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Pasión y pelotas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-25 05:00:00

Pasión y pelotas

Lo resume así un comercial sobre el mundial de fútbol de T y C Sports, el canal de deportes: “ellos no juegan con las piernas, juegan con el corazón”. Lo dice un francés mientras imágenes evocadoras de dramáticos momentos futbolísticos argentinos se trasponen uno a otro en la pantalla con la música del “Requiem for a Dream” de Clint Manssel de fondo (véanla en http://www.youtube.com/watch?v=9CT5mMt1ojg).
Pasión y pelotas

Y no es solamente Argentina, lo hemos visto en chilenos, uruguayos, paraguayos y, claro, en la ordenada y magistral –pero no por ello menos apasionada- cátedra de Brasil. Esas son pelotas. La pasión latinoamericana hecha tesón y coraje en la cancha de fútbol inspira respeto. Una actitud puesta al servicio del balón de pecas pentagonales. “Es cultural”, dice en el aludido comercial otro extranjero, como colofón de un recuento de hazañas futboleras argentinas o extravagancias de la hinchada, como cantar todo el partido sin importar que el equipo vaya perdiendo o lanzar millones de papelitos cuando la “albiceleste” se lanza al campo.

¿Quién no estaría contagiado de ver a todo un pueblo, tan heterogéneo como el argentino, unirse en torno al juego? La nación que se duele –con cierto orgullo, como duelen casi todos los dolores argentinos- de no tener una identidad propia sino de ser la colcha de retazos del variopinto torrente de inmigración europea que cayó a Buenos Aires desde el siglo XIX, ha tenido la gloria puesta en manos del pueblo en dos momentos muy distintos de su historia reciente (1978 en plena dictadura y represión y 1986 recién restablecida la democracia). Y es “la gloria” porque si por el fútbol cerraron los ojos ante la tragedia de 1978, es sólo porque, como dice Calamaro, “es el país de la pelota”.

En el 86 como ahora, la Argentina tenía también henchido el pecho por el éxito en otro de los orgullos nacionales: las artes. “La historia oficial”, de Luis Puenzo, ganaba el Oscar a la mejor película extranjera, hazaña que hoy repite el cine argentino con “El secreto de sus ojos”, de Campanella, una película que no se puede perder nadie. Esto ya ha sido tomado como un augurio cabalístico (otro arte muy argentino). Quizás esta vez más que las coincidencias o “la mano de Dios”, puedan el talento y las ganas, para orgullo de toda Latinoamérica.

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