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Yo sobreviví a un control antinarcóticos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-30 05:00:00

Yo sobreviví a un control antinarcóticos

Lucía Martínez* pensaba que cuando un perro antinarcóticos se acercaba con insistencia al equipaje de un pasajero en un aeropuerto, se trataba de un delincuente. O por lo menos había grandes indicios. Hasta que el turno le llegó a ella. Testimonio.
Yo sobreviví a un control antinarcóticos

Fue en Semana Santa. El primer d√≠a de mis vacaciones. Un s√°bado a las 10 de la ma√Īana. Hab√≠a planeado viajar con mi hijo de 10 a√Īos a una finca cercana a Bogot√°, para deshacerme del insoportable calor que asediaba Bucaramanga. Tambi√©n aprovechar√≠a para ver unas cuantas obras del Festival Iberoamericano de Teatro, para conocer a la mam√° de mi novio, para dormir y dormir, para no hacer nada.

Tengo que reconocer que como sucede con cierta frecuencia, ese día no calculé muy bien el tiempo para subir desde mi apartamento en Floridablanca al aeropuerto en Lebrija y llegué justo cuando estaban a punto de cerrar el vuelo. Muchos dicen que mi tranquilidad es excesiva.

En la fila de la aerol√≠nea hab√≠a un hombre que seg√ļn o√≠ viajaba a Panam√°, el √ļnico destino internacional que tiene el aeropuerto Palonegro, aunque √©l lo har√≠a por Bogot√°. Fue a √©l a quien le dijeron que su maleta la revisar√≠a la Polic√≠a. No le prest√© atenci√≥n. Luego, cuando lleg√≥ mi turno, me informaron que mi equipaje sobrepasaba el peso permitido y no se me ocurri√≥ otra cosa que decirles que a mi maleta ten√≠an que contarla por dos porque all√≠ tambi√©n estaba la ropa de mi hijo. Lo aceptaron. Hasta ah√≠ todo bien. S√≥lo un poco m√°s de retraso. Incluso me qued√© un minuto para cerciorarme de que la maleta no se fuera en otro avi√≥n.

Entramos a la sala de espera. Una requisa de rutina. La Polic√≠a hac√≠a su trabajo. Mi hijo quiso ir al ba√Īo; tambi√©n ten√≠a sed. Y mientras lo esperaba parada en la puerta del ba√Īo, una mujer de la aerol√≠nea en la que viaj√°bamos pronunci√≥ mi nombre. Necesitaba que me acercara, dijo. Tampoco me preocup√©. Tambi√©n llamaron al se√Īor que viajaba a Panam√° y a los dos nos llevaron fuera de la sala de espera a un lugar cercano a la pista, donde ten√≠an nuestras maletas.

Eso me pasa por llegar tarde. Seguro me van a cobrar el sobrepeso, pensé. Me alejé y ni siquiera se lo dije a mi hijo. Estaba segura de que regresaría en unos cuantos minutos.

- ¬ŅCu√°l es la suya?, me pregunt√≥ un polic√≠a mostr√°ndome dos maletas.
Se la se√Īal√©. La negra con rojo.

Separaron las dos maletas. Unos polic√≠as se acercaron al se√Īor que viajaba a Panam√°, al que llamar√© Sergio, y dos m√°s caminaron hasta donde yo estaba. El perro antinarc√≥ticos se paseaba ansioso en el espacio que nos separaba. El avi√≥n ya estaba en la pista. Sergio miraba mi maleta y yo miraba la de √©l.

Me hicieron preguntas inofensivas. Que a d√≥nde viajaba, a Bogot√°, que a qu√© viajaba, a descansar; con qui√©n, con mi hijo, hasta que uno de los polic√≠as lanz√≥ la √ļltima pregunta, casi a manera de sentencia: ¬Ņqu√© llevaba en la maleta, acaso alg√ļn estupefaciente?
Lejos de asustarme, sonre√≠. Esto parec√≠a un ¬ďtambi√©n caer√°s¬Ē. No soy de las que desconf√≠o de todo el mundo y me lleno de pensamientos catastr√≥ficos como ¬ďseguro alguien me encalet√≥ alguna vaina y ahora estoy metida en tremendo l√≠o¬Ē. No. Tampoco record√© alguna escena de ¬ďMar√≠a llena eres de gracia¬Ē. Ni mucho menos las historias de colombianos que publican los peri√≥dicos en todo el mundo, explicando las ins√≥litas formas que encuentran algunos compatriotas para tratar de trasportar coca√≠na y hero√≠na. Tampoco me puse a sudar ni me dio un ataque de p√°nico. S√≥lo sonre√≠.

El mismo policía me explicó que el perro, ellos lo llaman guía, había detectado con su poderoso olfato algo en mi maleta.
-¬ŅQu√© algo?, pens√©. Deb√≠ esbozar alguna mueca y mir√© al perro que segu√≠a rondando. Juguet√≥n. Tan lindo el perro. Iba de un lado para otro. Los polic√≠as tambi√©n hac√≠an lo mismo.

Rodr√≠guez, as√≠ llamar√© al polic√≠a que me correspondi√≥, me pidi√≥ que abriera la maleta y empec√© a sacar lo que hab√≠a empacado. Era la ropa para 20 d√≠as y los juegos de mi hijo. Tambi√©n estaba el medicamento que consumo hace siete a√Īos para controlar mi ansiedad. Eran 20 d√≠as, as√≠ que hab√≠a varias cajas de Seroxat, una especie de antidepresivo cuyo principal componente es la paroxetina.

Rodr√≠guez pareci√≥ agudizar sus sentidos. Me apur√© a explicarle que estaba medicada con droga psiqui√°trica y que el n√ļmero de cajas de Seroxat correspond√≠a a los d√≠as de mi viaje. Otro polic√≠a cogi√≥ el medicamento, lo mir√≥ con atenci√≥n y empez√≥ a leer los componentes.

En ese momento, cuando nada se sabe pero todos te dan a entender que eres una delincuente, tuve tiempo, como si fuera en c√°mara lenta, para ver c√≥mo cerraban la maleta de Sergio y lo dejaban seguir al avi√≥n. Los pasajeros ya estaban camino a la aeronave y yo no ve√≠a por ning√ļn lado a mi hijo. ¬°Y Sergio me mir√≥ con desconfianza!
Entonces, Rodr√≠guez, me hizo un gesto para que me acercara un poco m√°s a √©l y casi al o√≠do me dijo lo siguiente: ¬ďEs mejor que diga en este momento si lleva alguna clase de droga para evitar todo esto¬Ē. ¬†¬† ¬†

Casi suelto una carcajada, pero no sabr√≠a decir si a esas alturas era m√°s bien un intento de risa nerviosa. ¬ďPor supuesto que no¬Ē, fue mi respuesta. Y agregu√© algo est√ļpido: ¬ďPero si estoy con mi hijo¬Ē. Ahora Rodr√≠guez fue el que sonri√≥. Me dijo que no hac√≠a mucho hab√≠an capturado a un profesor universitario. Todo un se√Īor y tambi√©n padre de familia. Se acerc√≥ el que parec√≠a ser el jefe policial, le entregaron el medicamento, se lo dio a oler al perro y este, obediente, hizo muy bien su tarea. ¬°No se despegaba de mi caja de Seroxat!

Finalmente me explicaron que era posible que uno de los componentes del Seroxat, un alcaloide, también lo fuera de la cocaína. Me pareció un argumento descabellado, pero eso ya se lo preguntaría a mi psiquiatra.

Fui la √ļltima que ingres√© al avi√≥n. Mi hijo se hab√≠a quedado solo en la sala de espera y cuando lo vi, su cara de ni√Īo abandonado fue lo √ļnico que realmente me doli√≥ de todo este incidente. En el avi√≥n, las miradas de los pasajeros me segu√≠an poniendo un letrero de sospechosa. Me relaj√©. Mi hijo pregunt√≥ qu√© me hab√≠a pasado y le dije que por culpa de un perro, la Polic√≠a cre√≠a que transportaba coca√≠na. √Čl s√≠ solt√≥ la risa.

Con calma le expliqu√© que ese era el trabajo de la Polic√≠a en los aeropuertos. Y que este a√Īo, gracias al olfato de los perros, hab√≠an detenido a un hombre que viajaba a Panam√° con 3 kilos de coca√≠na camuflada con bastante ingenio entre el pl√°stico que envolv√≠a su maleta.

Cuando el avi√≥n recorr√≠a la pista, escuch√© el ladrido de un perro y alcanc√© a pensar que ese canino no se rend√≠a a dejar de perseguir mi maleta como si se tratara de un hueso. Por su puesto, s√≥lo era la mascota de alg√ļn pasajero.

D√≠as despu√©s llam√© por tel√©fono a mi psiquiatra y le pregunt√© si era posible que mi medicamento tuviera algo que ver con la coca√≠na. Me respondi√≥ asombrado que este tipo de medicamentos los llevan los pacientes muy f√°cilmente y con frecuencia en sus viajes y que era la primera vez que se enteraba de este ¬ďbad trip¬Ē. La paroxetina, dijo, no es ni est√° basada en derivados de la coca√≠na.

*Nombre cambiado.

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