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Encuesto-debatitis aguda | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-23 05:00:00

Encuesto-debatitis aguda

A diez días de las elecciones presidenciales, la política sigue siendo el principal tema de conversación en el país y son abundantes los temas que surgen alrededor de candidatos, campañas, medios, encuestas o debates. Muchas cosas se pueden decir sobre la cosa electoral, pero me voy a referir especialmente a estos dos últimos asuntos: las encuestas y los debates.
Encuesto-debatitis aguda

Como beneficiario y defensor de la libertad de expresión, creo que la publicación de las encuestas electorales debería ser, si no prohibida, mucho más controlada por parte del Estado, para evitar que el abuso de las mismas derive en una injerencia, esa sí indebida, sobre el proceso de elección.

De todos es sabido que cada sondeo produce un fuerte impacto en la gente del común, cuyo comportamiento termina moldeado por la corriente de los favoritismos. Muchos ciudadanos, víctimas de la presión social que las encuestas generan, le apuestan, sin pensarlo, al caballo ganador. Otros, en contraste, al ver subir a alguien que no es de su gusto, resuelve votar en su contra, así eso implique dejar de lado las propias convicciones. Otros más, desmotivados con los resultados, se abstienen de participar mientras que algunos se suman con desgano a las mayorías, dizque para no botar el voto. Son muy pocos los que votan a conciencia, sin dejarse manipular por la numerosa cantidad de encuestas, que a la larga resultan contraproducentes, pues el exceso de cifras termina confundiendo a unos, desinformando a otros y apabullando a casi todo el mundo.

El otro ingrediente fastidioso de esta campaña han sido los incontables y publicitados debates. Ha habido encuentros de todos los colores, estilos y sabores; la mayoría muy sosos y algunos demasiado originales. Es obvio que el gran número de candidatos dificulta la tarea de ubicarlos en el set y darles a todos tiempo suficiente para elaborar sus respuestas. En algunos de esos encuentros a la multitud de aspirantes a la presidencia se ha sumado una legión de periodistas que convierten la escena en un hormiguero en el cual poco o nada se puede discutir adecuadamente. Y si a eso le agregamos la cantidad tan absurda de debates y la escasez de profundidad, se entiende por qué estas controversias casi no despiertan el interés del público.

Al margen de las anteriores consideraciones, es innegable que los más beneficiados en estas lides han sido Pardo, Vargas y Petro, a quienes se les nota su experiencia en el Congreso. Sin embargo, su pericia dialéctica no se refleja en las encuestas, lo cual reafirma la teoría de que los debates inciden muy poco en la decisión de los votantes.

En vez de hacer tanto debate, los medios deberían abrir sus espacios para que los candidatos hablen sin chicharras ni cuentas regresivas y expongan tranquilamente sus planes de gobierno. Así nos evitaríamos el tedio que produce Santos al hablar; la impaciencia que causa Antanas y la lástima que inspira Noemí.

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