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La fisonom√≠a de los vol√ļmenes | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-05 05:00:00

La fisonom√≠a de los vol√ļmenes

La pintura es en sí una forma de expresión. La pintura en el arte se multiplica en la interpretación que el autor hace del entorno físico o mental y que plasma metafóricamente en el lienzo.
La fisonom√≠a de los vol√ļmenes

Esa interpretación puede buscar la fidelidad y sus resultados muchas veces nos sorprenden por la facilidad con que el artista logra definir las formas, al punto de, incluso, superar la realidad misma.

En otras oportunidades, esa interpretación de la realidad se convierte en un acto sensorial, en un sentimiento, un reflejo y una forma absolutamente propia de leer y reescribir en la tela la reacción cerebral y esencialmente sentimental que llega a la mano y, de ella, al pincel.

La matemática, la lógica y en general las ciencias positivas igualmente tienen su espacio en la interpretación expresa en la pintura. Artistas como Picasso, Duchamp y Braque, entre otros, profundizaron en la interpretación de la realidad desde las formas que la componen en perspectivas geométricas y del movimiento físico.

El volumen de las formas ha gozado de particular atenci√≥n en los artistas, ya sea para jugar con ellas y propiciar un lenguaje muy propio, a la usanza de Botero, que elev√≥ la fisonom√≠a de sus personajes a niveles extravagantes, o, como en este caso, como nos lo propone el m√©dico Harker, para intentar construir un parang√≥n entre las l√≠neas y los vol√ļmenes de frutas y verduras con las formas del cuerpo humano.

Pero más allá  de ese ejercicio comparativo, la pintura de Harker sugiere una particular integración con la sensualidad de las formas, pues en ellas se evidencian las figuras icónicas de falos, nalgas y senos que, despejados de toda intención morbosa, adquieren la dimensión de lo inminentemente fisiológico, pues, al final, estamos hablando de la obra pictórica de un médico y de un artista influenciado por su experiencia profesional, pero dotado de una sensibilidad construida en la dureza de enfrentar el dolor y la alegría y conjurarlos a través de su ciencia.

Pero en esta tarea maravillosa, el médico Edmundo Harker no estuvo solo y su obra, por su puesto, no pertenece a la categoría de la generación espontánea; en ella está la fulgurante presencia de quien fue su maestra y tutora de pintura, Aurora Bueno Celis, quien le otorgó varios de sus secretos, pero en especial, el del manejo exquisito del color, en una sindéresis plena de la naturaleza.

Disfrutar de la obra de Edmundo Harker es atravesar las puertas que conducen hacia una mirada íntima y profunda de la naturaleza; es una cirugía con el alma abierta, cuando el escalpelo se convierte en pincel y el cuerpo en lienzo.

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