Gasolina ilegal | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-07 05:00:00

Gasolina ilegal

La información dice: “La ilegalidad amenaza a estaciones de servicio”. Lo primero que se piensa es que eso de agregar sustancias a la gasolina para cobrar más cuando se vende menos es ilegal, y esa gente tarde o temprano tenía que comenzar a caer. Se sabe de casos de ilegalidad en las estaciones de servicio, sin hablar de la desmedida imposición del Gobierno con la sobretasa.
Gasolina ilegal

En una estación de servicio cobraron doce galones y medio, y por supuesto el cliente tuvo que pagarlos, aunque discutió por el hecho de que la capacidad del tanque tiene justamente doce galones, y no llegó tirado por una grúa. “¿Qué lógica hay –les decía– en que me cobren más de la capacidad de consumo?”. Pero no hay respuesta alguna; ellos son empleados, y si no cobran, tienen que pagar el faltante porque esas cifras quedan registradas.

Los automovilistas tanquean en puntos estratégicos en Bucaramanga y el Área Metropolitana: que las Terpel del Bulevar y de la estación de Transpiedecuesta, o las Móbil de Provenza y la Plaza Satélite; y ahora la nueva en el antiguo teatro, detrás del Éxito del centro. Tal vez haya otras, pero para nadie es un secreto que la gasolina que venden en la zona metropolitana no corresponde a la medida ni a la calidad.

Pero el cuento de la noticia es otro. La “ilegalidad” de que habla la información remite a las estaciones de gasolina legales, no a los intentos de la gente por sobrevivir con la compraventa: que en el Área Metropolitana la gente sigue comprando gasolina de contrabando, y que ese factor debilita las ventas de las estaciones. ¿Cómo no esperar este fenómeno si la gasolina “legal” es excesivamente costosa y de mala calidad, y encima de todo el cliente resulta estafado? Este hecho tiene respaldo gubernamental, represivo en el interior y permisivo en la frontera.

Los medidores deben aplicarse por igual a automovilistas y a estaciones de servicio, para que la venta corresponda con la calidad; y verificarse que la cantidad que marca el surtidor corresponda exactamente a lo cobrado. ‘Los pimpineros’, de Cavalier y García, concluye que “…el comercio informal de la gasolina en la frontera es algo tan abierto y legal, como solapado y clandestino”. Si se aumentan las campañas contra la ilegalidad, que sea para los dos frentes: a los pimpineros, que causan cierres y baja de recaudos, y a las estaciones de servicio, que estafan a los consumidores y propician el mercado ilegal. Sin duda, la culpa también es de ellos.

 

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