakami ya había recorrido todo el Brasil y el Cono Sur, pero le faltaba conocer las tierras arriba de Cuzco y Arequipa, y encontró en Esther la excusa perfecta para visitar Colombia. El periplo inició en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, para seguir en el “tren de la muerte” por el extenso Mato Grosso del Sur hasta la planicie boliviana. Subieron luego, mochila al hombro, a la cúspide en donde el lago Titicaca juguetea con el sol, y de ahí hacia Bucaramanga.

El portugués brasileño

Es una lengua que invita al diálogo, y eso explica la armonía entre tantos seres humanos que comparten ese inmenso tapiz verde-amarillo y en donde se sobrelleva una enorme desigualdad social. Son millones de personas que supieron soportar con estoicismo la carga de una dictadura de veinte años que, con la ayuda romántica de su lengua, hizo que casi fuese una “dictablanda”, al compararla con las otras de habla española que pululaban en el Cono Sur.

Se dice que la tortura fue el arma predilecta de los usurpadores en esos años aciagos (1964-1984) para evitar quizás el diálogo, porque con la tersura de ese idioma tan bello  sería posible que los poetas los vencieran.

Kawakami nació exactamente en la mitad de la dictadura, en 1974, cuando ya poetas y cantores como Chico Buarque, Caetano Veloso, María Bethânia y Geraldo Valdré minaban al obeso chafarote, cantándole: “… De puro gorda, la marrana ya no anda; y de tanto usar el cuchillo, ya no corta…”.

El hecho de haber sido parido en medio de semejante estropicio hace que la rebeldía lírica de Kawakami aflore en el libro ‘Bem-me-queres malmequeres’, cuyos poemas, según su editor, Euler Rugno, “son el resultado de la más ingenua confianza en el poder de escribir bajo inspiración, y es por eso generadora de imágenes «démodés», «old «style», antiguas”. Por ejemplo, el bello poema ‘De pensar murió un burro’ remata en esos “senos que tapan el corazón desocupado”. En otra obra virtual, ‘Poesía salvaje’, publica ‘El eterno presente en blanco y negro’, y ahí encontramos ‘La historia suramericana es trágica’, dedicada a los colombianos.


Minas Gerais y Santander

Kawakami encuentra semejanzas entre Santander y Minas Gerais en lo verde de sus paisajes, y se agrega a ello una similitud más extensiva con el Brasil entero por la proliferación de apellidos portugueses en nuestras tierras: Almeida, Barbosa, Ferreira, Meneses, Pinto, Santos, Serpa, Silva; las minas de oro de Vetas y California, el verde-amarillo del escudo del Atlético Bucaramanga, el cerro de Pan de Azúcar, en Terrazas,  homónimo de ese morro carioca muy reconocido en todo el mundo; y Morrorrico, ese Corcovado chiquito en donde se alza imponente el Cristo Redentor;  y las tanajuras, esas hormigas culonas que deleitan los paladares de las zonas áridas del nordeste brasileño.

Parafraseando al mexicano Benito Juárez, Benemérito de las Américas, podría decirse: “Tan lejos de Brasil y tan cerca de los Estados Unidos”, para abogar por la masificación del aprendizaje de este hermoso idioma y acercarnos más a nuestros vecinos, con quienes solo nos entendemos por medio de la redondez de una pelota de fútbol.

Aprovechemos a Vítor Kawakami  que ha decidido quedarse entre nosotros por un rato,  mientras siembra acá la semilla del “milho” verde de su poesía mágica.

caja biográfica

Vítor Kawakami

•    Nació en 1974 en Araraquara, estado de São Paulo. Dirigió el cortometraje ‘Cabeza de hielo’, un filme experimental lanzado en 2003. Como escritor publicó en 2004 ‘Sin ruta, tristes periplos’, un diario de viaje por la Sierra do Cipó,  y el libro de poemas ‘Bem-me-queres, malmequeres’. Organizó ‘Sempre Viva, boletín poético’, un periódico que divulga la poesía en el Valle del Jequitinhonha (Minas Gerais). Actualmente se desempeña como profesor de portugués en la Universidad Industrial de Santander, y los sábados por la tarde coordina en la Biblioteca Gabriel Turbay un ciclo del cine brasileño.

 

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