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¡Compórtese bien! | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-03 05:00:00

¡Compórtese bien!

Hace algunos a√Īos, tal vez d√©cadas, muchas familias acostumbraban a colgar en las salas de sus viviendas el cuadro del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs.
¡Compórtese bien!

¡Cómo olvidar aquella hermosa imagen que le daba la bienvenida a todo aquel que pisaba las puertas de nuestras moradas!

Todo hogar, independiente de lo humilde que fuera, le profesaba un gran respeto a esa réplica; y los allí residentes se sentían protegidos y bendecidos.

De hecho, no tener ese cuadro era tan grave como no tener sala o televisión.

El significado de esa imagen, en el mundo cat√≥lico,¬† siempre se refer√≠a al s√≠mbolo del amor divino y, de una manera casi metaf√≥rica, hac√≠a alusi√≥n a la vida emocional y moral de Jes√ļs.

Quien escribe jam√°s podr√° olvidar la mirada penetrante que ese retrato ofrec√≠a. Los ojos de este dibujo me segu√≠an al entrar o salir de casa. Cuando la ve√≠a era como la consciencia que me miraba frente a frente y me preguntaba: ¬Ņpara d√≥nde va? ¬Ņse est√° portando bien?

Y si por alguna razón se hacía una que otra pilatuna, a uno le daba como pena mirar hacia el cuadro, por temor a encontrarse con la mirada escrutadora del que todo lo sabe.

¬ŅA qu√© viene la anterior reflexi√≥n?

A que nuestros actos, así logremos ocultarlos, nunca podrán escapar de los ojos de Dios o de la mirada profunda de nuestra voz interior.

Debemos estar conscientes de nuestros actos y, sobre todas las cosas, nos corresponde hacer las cosas bien, con honestidad, y sin ning√ļn tipo de artima√Īas.

Nuestras actuaciones, entre más rectas y transparentes mejor. Ellas son el trampolín al momento de lanzarnos a crear una empresa, de emprender un trabajo, de iniciar una nueva carrera profesional, en fin...

Muchos pol√≠ticos, no todos por fortuna, tienen fama de ser torcidos en su forma de actuar antes, durante y hasta despu√©s de sus gobiernos. Pero, la verdad es que si ellos, como funcionarios p√ļblicos, eligieran los caminos de la honestidad, muchas cosas cambiar√≠an para la vida del pueblo que gobiernan y para ellos mismos.

De igual forma, si nuestras actuaciones cotidianas son deshonestas o sucias, al final todas ellas sólo se convertirán en el fango en donde nos hundiremos paso a paso.

La trampa sale, el mentiroso cae, el deshonesto pierde. Y por m√°s que uno garantice plata o poder, la consciencia puede llegar a pesar m√°s que el cemento.

Haga el siguiente ejercicio:

Recuerde las cosas incorrectas que ha hecho durante los √ļltimos meses y pida perd√≥n por cada una de ellas.

Luego prométase usted mismo actuar de una manera limpia y verá que, más allá del poder que obtenga, podrá dormir tranquilo.

Comport√°ndose bien, no tendr√° ni el m√°s m√≠nimo remordimiento a la hora de mirar cara a cara a sus parientes, amigos, jefes y dem√°s personas. Incluso podr√° ver, con tranquilidad, la imagen del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs que hoy aparece en esta p√°gina.

EL RESPETO

Antes, los esfuerzos de nuestros padres estaban encaminados a lograr que los respetáramos, obedeciéramos sus órdenes, tuviéramos buenos modales y fuéramos estudiantes consagrados. Es decir, su función no era complacernos, sino educarnos.

Hasta hace sólo un par de generaciones, los hijos hacían lo posible por complacer a sus padres; hoy los papás hacen hasta lo imposible por complacer a sus hijos.

Eso no es que esté del todo mal, pero conviene tener cierto equilibrio. Hoy día pareciera que los sentimientos de culpa hacen creer que, como siempre hay algo en lo que se han equivocado los papás, ellos no son merecedores del amor de sus hijos y, por lo tanto, tienen que ganárselos.

Lo delicado de este asunto es que, desde el momento en el que son los hijos quienes les otorgan su amor y los padres quienes tienen que merecérselo, son ellos quienes tienen el poder en la familia.

Es por eso que hoy los hijos son los que mandan y los padres los que obedecen; una situación sin precedentes en las generaciones anteriores.

Lo peor es que el esfuerzo por ganar su amistad les lleva a actuar como alcahuetes de sus hijos; por lo que est√°n prestos a defenderlos ante la autoridad, ante el colegio, ante los profesores; es decir, ante todo el que se atreva a contrariarlos.

Así lo que se logra es que los hijos se conviertan en irresponsables, que vayan por la vida exigiendo derechos que no tienen y privilegios que no se merecen, pero siempre sabiendo que sus papás los sacarán de cualquier problema.

La función de los padres no es subyugar a los hijos como en el pasado; pero tampoco rendirse a sus pies para que los amen; sino liderar su travesía inicial para que puedan más adelante ser capitanes idóneos de sus propias vidas.

 

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