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Fobia a la tecnolog√≠a: ¬ŅUn problema de actitud o de bolsillo? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-06-27 05:00:00

Fobia a la tecnolog√≠a: ¬ŅUn problema de actitud o de bolsillo?

Cientos de personas se resisten a la cambio porque están cómodas con las herramientas de trabajo que saben utilizar y porque temen que no podrán asumir el reto de aprender a usar el computador, el celular o una Blackberry.
Fobia a la tecnolog√≠a: ¬ŅUn problema de actitud o de bolsillo?

Con la llegada del computador casi todas las m√°quinas de escribir terminaron en la basura o, en el mejor de los casos, en el cuarto de Sanalejo.

Sin embargo, esto no sucedi√≥ en la casa de Luis P√©rez, quiz√°s porque esta herramienta, obsoleta para muchos, es a√ļn su mano derecha en el trabajo que desempe√Īa todos los d√≠as como asesor tributario, diligenciando documentos legales, formularios y cartas.

Todos los d√≠as, con lluvia o sol, don Luis se ubica desde las 8:00 de la ma√Īana en el and√©n contiguo a la sede central del Ministerio de la Protecci√≥n Social con su kit: una mesita, un asiento, una sombrilla y, por supuesto, su m√°quina de escribir.

All√≠ espera junto a dos compa√Īeros a que lleguen los clientes, a veces escasos, no s√≥lo por la lluvia sino popor la vigilancia de la polic√≠a, que se encarga de proteger el espacio p√ļblico.

Tras 25 a√Īos de trabajo, don Luis explica que est√° pasando por una situaci√≥n complicada. De 20 clientes que se acercan a su puesto, 19 lo hacen para preguntar y s√≥lo uno realmente est√° interesado en diligenciar un papel, que en promedio cuesta 2.000 pesos.

Para él, un día bueno es cuando recibe cinco o seis pedidos, lo ideal para sostener a tres personas que viven por su trabajo.

Este hombre nunca ha manejado un computador y no descarta la idea de aprender alg√ļn d√≠a; claro que no ahora, porque no cuenta con los recursos para comprar uno o para pagar un curso en el que le ense√Īen c√≥mo manejarlo.

Además, porque la máquina de escribir es mucho más cómoda para él, la puede cargar a donde vaya y no necesita electricidad para ponerla a funcionar.

Como don Luis y sus clientes, existen miles de personas que se resisten a la tecnolog√≠a porque est√°n c√≥modos con las herramientas de trabajo que saben utilizar; porque el cambio les implica costos que no pueden pagar o porque temen que no podr√°n asumir el reto de aprender a computadores, celulares o un Blackberry, objetos que hoy d√≠a hacen parte de la rutina de j√≥venes y ni√Īos adictos a la tecnolog√≠a.

¬ďNecesito una Blackberry¬Ē

Hace tres meses Ingrid no tiene Blackberry y se siente desesperada. La empresa donde trabajaba como asesora comercial le dio una para facilitar la comunicación con sus clientes, pero tras su retiro de la firma se la quitaron.

En la nueva compa√Ī√≠a donde ahora trabaja, consideran que no la necesita para ser m√°s eficiente, algo que ella no comparte.

Para esta ingeniera, trabajar en el área comercial en una empresa de telecomunicaciones requiere de una conexión constante a Internet para revisar y enviar correos a sus clientes, especialmente cuando se encuentra por fuera de la oficina. El problema es que por ahora no puede costear un plan persona ni el valor de una Blackberry.

Aunque en el mercado las ofertas aumentan por la aceptación que han tenido estos equipos móviles, que hacen las veces de computadores portátiles, miles de personas no tienen la capacidad adquisitiva para asumir el costo del equipo  que se adquieren desde -$200 mil-, y menos para pagar un plan mensual de $60 mil.

Ingrid es ejemplo de una persona que no usa la tecnolog√≠a porque no puede costearla; se siente en desventaja frente a otros asesores comerciales que est√°n en la b√ļsqueda de clientes para sus empresas.

Tiene la certeza de que comprará una Blackberry en poco tiempo, cuando el pago del arriendo, sus gastos personales y la cuota de la universidad donde cursa una maestría, le permiten costearse esa necesidad.

¬ĎNunca es tarde para hacer click¬í

Pese a los m√ļltiples avances de la tecnolog√≠a miles de personas a√ļn desconocen c√≥mo funciona un computador.

Sin embargo, el ingeniero de sistemas Miguel Mart√≠nez cre√≥ el proyecto ¬ĎNunca es tarde para hacer click¬í, que busca que personas adultas se familiaricen con el uso de del computador e Internet.

En el a√Īo y ocho meses que lleva el proyecto en la sede central que queda en el sector de Chapinero en Bogot√°, han pasado personas desde los 40 hasta los 72 a√Īos, la mayor√≠a con un rasgo com√ļn: piensan que si tocan un computador lo pueden da√Īar.

Martínez explica que este temor en sembrado especialmente por los hijos u otros familiares cercanos. Por esto cree que es fundamental que las personas pierdan el miedo a explorar las herramientas del computador.

de esta forma podrán aprender a navegar por Internet, una de las prioridades del curso, teniendo en cuenta que muchos de los estudiantes del programa tienen hijos en el exterior y esta herramienta les puede servir para comunicarse forma fácil y económica.

Después de que las personas terminan las clases básicas tienen la opción de continuar la capacitación en Internet avanzado, el montaje de audios y videos, así como descargar archivos y de paso cómo interactuar en redes sociales como Facebook o Twitter.

No solo por la edad hay resistencia, seg√ļn Mart√≠nez, algunos se resisten a la tecnolog√≠a porque le temen al cambio, a lo desconocido, y sus experiencias lo confirman.

¬ďAlgunos periodistas que capacit√© ten√≠an una barrera, dec√≠an que ellos hab√≠an nacido para escribir y no para manejar computadores. Me llamaban hasta para prenderlo, pero tuvieron que acostumbrarse¬Ē, cont√≥ este ingeniero.

La idea de Miguel Mart√≠nez es que el programa ¬ĎNunca es tarde para hacer clic¬í se convierta en una fundaci√≥n, en la que se pueda atender a m√°s personas en todo el pa√≠s y que ellos aprendan a buscar y de paso a montar en la web la informaci√≥n que crean.

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