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Política es poder | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-17 05:00:00

Política es poder

Desde Aristóteles, “política es el poder que se ejerce en un territorio autárquico”; sin la autarquía que se desvanece a lo largo de la historia, el concepto se reafirma con Santo Tomás de Aquino (siglo XIII), Maquiavelo (siglo XVI), Monstesquieu (siglo XVIII), Thomas Hobbes (siglo XVII), quien en Leviatán hace exhaustiva enumeración de recursos del poder. Ya en el mundo contemporáneo, eminentes científicos de la política como el francés Georges Burdeau o los norteamericanos Harold  Laski, Harold Laswell y Robert Dahl, concuerdan en que: “La política se encarna bajo la figura del poder. Política y poder son inseparables y la intimidad de su unión es tal que el carácter político debe ser reconocido en todo fenómeno concerniente a la formación, la estructura o la actividad el poder.”
Política es poder

El sociólogo y economista alemán Max Weber sostiene: “Cuando se dice que una cuestión es política, o que son políticos un ministro o un funcionario, o que una decisión está políticamente condicionada, lo que quiere significarse siempre es que la respuesta a esa cuestión, o la determinación de la esfera de actividad de aquel funcionario, o las condiciones de esa decisión, dependen directamente de los intereses en torno a la distribución, la conservación o la transferencia del poder. Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines, idealistas o egoístas, o al poder ‘por el poder’. Para gozar del sentimiento de prestigio que el confiere.”

El politólogo Robert Dahl afirma: “El estar claramente orientado respecto de las palabras, a menudo ayuda a estar certeramente orientado en la política, ya que ésta es una actividad en la que el lenguaje es extraordinariamente ambiguo y muchas veces se usa con fines perversos o propagandísticos.”

Política es poder y sin poder nada se puede, “el poder para poder”, debieron responderle a Darío Echandía su pregunta del 9 de abril de 1948: “¿el poder para qué?”. Ahora bien, en el deber ser de la enseñanza de Santo Tomás de Aquino, el poder debe orientarse hacia la consecución del bien común, sabiendo que este concepto es tan difícil que solo en el Concilio Vaticano II, siete siglos después, se da de él una definición relativamente manejable: “esa suma de condiciones que permiten a los individuos y a las colectividades alcanzar su propia perfección más plena y rápidamente”.

Concepto difícil y cambiante en el tiempo y la distancia y que por consiguiente sobre el cual nadie puede considerar que tiene la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad porque entonces se está arriesgando a quedarse sin el poder y, con ello, por fuera de la capacidad de coadyuvar a la construcción del bien común; con lo cual solo se consigue dar pábulo a que sigan detectando el poder quienes lo usan para fines egoístas, corrupción y politiquería, o por la vanidad del poder por el poder, para gozar del prestigio que él confiere.

 

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