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Cuando amar......puede costar hasta la vida | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-27 05:00:00

Cuando amar......puede costar hasta la vida

Los celos llevaron a un hombre a quitarse la vida y a intentar llevarse hasta la tumba a su pareja de un disparo en la cabeza. Ella quedó herida y por más de 10 horas permaneció en la escena del crimen sin saber lo que sucedía. Así logró sobrevivir esta mujer a una un crimen pasional.
Cuando amar......puede costar hasta la vida

Todo pasó en nuestra casa. El día que Héctor intentó asesinarme de un disparo en la cabeza, eran las 11:00 de la noche; venía de trabajar sin uniforme, llevaba una camiseta y unos jeans. Estaba lleno de celos y furia.

Como ya era costumbre los √ļltimos meses, discutimos y luego comenz√≥ a interrogarme. ¬ď¬ŅD√≥nde estaba, qu√© hizo, la llam√≥ alguien? Preste para ac√° el celular y miro¬Ē. Yo no s√© en qu√© momento me acostumbr√© a tanta humillaci√≥n.

No le puse atenci√≥n, s√≥lo le respond√≠ que no molestara. Lo √ļltimo que recuerdo de esa noche fue estar sentada en la sala, despu√©s se me borr√≥ la pel√≠cula.

Al día siguiente desperté en la cama con la visión borrosa y dolor de cabeza. En medio del mareo comencé a vomitar sobre las sábanas y por todo el cuarto. No comprendía lo que me pasaba; fui y me recosté nuevamente en la cama y dormí no sé por cuánto tiempo.

Al rato o√≠ que golpearon la puerta: ¬ďAbra que es la Polic√≠a¬Ē. Me causo curiosidad el llamado y pens√© que H√©ctor era el que deb√≠a abrir. Lo llam√© varias veces y no respondi√≥.

Decidí levantarme y abrir. La luz me molestó pero logré fijar la mirada en el grupo de personas que se agolpaba frente a la puerta. Un policía me preguntó que si me sentía bien y yo sólo le respondí que sí.

De un momento a otro el uniformado comenz√≥ a gritar ¬ďest√° herida, la se√Īora est√° herida¬Ē.

Enfrentando la realidad

Luego de estar en la clínica por ocho días, supe lo que pasó. Héctor en un ataque de celos me disparó en la cabeza y luego se quitó la vida. De milagro sobreviví. Mi familia narró paso a paso lo ocurrido y yo ayudé a complementar la historia.

Como estaba tan mal cuando me desperté al día siguiente de la tragedia, no me di cuenta de los detalles.

Resulta que estaba dormida sobre un colch√≥n cubierto de sangre y junto a la cama tal vez muri√≥ H√©ctor, pues seg√ļn mi familia hab√≠a un charco rojo que cubr√≠a gran parte del piso.

El mareo, la visi√≥n borrosa y el v√≥mito fueron producto del disparo que √©l me hab√≠a descargado en la sien izquierda, cuyo proyectil a√ļn sigue incrustado en mi cr√°neo.

Cuentan las personas que me vieron abrir la puerta que mi rostro y mi ropa estaban cubiertos de sangre y que yo hablaba normal. Nadie se explicaba cómo había aguantado más de 10 horas herida y cómo mi cuerpo había despertado.

Yo no recuerdo la muerte de Héctor y menos en qué momento me disparó. Tengo visiones repentinas donde estoy en la cama y él me maltrata. Sin embargo, no sé si eso pasó antes o después del disparo.

Asimilar la muerte de Héctor ha sido otro proceso. Me enteré de que había fallecido una semana después de lo ocurrido. Me imaginaba que se había volado con otra o que a lo mejor había regresado con un antiguo amor.

Finalmente, mis pap√°s me explicaron que √©l se hab√≠a pegado un tiro, no s√© en qu√© parte. Mi mam√° asegura que el d√≠a del entierro de H√©ctor, a las 10:00 de la ma√Īana mientras era llevado al cementerio, yo despert√© sobresaltada y pregunt√© por √©l.

Tal vez fue un llamado desde el m√°s all√° que me hizo o tal vez coincidencia.

No he so√Īado con √©l, no lo he visto en mi mente despu√©s de casi un mes de cirug√≠as, ex√°menes y recuperaci√≥n. Quiero encontr√°rmelo en el sue√Īo;¬† a lo mejor no le dije todo lo que deb√≠a decirle, a lo mejor debo pedirle perd√≥n. No s√©¬Ö

Un alto en el camino

Cuando decidí estar con Héctor estaba casada con el padre de mis dos hijos, pues ya no había amor de pareja.

Nos conocimos en el cambio de sem√°foro en una calle del centro de Bucaramanga cuando iba en una motocicleta. Me vi envuelta en una escena de conquista bastante divertida, pues a un lado estaba un hombre lanz√°ndome piropos y pidi√©ndome el n√ļmero de celular, y al otro extremo estaba H√©ctor, seg√ļn me dijo, apreciando mi belleza.

Acordamos encontrarnos con Héctor. La cita fue romántica, en un parque, en horas de la tarde. Allí nos dimos nuestro primer beso, el más apasionado que me han dado en la vida.

Me enamor√© locamente de √©l. La √ļnica testigo de esa relaci√≥n fue mi madre, quien sab√≠a el tormento en el que viv√≠a con mi esposo, las necesidades del hogar que deb√≠a suplir en extensas jornadas de trabajo vendiendo productos por cat√°logo y arregl√°ndole el pelo a conocidas.

Cada centavo que sal√≠a de mi trabajo se iba para el hogar. No pod√≠a ahorrar ni darme otra vida. Mi esposo s√≥lo trabajaba lo necesario. Por eso me cans√©, y decid√≠ abandonarlo. Fueron 15 a√Īos de convivencia, el primer hombre de mi vida, el padre de mis dos hijos, pero a veces uno necesita que lo valoren y lo estimen. ¬†

Mi convivencia con H√©ctor dur√≥ casi dos a√Īos. Cuando me separ√© de mi esposo y le dej√© los ni√Īos, me fui a vivir con mi mam√° y entabl√© una relaci√≥n de noviazgo con mi nuevo amor. A finales del a√Īo pasado decidimos rentar un apartaestudio y vivir juntos.

Nuestro nuevo hogar tenía todo nuevo, se respiraba alegría y amor. Héctor me consentía, me sacaba de paseo, me dedicaba canciones y me daba regalos muy bonitos.

Incluso, le encantaban las labores de la casa como barrer, trapear, lavar los platos, planchar y demás. En mi nueva vida me sentía plena.

Sin embargo todo cambió. Al poco tiempo de vivir juntos comenzaron las discusiones fuertes, los insultos y el maltrato físico y sicológico. No podía salir a la calle sola, nadie me podía llamar y menos visitar.

Controlaba todos mis movimientos, sabía cuanto contacto guardaba en mi celular; llamaba a mi familia para saber si había estado en sus casas a pesar de que yo le hablaba de las visitas, y le encantaba tirarme el pelo.

No me dejaba trabajar y me decía que quería tener mucha plata para que yo no hiciera nada.

Mi amor hacía él se convirtió en miedo, pero al mismo tiempo no le ponía atención, ya que pensaba que la rabia y los celos le iban a pasar.

Un día agarró una correa y me la puso en el cuello, casi me ahorca. Sentí tan cerca la muerte que recordé a mis dos hijos y decidí dejarlo.

Lo denuncié, armé maleta y lo abandoné. Duré varios días fuera de la ciudad y comencé a planear una nueva vida sola, pero él me buscó, me convenció y me envío el dinero de los tiquetes para que regresara. No soporté estar separada de él y regresé.

Siempre tuve el presentimiento de que algo me iba a pasar y para protegerme me volv√≠ igual que √©l. Fui agresiva, grosera, respondona. Mi frase diaria era ¬Ďme tiene mamada¬í.

En medio de las peleas y los ataques tenía esperanzas de que todo volviera a ser igual que antes y anhelaba que llegara el mes de noviembre, pues Héctor me iba a presentar a toda su familia.

Todo quedó ya en el olvido y con tanto dolor de cabeza que tengo por la bala que sigue en mi cráneo, ni lo recuerdo.

Además de perder a Héctor perdí un ojo y la oportunidad de vivir una nueva vida. A ese hombre lo amé tanto, aunque no se le expresara efusivamente.

A veces pienso que lo mejor sería volver con mi ex esposo, quien me tiene confianza y cree en mí. Se hizo el intento, la pasé rico y logré amar con todo mi corazón.

*Nombres cambiados por motivos legales

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