La discriminación | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-27 05:00:00

La discriminación

El dar trato de inferioridad a una persona o a un grupo invocando cualquier motivo, muestra como inferior al que promueve tal comportamiento. Esa desigual actitud en cuanto a derecho y consideración social es un complejo que arrastra nuestra comunidad desde la época colonial y aun no lo supera.
La discriminación

Nuestra sociedad no ha estado ausente de esta conducta, que para la hora de ahora no tiene ninguna justificación. El que una persona sea de diferente raza a la nuestra, profese un credo religioso que no se identifique con nuestras convicciones, defienda unos ideales políticos contrarios etc, no la hace menos que los demás y por supuesto, nunca debe ser objeto de discriminación.

Desde épocas inmemoriales tales acciones han gestado las peores tragedias de la humanidad, traducidas en guerras, persecuciones, desplazamientos, genocidios, que nos presenta al hombre en su estado animal más primitivo y oscuro. En el campo de las ideas, quien discrimina al otro sin argumentos inteligentes, ponderados y lo descalifica a priori, está mostrando una arrogancia que se identifica con la bajeza, bajeza del alma y del espíritu que es la peor.  Por ello alguien decía con razón: “...desconfiad del hombre que tiene una idea fija...”

Algunos de los grandes líderes que han pasado en la historia por su negro periplo vital, que le costó al mundo ingentes sufrimientos, se identificaban con ese aforismo: Stalin, Hitler, Mussolini. Todos idolatraban el poder, estaban obsesionados con él y para mantenerlo a cualquier costo, condujeron a la humanidad a una de las más crueles guerras. Quienes estaban contra sus ideas eran sus enemigos, no eran sus contradictores como la civilización enseña. Es decir, eran unos abominables discriminadores.

Algo o mucho de ello se vive en estas épocas, porque el hombre sigue discriminando o atacando con armas innobles a quien difiere de su pensamiento. Esto encierra un gran peligro, en particular a quienes quieren oficiar de gobernantes y dan muestras recurrentes de intolerancia. A esas personas hay que recordarles que solo quien respeta el pensamiento ajeno, merece que el suyo sea respetado. Hay que desconfiar del que siente odio hacia el que no piensa como él, en especial se desea asumir posiciones de poder.

 

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