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La U tendrá que probar que es una fuerza plena | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-05-31 05:00:00

La U tendrá que probar que es una fuerza plena

Los resultados de primera vuelta de los comicios presidenciales en Colombia en 2010, que arrojan como ganadores a Juan Manuel Santos y a Antanas Mockus y los proyectan a una segunda vuelta, dejan ver que los partidos políticos como entidades sociológicas que congregan los intereses de los ciudadanos, son necesarios en un mínimo nivel, no van a desaparecer, pero siguen sin llenar las expectativas.
La U tendrá que probar que es una fuerza plena

El Partido de La U, heredero del uribismo, corroboró que el capital político de los últimos ocho años de gobierno sigue siendo fuerte, tanto a nivel rural como urbano y que no será fácil de debilitar en el corto y mediano plazo. Esto demuestra que la política de seguridad democrática como diagnóstico movilizador de la mayoría de votantes continua vigente, y que tiene más premios por cobrar.

Sin embargo, el Partido de La U como fuerza política tendrá que probar que es una fuerza plena, que puede permanecer en el largo plazo en el sistema de partidos, y que asumirá de una vez por todas las banderas del uribismo/santismo.

Y, más importante aún, que no necesitará violentar la arquitectura institucional de Colombia para intentar hacer reformas de bolsillo para perpetuarse en el poder.

El caso del Partido Verde es el de una campaña interesante, pero aún basada en la ilusión: no se trata de una coalición real de fuerzas, sino de la conjunción de personalidades dispares de la política colombiana, y en eso radican su fuerza pero también su debilidad.

Antanas Mockus tendrá que demostrar que es capaz de liderar una propuesta real de partido y que jugará a construir  bien sea una posible victoria o una oposición seria que pueda competir con mayor experiencia y expectativa dentro de cuatro años.

Esto no se podrá lograr sin presencia en cuerpos colegiados y el contenido de una propuesta mucho más sólida que supere la mera propuesta de una nueva cultura política y ofrezca respuestas claras y concisas.

Mockus mismo requerirá mejores respuestas en la infinitud de debates televisados con que fue y será bombardeada la opinión pública.

Y queda abierta la puerta para que sus seguidores, incluyendo el valioso voto joven, maduren un apoyo que no se caracterice por matices emocionales y los efectismos de las nuevas tecnologías virtuales.

La candidatura de Germán Vargas Lleras, con apoyo creciente, ha sido premiada por ofrecer una propuesta programática sólida, pero que también adolece de una fuerza real a nivel partidista. Su Cambio Radical se vio minado en las elecciones pasadas, pero su apoyo a uno u otro candidato será de importancia, esperando que sea santista.

El Polo Democrático, liderado por Gustavo Petro, enfrenta unos resultados también de tendencia creciente que aplauden la calidad de su candidato, pero igualmente sufriendo un fuerte componente de desunión al interior del partido. Aun se preguntan muchos por qué no se hizo presente un apoyo cerrado a su candidatura por parte de Carlos Gaviria y el resto de componentes de la izquierda tras la consulta interna. Queda la sensación de que a Petro, además de que no era su momento y se castiga la administración de la capital, lo dejaron solo.

El caso de los dos partidos tradicionales del bipartidismo que rigió a Colombia en la mayor parte de su historia, es preocupante. Los vestigios del conservatismo al servicio del uribismo siguen cobrando factura, con la candidatura de una desteñida Noemí Sanín, que sin embargo pasará a la historia de esta contienda por haber frenado a Andrés Felipe Arias, quien tiene el reto de hacer el partido suyo de una vez por todas.

El Partido Liberal, a pesar de la presencia parlamentaria que mantiene, sigue sin levantar cabeza luego de la crisis en que lo dejo postrado el tándem Samper/Serpa. Será difícil que el partido y Colombia vuelvan a tener un candidato del contenido de Rafael Pardo, lo cual en todo caso nunca es garantía de nada en una opinión que pocas veces va al fondo de las propuestas. El liberalismo al menos tendrá reposición de votos, y junto al conservatismo podrá intentar negociar un eventual endose de sus apoyos.

Por su parte, los candidatos minoritarios alimentaron la democracia a su manera, pero desde el punto de vista partidista son insignificantes.

Tendrán que conformarse por el momento, como el resto de colombianos, a votar por Santos o Mockus en la segunda vuelta, o por un voto en blanco. Cualquiera de estas opciones será en todo caso bienvenida en un país que tampoco logró superar la peligrosa abstinencia que lo sigue caracterizando en medio de complejos problemas por resolver.

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