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Un ¬ďcabezapelucas¬Ē tra√≠do de los cabellos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-20 05:00:00

Un ¬ďcabezapelucas¬Ē tra√≠do de los cabellos

Hugo visita plazas de pueblos, iglesias de Testigos de Jehová, ferias artesanales, cárceles femeninas y resguardos indígenas, buscando cabellos vírgenes para fabricar pelucas para pacientes con cáncer.
Un ¬ďcabezapelucas¬Ē tra√≠do de los cabellos

Cuando sus piropos ya les tienen los cachetes m√°s rojos que los tomates de √°rbol y parecen silletas de tantas flores que les echa a las campesinas, Hugo comienza a tocar sus pantalones para calentar la tijera, afila su mirada y afina su voz para disparar la propuesta indecente: ¬ďTe compro tu pelo¬Ē.

Hoy en día es casi un milagro encontrar un pelo virgen en la ciudad. Por eso, Hugo sale de cacería a los pueblos de tierra fría en busca de mechones a los que nunca en la vida les haya caído una gota de tintura. Los busca para fabricar pelucas.

Si sale de viaje, antes de empacar la cédula, lo primero que mete en su equipaje son las tijeras para tenerlas a la mano cuando se le atraviese un pelo sano.
Sabe que los domingos son días claves porque las mujeres salen de las veredas a la plaza del pueblo a vender vegetales y allí puede comprar el producto más natural que todas llevan sobre la cabeza.

Y para lograr que una de estas mujeres le venda su cabellera debe aplicar sus conocimientos en odontolog√≠a, su experiencia en la peluquer√≠a y su don de coqueter√≠a. Primero les pela el diente, luego les gui√Īa un ojo y termina con un elogio en la punta de la lengua.

¬°Al pelo!

Hace m√°s de 20 a√Īos, Hugo fund√≥ su peluquer√≠a en el centro de Medell√≠n casualmente cerca del paradero de buses de un corregimiento rural. Primero les ech√≥ el ojo a las campesinas cuando ve√≠a pelos frondosos a trav√©s de sus espejos, luego se mont√≥ al mismo bus y ¬ďles mand√≥ la garra¬Ē en el mismo pueblo.

Las primeras veces parecía más un culebrero que un peluquero, porque todos le hacían corrillo en la plaza mientras echaba tijera. Era todo un espectáculo para los campesinos ver cómo sus mujeres cambiaban el look de María Auxiliadora por el corte de Lady Di y el de Marilyn Monroe.

Desde entonces, Hugo va a los pueblos de tierra fría no por granos de café, tampoco por libras de tomate de árbol ni por kilos de papa sino por bultos de pelo de campesina.

Por un pelo

Hugo tiene la certeza de que Rapuncel era mona te√Īida. Para que una cabellera hubiera servido de escalera y resistido los jalones de una bruja y un pr√≠ncipe que se trepaban a una torre con ella todos los d√≠as, era porque ten√≠a peluca o pelo de ind√≠gena.

Como Hugo conoce esa textura de los nativos americanos y sabe que es escasa, jura que si Pocahontas le ofreciera su cabello, inmediatamente sacar√≠a las tijeras del bolsillo y se lo cortar√≠a antes de que se arrepintiera. Y cuando ya tuviera bien agarradas sus mechas, le pedir√≠a que lo acompa√Īara al cajero para entregarle dos millones de pesos.

Sin pelos en la lengua

Hugo sabe que por un pelito se puede caer a la c√°rcel. De hecho, varias veces ha visitado la de mujeres para sacar de prisi√≥n a cientos de mechones que crecieron tras las rejas en muchos a√Īos de condena. A cambio, les hace una asesor√≠a de imagen a las reas y les asegura que las dejar√° aun m√°s j√≥venes que cuando entraron.

Y así como a las campesinas les entra por los ojos, a las reclusas por la juventud perdida y a las monjas por amor a Dios, a las rancherías de los indígenas de La Guajira, les ha entrado por la lengua.

Antes de sacar sus tijerotas, de mostrar el billete y de tocar con ansias la textura del ¬ďpelo Pocahontas¬Ē, llega con los brazos abiertos y dice: ¬ďArista pura pia aracatam punay¬Ē, que traduce en el dialecto Wayuu: ¬ďTe saludo con el alma y el coraz√≥n¬Ē, y cuando nota una sonrisa en las ind√≠genas ya sabe que libr√≥ el pasaje y que no regresar√° sin pelo.

Mucho pelo por cortar

La cacería de pelucas ha evolucionado con el tiempo. Hugo además de tijeras, metro y espejo, ahora incluye cámara fotográfica, el contrato y el auxiliar que sirve de testigo para celebrar la compra-venta de pelo.

Esto con el fin de tener las pruebas cuando los maridos de las vendedoras lo demandan. Solo así, cuando les muestra la firma de sus clientas, se convencen de que la esposa entregó voluntariamente su cabello por un valor que osciló entre los treinta mil y los dos millones de pesos.

El procedimiento que hace para el corte y levantamiento del pelo, también le sirve cuando coge carretera en la operación retorno.

Antes de que los soldados piensen que la cabeza del pelo suelto que ven en el carro est√° en la maleta, Hugo les muestra la c√°mara para que reconozcan a los due√Īos del pelo que salen vivos en las fotos. Incluso aprovecha el ret√©n y termina reparti√©ndoles su tarjeta para que le lleven el pelo de los mechudos que tusan cuando entran por primera vez al Ej√©rcito.

¬ďEl Peligr√≠¬Ē

El ¬ďacta de peluquer√≠a¬Ē satisface la curiosidad de sus clientas.

Descubri√≥ que las pacientes con c√°ncer ten√≠an la afici√≥n por escuchar cuentos y mientras les muestra las fotograf√≠as del antes, durante y despu√©s de la trasquilada en pueblos, resguardos, iglesias, conventos y c√°rceles, Hugo les cuenta con pelos y se√Īales la historia de cada melena.

Cuando descubren que la peluca que suplirá la ausencia de su cabello por varios meses mientras dura la quimioterapia, proviene de un rockero que necesitaba trabajo, de un joven que perdió una apuesta, de una jugadora compulsiva que se jugó hasta la cabeza o de una Testigo de Jehová que Hugo convenció en el culto, sus clientas comienzan a sonreír.

Y cuando nota que ser ¬Ďcazapelucas¬í y contar sus travesuras le cambia las l√°grimas por risas a las pacientes con c√°ncer, a Hugo se le paran los pelitos y no le importa pasar por loco descabellado cuando les lleva en estuches de rosas sus ramos de pelos.

Le tomaron el pelo

La que no corri√≥ con la misma suerte fue Catherine cuando otro ¬Ďcazapelucas¬í en pleno centro de Medell√≠n ¬ďme quit√≥ el peinado de Margarita Rosa de Francisco y me dej√≥ con el corte de Karina, la guerrillera¬Ē.

Cuando se encontró un pelo crespo en la sopa, suspiró con cierta nostalgia. Revisó que no hubiera piojos ahogados en la orilla del plato ni caspa flotando en el caldo. Sacó el cabello con su mano y, mientras abría sus labios para tomar la primera cucharada, recordó el día que le robaron su pelo largo.

En la víspera del mes de las brujas, un ladrón de cabelleras aprovechó que Catherine se detuvo junto a un semáforo del centro con su bebé en los brazos y solo requirió un instante para hacerle un tirón en la cabeza, volarse con su trenza y dejarle los crespos hechos.

El pecado de Catherine fue tener el pelo virgen en la ciudad. Y suavizarlo con aguacate machacado, untarle mayonesa para el brillo y echarle embrión de pato para prevenir el maltrato.

Despu√©s de 16 meses, aunque ya le crecieron un poco sus rizos negros y todav√≠a ¬ďle falta pelo pa¬íla mo√Īa¬Ē, se conforma por ahora con el corte de Leonel √Ālvarez.

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