La gran mascarada | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-22 05:00:00

La gran mascarada

Hace  ocho días escribió Martha Lucía Florez –con  la autoridad moral que la caracteriza y en este mismo espacio- un artículo titulado  “Los enmascarados”, en el que comenzó por anotar que algunos utilizan estrategias desesperadas para ganar votos. Hay quienes dicen que no son algunos, sino uno en especial. Y yo diría que el uso de las máscaras no se ha limitado a las campañas electorales, pues durante estos últimos quinquenios se ha extendido a casi toda la administración pública.  La mentira, la farsa, las verdades a medias,  el engaño, las promesas incumplidas, son una mascarada cotidiana de la mayoría de los funcionarios.
La gran mascarada

Pero mas grave aún es que tan nefasta situación ya no escandaliza, ni siquiera inmuta, a muchos colombianos: el ¿36%?, ¿el 38%, o más?  Deteniéndonos a reflexionar, a analizar, sobre lo que implican el engaño y la manipulación ciudadana por parte de   autoridades y políticos, concluiremos en  que mucho más destructora que la acción de asaltar el erario, es la deshonestidad mental de los corruptos. Y, por supuesto, no  menos destructora es la ignorancia de quienes no tienen acceso a la educación ni capacidad para no “tragar entero”.  Ni lo es menos la pasividad de quienes no reaccionamos ante la injusticia, la mentira, la trampa y tantas máscaras de quienes fingen y fungen de salvadores.

El voto popular como derecho que es, y máximo mecanismo de participación ciudadana, debe utilizarse plenamente en las pocas ocasiones que se nos presentan para ello. Pero su utilización ha de precederse de esa esquiva capacidad de reflexionar; y, además, debe conducirnos a reaccionar a favor de quienes hayan demostrado su entereza ética, su honestidad mental, su coherencia ideológica, su rectitud y sus propósitos de colocar el bien común por encima de los intereses particulares.  Esa reacción, simultáneamente, ha de ser de rechazo rotundo a la corrupción, a las máscaras y a la falsedad.   Una máscara, un disfraz, no se diferencia de un falso positivo.

¿De quienes debemos rechazar sus máscaras y falsedades?  Simple: de aquellos cuyos programas no son propios, aquellos que recurren a disfrazarse y a lo que a otros(s) le(s) generó buena imagen, pues de otra forma no podrían conseguir votos; y no pueden desnudar ni su alma, ya que ni siquiera se sienten seguros de sí mismos.   Estos aspiran a que el 80% de los colombianos continúen anestesiados o hipnotizados; ¿cómo podríamos confiar en ellos?  ¿Quiénes no se disfrazan ni son falsos?  No es difícil distinguirlos, pues para ello sólo necesitamos algo de discernimiento y análisis.  Ellos se presentan como son y tienen propuestas propias, no prestadas.

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