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Yo sobreviví a un intento de violación | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-20 05:00:00

Yo sobreviví a un intento de violación

Hace 12 a√Īos, Juliana Galindo* fue maltratada en la calle por un hombre que quiso violarla, pero no pudo. Hoy, esta mujer de 35 a√Īos a√ļn no sabe explicar de d√≥nde sac√≥ la fuerza para impedirlo. Testimonio.
Yo sobreviví a un intento de violación

El camino que separa la casa de mi pap√° del centro comercial, al sur de Bucaramanga, me sigue pareciendo oscuro y muy solo, a pesar de los conjuntos residenciales, la iglesia, el parque y los carritos de perros.

Antes, cuando reci√©n hab√≠a cumplido los 23 a√Īos, ese mismo trayecto de 10 minutos me resultaba inofensivo y entonces s√≠ que era solo, oscuro y lleno de mara√Īa. Atravesarlo era una travesura, un desaf√≠o a tanta cantaleta.

A mí no me podía pasar, decía sin pensarlo. Pero no faltaba el taxista que me recordaba el mito del violador cuando frenaba en plena vía para gritarme que me cuidara, que ese no era un sitio para que caminara sola.

Yo, intocable, solamente apretaba el paso.

S√≠ que estaba advertida. Sab√≠a que el lugar durante la noche pod√≠a ser el retrato de una escena de terror. Sab√≠a que un hombre pod√≠a aparecer de la nada con las ganas locas de da√Īarle la vida a una muchachita como yo. Y sab√≠a que en el caso de que esa tragedia sucediera, hab√≠a muy pocas posibilidades de que alguien oyera los gritos de la v√≠ctima.

Pero, como suele ocurrir, todo lo olvidé ese sábado, pasada la medianoche, cuando regresaba del centro comercial con mi novio. Ya no recuerdo el mes y mucho menos el día, pero debía ser un sábado.

El ataque

Fue tal vez en la mitad del camino, cuando Lucas*, mi novio, quiso parar a orinar y yo seguí de largo unos cuantos metros. Hacía frío y llevaba puesta una de mis chaquetas favoritas. También unos tenis rojos.

Ahora pienso que a los 23 a√Īos, definitivamente, caminar en la oscuridad no es un problema cuando est√°s acompa√Īada y enamorada.
No pensé en el mito.

Pas√≥, quiz√°, un minuto. Y cuando me di la vuelta para esperar a Lucas, vi c√≥mo un hombre que ven√≠a por la misma acera lo sobrepasaba y caminaba directo hacia m√≠. Un transe√ļnte m√°s, pens√©. Alguien del barrio. No desconfi√©. La luz d√©bil de un poste me dej√≥ ver a un hombre de unos 38 a√Īos, reci√©n afeitado y con la camisa bien puesta.

Todo sucedió muy rápido. Cuando lo tuve al lado me cogió con fuerza del brazo y me arrastró hacia la maleza, a unos 10 metros del borde de la carretera. Lucas corrió para alcanzarnos y como si tuviera un guión escrito, el hombre empezó a dar órdenes que los dos fuimos cumpliendo sin reaccionar.

- T√≠rese al suelo¬Ö le grit√≥ a Lucas. √Čl obedeci√≥ mientras intentaba balbucear que √©ramos estudiantes, que s√≥lo ten√≠amos el dinero que estaba en su billetera, que pod√≠a llevarse los tenis e incluso mi chaqueta. Yo, la verdad, en ese momento no alcanc√© a pensar que ese hombre pudiera ser algo m√°s que un ladr√≥n de barrio y tal vez, por eso, tampoco me resist√≠ cuando sac√≥ una navaja y me la puso en el cuello mientras le exig√≠a a Lucas que se quitara los cordones de los zapatos.

Me ordenó que le entregara la chaqueta y luego se descontroló gritando que no lo miráramos. Le amarró las manos a Lucas con los cordones y le tapó la cabeza con mi chaqueta. Ahí supe que ese hombre de baja estatura que sudaba a borbotones era, tristemente, mucho más que un ladrón de billeteras.

Hoy, cuando lo pienso, 12 a√Īos despu√©s, con rabia por el mal recuerdo, no entiendo c√≥mo en menos de la nada, por culpa de nuestra estupidez y de una mezcla de miedo, buena fe e inocencia, Lucas qued√≥ amarrado a dos metros de donde el hombre, excitado, ya estaba sobre m√≠.
Los dos, boca abajo literalmente, estábamos a merced de un loco.  

Enseguida, sentado en mi espalda, utiliz√≥ mis cordones para amarrarme las manos. A√ļn no puedo entender c√≥mo no qued√© petrificada por el miedo. Le di patadas, logr√© desatar los cordones en dos ocasiones pero los volvi√≥ a amarrar, hasta pude voltearme y con rabia le grit√© que lo denunciar√≠a. Enfurecido troz√≥ su camisa y me amordaz√≥ pero opuse resistencia. De nuevo la lucha, una lucha que parec√≠a gustarle. Me chuz√≥ con la punta de la navaja en el cuello. Mi boca estaba reventada por el forcejeo, los minutos pasaban y como era de esperarse, finalmente su fuerza me domin√≥.

Pensar en resistir

De cara sobre la maleza y amarrada de las manos, tuve unos pocos segundos para pensar lo siguiente: si este hombre me viola mi vida será triste, muy triste. Una tristeza que no creía poder soportar.

Y porque las cosas tienen que ocurrir, mientras √©l por primera vez intentaba bajarme el pantal√≥n, alc√© la cabeza y vi que un carro se acercaba. Sab√≠a que no nos ver√≠a en medio del monte, pero tal vez me oir√≠a. Grit√©, lo hice tan desesperadamente que asust√© a mi victimario. Era un taxi y alcanz√≥ a disminuir la velocidad durante unos pocos segundos que bastaron para que el hombre, acobardado, saliera corriendo monta√Īa abajo, llev√°ndose los zapatos y mi chaqueta.

Cuando todo se calmó sólo escuché la respiración de Lucas, que indefenso, había tenido que soportar mis lamentos. Estaba pálido del susto. Con esfuerzo nos desamarramos y terminamos de recorrer el camino hasta la casa de mi papá. Lucas, con la frustración atravesada en su corazón y yo, con una furia que me desbordaba.

Es dif√≠cil saber c√≥mo el instinto de conservaci√≥n te hace reaccionar cuando te amenazan. Yo tuve suerte. A√ļn no se c√≥mo pero mi agresor no tuvo la oportunidad de tocarme. Muchas veces he pensado que era la primera vez que intentaba algo as√≠. Y siento alivio de mi hip√≥tesis.

Sin embargo, a√ļn no logro borrar la cara de tristeza de mi pap√°. Me acuerdo verlo parado en la puerta de mi habitaci√≥n, en silencio, perplejo, mientras mi mam√° revisaba las heridas de la navaja. Mi cuerpo se brot√≥ totalmente, como si tuviera una alergia. Quiz√°s como una reacci√≥n tard√≠a ante ese doloroso intento de violaci√≥n.

Nunca tuve una pesadilla con lo ocurrido; tampoco creí ver a mi agresor en cada hombre que me generaba desconfianza.
Durante mucho tiempo no volví a caminar por el sector y hoy, cuando muy de vez en cuando lo hago, siempre me quedo mirando el lugar exacto del ataque, pero pronto lo olvido.

Lucas, en cambio, s√≠ so√Ī√≥ y volvi√≥ a so√Īar con ese hombre. Dec√≠a que quer√≠a agredirlo en sus sue√Īos para calmar la impotencia a que fue doblegado esa noche.

* Nombres cambiados.

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