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Larga vida a la Guabina | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-23 05:00:00

Larga vida a la Guabina

Esta semana se estrenó en la televisión regional el documental “Con la Guabina por Delante”, una propuesta santandereana ganadora de la convocatoria Doctv Colombia, creada por la Comisión Nacional de Televisión.
Larga vida a la Guabina

Sólo siete horas separan a Bucaramanga del municipio de Bolívar, y aún no es claro cuánto tiempo divide a las nuevas generaciones de uno de los aires musicales con mayor tradición en Santander, la Guabina.

Bolívar, al sur del departamento, guarda en cada esquina de sus menos de siete calles, un legado campesino que sólo se traduce en acordes e identidad cultural.

Representa a la música andina colombiana, lo que el municipio de San Basilio de Palenque simboliza para la música del Pacífico. Por lo menos, así lo cree Frank Rodríguez, un documentalista santandereano que decidió inmortalizar en una película, una de las tonadas que más identifican a Santander.

En su trabajo audiovisual de 52 minutos, “Con la Guabina por Delante”, Rodríguez recoge más que música, símbolos regionales.

El escenario

Los días en Bolívar son adornados por un cielo que parece tan inmenso y tan profundo como la pasión que sus habitantes le imprimen a cada tonada de Guabina.

Allí las familias de tradición se identifican no sólo por el apellido sino por tener un timbre de voz especial, que da pie para que sin titubear al escucharlo, cada quien pueda decir al son de esa tonada, “ahí viene la familia González, Rivera o Ariza”.  

La tradición y la fotografía que permite ese bello cielo, sumado al verde y tranquilo aire que se desprende de las montañas que rodean a Bolívar, fueron atractivos para Frank Rodríguez, quien decidió empezar a contar sobre la Guabina, describiendo en imágenes el municipio cuna de este son.

Bajo la luz del rock

La Guabina es un canto melancólico de las montañas de la Cordillera Oriental que narra lo que pasa en la siembra. Sus notas lloran la muerte de un amigo y con sátira o humor sus letras cuentan otros sucesos de la vida diaria de los campesinos de la Provincia de Vélez.

Dice Rodríguez que era una manera de comunicarse, pero que debido a las pocas oportunidades de empleo en el campo, se fue transformando hasta convertirse en la música para la fiesta del pueblo, para los grandes festivales folclóricos y para “mamar gallo” con los vecinos cuando no hay nada más que hacer.

“Con la Guabina por Delante” cuenta esa transformación a través de la ruta que hace Pedro José Linares por el pueblo de Bolívar.

El protagonista principal del documental es un joven sui géneris amante de las melodías de grupos como AC/DC o Pink Floyd, pero a quien también le gusta la música tradicional que con su requinto interpreta Jorge Ariza y el humor carranguero de Jorge Velosa.

A él, la vida le ha dado 27 años de música,  piel trigueña, cejas muy pobladas y una barba a medio crecer. Pedro José se caracteriza por su chaqueta de cuero, camisa, pantalón y botas negras, propias de un fiel seguidor del rock pesado.

Es profesor de música del colegio principal del pueblo y llegó a Bolívar gracias a sus raíces, pues gran parte de su familia nació allí.

Sus guantes negros, adornados con taches brillantes, contrastan con las coloridas faldas de doña Flor Rivera, otra de las protagonistas del documental. Ella, de tez blanca y una mirada cautivadora que infunde ternura y respeto, recuerda a sus 83 años que desde que tiene uso de razón canta guabinas junto al grupo que conformó con sus dos hermanas, Oda Linda y Ester Rivera, y su hermano menor, Cipriano.  

El recorrido que hacen estos personajes es también por los andares de la tradición folclórica de este municipio, descubriendo personajes maravillosos en cada rincón, que recuerdan a los espectadores de este documental, las raíces campesinas y tradicionales que tiene la región. Así se evoca un pasado que para muchos hoy está más vivo que nunca en cada acorde o canto que logra imprimirse en algún disco de música popular.

La fiesta de cada esquina

Antes del rodaje del documental, los investigadores del mismo, Juan Crisanto García y Frank Rodríguez, se preguntaban por el futuro de la Guabina y creían perdida una tradición que con mayores motivos debía ser registrada. Pero para bien de la música, encontraron niños desde los 12 años en las esquinas de Bolívar con un tiple o requinto en mano, así como a Pedro Linares, ganador del reciente Festival de Tiple Pedro Nel Martínez en la modalidad de composición original, con su grupo de estudiantes.

En ellos se evidenciaba el porvenir de la tradición guabinera, una música que, según manifiestan los realizadores, une generaciones pues el documental muestra cómo a través de las letras e interpretación de los instrumentos, en un mismo escenario convergen niños, adolescentes, adultos y ancianos.

Por eso, también son conscientes de que los productores audiovisuales necesitan más espacios para dar a conocer esas raíces y que es evidente que los diferentes públicos se muestran interesados en los contenidos regionales.

Así lo pudieron evidenciar en el alto número de visitas y comentarios que reciben a diario en las redes sociales donde promueven su trabajo documental. Como dicen ellos, “aportando un grano de arena a la identificación de todo lo que somos”.

“Con la Guabina por Delante”, además de rodar por todos los canales regionales durante los dos próximos meses, busca ser expuesto en la televisión pública de diferentes países de Latinoamérica, para los cuales los productores ya tienen avanzados algunos trámites y  negociaciones.

Representando a Santander

Este documental es uno de los ganadores de la convocatoria Doctv Colombia, creada por la Comisión Nacional de Televisión, con el fin de  realizar documentales que identifiquen las regiones de Colombia.

De 152 propuestas presentadas tan sólo nueve fueron seleccionadas, entre ellas la del director Frank Rodríguez y su productor John Chaparro.
Este último manifiesta que es un orgullo, puesto que fue la única seleccionada por Santander, y añade que la iniciativa partió de la realización de diversos viajes a festivales de música folclórica, específicamente de Torbellino y Guabina en Vélez.
Allí conocieron a diferentes grupos y es a ellos a quienes les extienden la invitación para conocerlos en la cotidianidad de sus respectivos municipios y veredas.     
Para la realización del documental fueron necesarios 12 meses de arduo trabajo, contemplando en este tiempo el proceso de investigación, pre-producción, rodaje y post producción.  

Dice Chaparro que el documental, por tratarse de un trabajo guiado hacia lo cinematográfico, requirió antes del rodaje familiarizar a los actores con los equipos de cámaras y sonido, en un trabajo que se conoce como cámara inglesa, que consiste en llevar al sitio una cámara cualquiera de gran tamaño y empezar a grabar en falso.  

Este proceso fue vital dentro de la producción para capturar con mayor naturalidad los espacios de los personajes en un rodaje real que duró 10 días.  
Para su realización fue necesaria la inversión de $66 millones, de los cuales $50 millones fueron estimulo de Doctv, y los $16 millones restantes, fueron aportados por entidades del sector privado.

Esto les permitió a los realizadores contar con etapas bien definidas de desarrollo y pre–producción y al tiempo grabar en el formato de mayor calidad para televisión (el HD 720 que cumple altos estándares internacionales).  

Además de contar con equipos de última tecnología para la captura de imagen, en la dirección de sonido estuvo José Roberto Jaramillo, sonidista de National Geographic, People and Arts y de producciones como ‘Tiempo Final’ y películas como ‘Al final del Espectro’.  

Dentro de la tecnología para el rodaje de este documental, los realizadores destacan también la posibilidad de contar con un amplio equipo de iluminación que les permitió, respetando los escenarios naturales, pintarlos con una luz especial, que hizo más cálido el producto final.  

Así mismo, como la narrativa del documental contemplaba contar la historia a través de una ruta, fue necesario grabar con soportes de cámara como el steadycam, que permitió a los personajes acompañarlos de mejor manera por sus recorridos.

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