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Hay que repensar soluciones a la violencia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-10 05:00:00

Hay que repensar soluciones a la violencia

Hay que repensar soluciones a la violencia

La medición, que se conoce como Índice Global de Paz o IGP, ubicó a Colombia en el puesto 138 entre 149 naciones del mundo en la clasificación de los más violentos, lo que, obviamente, nos deja como el país más peligroso del continente americano. Ante resultados tan desalentadores, seguramente volverán a salir de las gavetas las toneladas de papel en donde constan los estudios sin fin que sobre la violencia se han hecho y que contienen centenares de recomendaciones para salir del pantanoso camino de la intolerancia y la muerte.

Esos numerosos estudios coinciden, por ejemplo, en demostrar que el Frente Nacional, pactado a mediados del siglo pasado, si bien fue efectivo para neutralizar la violencia bipartidista, generó el marginamiento de las demás expresiones políticas y terminó convertido en el germen de las sucesivas violencias armadas, materializadas en guerrillas de cuya torpe y nefasta acción el país no requiere de más pruebas.

Ese tipo particular de violencia política se instaló en una de las bases mismas del sistema democrático y se convirtió, además, en factor multiplicador de otras formas de violencia que tienen manifestación en el componente familiar y social, y han sido el talón de Aquiles de la ‘Seguridad Democrática’ del presidente Uribe.

Las formas más evidentes de esto se aprecian en la criminalidad derivada de las mafias y de múltiples formas de delincuencia urbana que ya han desbordado, por mucho, la capacidad de respuesta de la Policía Nacional.

Todo esto, que bien podría calificarse como parte de la eterna tragedia nacional, genera, a su vez, una cultura de agresividad, intolerancia y corrupción que termina por invadir tanto el ámbito personal de cada colombiano, como su entorno laboral y social, lo que explica que empresas y entidades privadas y públicas frecuentemente se vean envueltas en escándalos éticos y morales que terminan por deprimir, aún más, las defensas sociales contra la corrupción.

En conclusión, no podremos salir de los primeros lugares mundiales entre los países más violentos si no se hace un esfuerzo tanto estatal como privado y se abordan soluciones tanto estructurales como culturales y sociales. Los colombianos no somos esencialmente violentos. Es el juego peligroso de los factores de desigualdad, intolerancia y exclusión, entre otros, los que hacen que la sociedad sienta que la respuesta agresiva es la única forma de expresión.

 

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