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Las apariencias | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-17 05:00:00

Las apariencias

Las apariencias

La voluntad se debilita y la firmeza decae. La constancia, que genera el equilibrio y convierte a alguien en un ser perseverante e imperturbable, parece cada día más frágil.

Dividido y lastimado, el hombre se convierte en un juguete de la opinión pública, arrastrado por la corriente impetuosa de los medios de comunicación, lanzando en contra suya y de los demás, derribando en un instante los más sagrados principios y levantando otros nunca antes aceptados.

He aquí el drama del hombre máquina:

Manoseado por los intereses más oscuros y diversos, se vuelve impotente en sus resoluciones y lucha por ser él mismo; es decir:alguien capaz de deseos y decisiones propias.

Las raíces de las convicciones profundas: de la fe adulta y de los compromisos asumidos ante Dios y los hombres, ¿Qué viento se los llevó?

Si supiésemos lo que estamos buscando y qué es lo que queremos de la vida, no esta-ríamos tan insatisfechos. Una insatisfacción vive dentro de nosotros. Nació y morirá con nosotros. Crece en la misma medida en que el niño muere en nosotros.

La ingenuidad y la pureza, que tan profundamente caracterizan la vida de un niño, son la fuente de paz y equilibrio para cualquier adulto. Cuando dejamos de darle valor a estos sólidos principios –sólidos contra la lógica de los adultos- sucede lo inevitable: nos sentimos terriblemente vacíos, de pronto, sin nada en las manos, sin punto de apoyo, sin rumbo cierto…

¡Si la Tierra pudiese saciarte! ¡No bastarían para todos los deseos y ambiciones que te martirizan! Nada más reconfortante que ver más allá…

Saber que los horizontes no son sólo aquellos que vislumbro. Saber que hay otras realidades más valiosas por las que se lucha en el esfuerzo de cada día. ¡Debemos revisar nuestros criterios de felicidad! Creo estar ilusionándome y que “mis ojos están ciegos”. Es el momento de “buscar con el corazón” si no quiero equivocar el camino.

Podría llegarme ahora, por ejemplo, hasta el jardín y contemplar una flor… te aseguro, que nacería una sonrisa en mis labios y conocería nuevamente el gusto de la felicidad.

lo sé: al niño le gustaban las flores.

creo que el niño regresa…

 

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