Yo sobreviví a una pelea entre barras bravas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-13 05:00:00

Yo sobreviví a una pelea entre barras bravas

Santiago*, un joven bumangués miembro de la barra brava del Club Atlético Nacional, participó en una pelea contra los Comandos Azules de Millonarios en el parque San Pío. Testimonio.
Yo sobreviví a una pelea entre barras bravas

Era un sábado, Nacional jugaba contra Chicó en Medellín. Todos acordamos encontrarnos en el parque San Pío para ver juntos el partido en un bar.
Siempre nos veíamos temprano para hablar, así que ese día salí a la 1:30 de la tarde de mi casa, aunque el partido era a las cinco.
Iba vestido con una camisa de la Selección Colombia, una pantaloneta blanca y unos tenis Skeachers azules que me gustaban mucho.
Nunca hab√≠a querido reunirme con la barra vestido con cosas de Nacional, me parec√≠a que eso daba mucho ¬Ďvisaje¬í.
Cuando llegu√© ya hab√≠a varios ¬Ďparceros¬í; me sent√© con ellos y empezamos a hablar acerca del ¬Ďbonche¬í de la semana pasada. Como no hab√≠a estado, me contaron que los de Millonarios nos hab√≠an corrido del parque y que se hab√≠an adue√Īado de √©l.
Est√°bamos molestos, ese parque siempre hab√≠a sido territorio de la barra Los Del Sur y las ¬Ďgallinas¬í ¬Ė los hinchas de Millonarios- no pod√≠an quit√°rnoslo. Recuperarlo era cuesti√≥n de honor.
La tarde pasó tranquila.
Cuando todos llegaron nos fuimos a un bar para ver el partido, pero cuando cruzamos la carrera 33, aparecieron los ¬Ďtombos¬í para hacernos una requisa.
Nos pusieron contra la pared; yo llevaba la ¬Ďpala¬í- navaja- en el bolsillo de la pantaloneta, pero no me molest√© por tratar de esconderla.
A los dem√°s les quitaron ¬Ďbareta¬í ¬Ėmarihuana- y cuatro ¬Ďpalas¬í. Yo me qued√© esperando a que me requisaran, pero al parecer los ¬Ďtombos¬í se cansaron y nos dejaron ir. Pens√© que estaba muy de buenas, no me hab√≠an quitado nada.
Cuando llegamos al bar pedimos cerveza y nos relajamos. Apenas me tomé como cinco porque casi no llevaba plata.
En ese partido ganamos 2 a 0 en el ¬ĎAtanasio Girardot¬í. √ćbamos por el t√≠tulo del Torneo Apertura de la Copa Mustang de ese a√Īo.
El triunfo nos energiz√≥, las cosas hab√≠an salido bien y era hora de ir a buscar a las ¬Ďgallinas¬í para recuperar lo que era nuestro.

Los Del Sur vs Comandos Azules

Todos caminamos hacia el San Pío por la calle 45; éramos como quince.

Cuando cruzamos la carrera 33 y los vimos, empezaron a tirarnos piedras y botellas.
Eran muchos, como 30.
Alcanzamos a correr una cuadra, pero un ¬Ďparcero¬í que ya muri√≥, ¬ĎEl Tatareto¬í, par√≥ y nos dijo:

- No, que va... vamos a darles duro, ¬Ņpor qu√© nos vamos a dejar correr si el San P√≠o es nuestro? ¬°Esa es nuestra casa!
Esos gritos nos mentalizaron. Yo fui el primero que caminó hacia el parque, los demás me siguieron.
Ahora era matar o morir.

- ¡Nadie corra, nadie mira hacia atrás!, grité.
Me fui de frente, empec√© a esquivar las rocas, s√≥lo pensaba que ten√≠a que hacer respetar a Los Del Sur¬† Bucaramanga y que esas ¬Ďgallinas¬í no nos pod√≠an correr.
Me imagino que todos me siguieron, porque los otros empezaron a retroceder.
S√≥lo uno se me vino de frente, creo que le dec√≠an ¬ĎEl Borracho¬í, y me peg√≥ con un palo en la pierna izquierda; me acuerdo porque ah√≠ ten√≠a el celular.
Se resbaló después de pegarme y cuando lo vimos en el piso, todos nos fuimos encima con patadas.
Yo me alej√© del tumulto porque escuch√© a la gente de los edificios gritar ¬Ė d√©jenlo quieto, no sean asesinos-.
Cuando volteé a ver, alguien alzó una piedra y se la soltó sobre la cabeza.
En ese momento me di cuenta que se hab√≠a formado¬† un tranc√≥n; ning√ļn carro hab√≠a querido pasar por ah√≠, tambi√©n vi que en la otra esquina estaban los supuestos amigos del tipo.
Las sirenas de los carros de la Policía empezaron a sonar. Entonces corrí con un amigo y su novia.
Sólo quería coger un bus que me llevara a mi casa.
Cuando nos subimos, un Polic√≠a no lo dej√≥ arrancar y en ese momento encalet√© mi ¬Ďpala¬í en el asiento del conductor, no supe c√≥mo lo hice, todo fue cuesti√≥n de segundos.
El policía nos hizo bajar, nos preguntó quiénes éramos y porqué corríamos. Miró nuestros antecedentes, nos requisó y como no llevábamos nada, nos dejó ir.
Todos salimos corriendo detr√°s del bus en que hab√≠a dejado la ¬Ďpala¬í y lo alcanzamos a las tres cuadras.
Cuando le pagamos, saqu√© mi ¬Ďpala¬í de donde la hab√≠a dejado.
Me senté en una de las sillas de atrás, al lado de la ventana y no entendía lo que había acabado de pasar. Miré el reloj y apenas habían pasado quince minutos desde que salimos del bar.
Pensé en los que se habían quedado y confié en que no les hubiera pasado nada.
Los tres nos miramos y lo √ļnico que hicimos fue re√≠rnos, no supe si fue por miedo o porque nos escapamos.

De vuelta a la normalidad

Cuando llegu√© a mi casa hab√≠a una fiesta, creo que mi prima estaba cumpliendo a√Īos. Todos me preguntaron en d√≥nde estaba y yo les dije que viendo el partido. Nadie dijo nada.
Tomé aguardiente, me relajé y el tema se me olvidó.
Sin embargo, ten√≠a miedo de que me persiguieran y de que alguien nos ¬Ďsapiara¬í. Al d√≠a siguiente no quise salir, me qued√© todo el d√≠a viendo f√ļtbol y me dorm√≠ temprano.
Tres d√≠as despu√©s mi mam√° me levant√≥ asustada con un peri√≥dico en las manos y me ley√≥ la nota que hab√≠an publicado sobre el ¬Ďbonche¬í.
Ah√≠ me enter√© de que ¬ĎEl borracho¬í ten√≠a 16 a√Īos, que hab√≠a recibido 10 pu√Īaladas y que fue intervenido quir√ļrgicamente.
Mi mam√° me pregunt√≥ que si hab√≠a estado ah√≠ y obviamente le dije que no. Lo √ļnico que pod√≠a pensar en ese momento era que los supuestos amigos de ¬Ďel borracho¬í no hab√≠an hecho nada para protegerlo, y que finalmente los que le salvaron la vida fueron los gritos de la gente de los edificios, que a la larga, fueron los que nos dispersaron.
No siento culpa porque el tipo sobrevivi√≥ y aunque sigo siendo barrista, ya no busco ¬Ďbonches¬í, lo que pas√≥ ese d√≠a no lo quiero repetir. ¬†

* Nombre cambiado.

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