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“La inmortalidad está en el recuerdo” | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-07-04 05:00:00

“La inmortalidad está en el recuerdo”

El prototipo de una imagen pulcra, un aspecto estético, simétrico y organizado, nos acompaña hasta la muerte. Así lo evidencia en esta historia el tanatopractor Alirio Díaz, quien se  dedica al arte de manipular y arreglar los cuerpos sin vida.
“La inmortalidad está en el recuerdo”

Sonría, use el color adecuado, resalte sus rasgos, busque el vestido y el maquillaje que más destaque su belleza. Todo vale cuando lo que se quiere es impresionar; pero una vez se abandona la vida terrenal, la imagen cobra otro sentido y no es otro diferente al último recuerdo en la memoria de los seres queridos.

Por eso existen disciplinas como la tanatopraxia, que se encarga de cuidar el aspecto corporal hasta después de la muerte.
Lo confirma Alirio Díaz, de 45 años, quien desde hace 25 se ha dedicado a dar tratamiento a personas fallecidas para lograr una limpieza exhaustiva del cuerpo, evitar o retrasar su descomposición y finalmente, arreglar su aspecto.

Sin título de esteticista o asesor de imagen, este hombre engalana alrededor de 12 cuerpos por día en la Asociación de Funerarias de Santander, Afusan, lugar que recibe a cada persona que pierde la vida de manera natural o violenta en Bucaramanga y el Área Metropolitana.

Un arte con respeto

Son las 4:00 de la tarde y llega a las instalaciones de Afusan un carro de funeraria. El conductor se baja, abre la puerta del baúl y de allí saca en una camilla el cuerpo sin vida de una de 84 años, envuelto en un plástico blanco que en la superficie lleva adherido el certificado de defunción: murió el 24 de junio a las 7 y 37 de la mañana con 56 segundos en el Hospital Universitario de Santander, HUS.

Alirio Díaz asegura que las marcas de color morado que presenta en el cuerpo revelan que su muerte fue por un infarto. Una vez registrado su ingreso, la señora es llevada a los mesones de la sala de tanatopraxias que previamente fueron desinfectados con creolina.

Sin el plástico que la cubría y sin la bata color verde agua con la que salió del HUS, reposa desnuda sobre los fríos mesones de aluminio con orificios por donde salen los químicos utilizados en el proceso de limpieza hacía los conductos de drenaje.

Su rostro es el primero en recibir una transformación. Se introduce una cantidad considerable de algodón para rellenarle la boca hasta desaparecer la hendidura por la falta de su caja dental. Luego se sutura el orificio y se repite el mismo procedimiento por la nariz para resaltar los pómulos y darle una apariencia saludable. La idea de utilizar el algodón, según Alirio, es para recobrar los rasgos definidos.

Acto seguido, su entrepierna es perforada alrededor de siete centímetros para ubicar la arteria femoral. Ésta se corta, en un extremo se cierra con hilo quirúrgico  y en el otro se introduce la pinza que suministra dos litros de formol para que el cuerpo no se descomponga en las próximas 48 horas.

Luego, Alirio Díaz trabaja en el tronco de la mujer; hace una pequeña incisión de tres centímetros arriba del ombligo e introduce una pinza similar a las que se usan en una liposucción para extraer los últimos fluidos que habitan en su cuerpo, entre ellos la sangre. Finalmente, se rellena de algodón cada incisión y se sutura.

El cuerpo se limpia con cuidado. Se retira cada residuo producto de su estadía en el Hospital como sangre, vómito, deposición y cintas adhesivas. Su ritual de baño es igual al que ella tuvo en vida: agua, jabón y shampoo. Cada pliegue de su piel es secado con una toalla y su cabello es peinado.

Después de una hora la anciana está impecable y luce el vestido que escogió su familia para el funeral. Falta el toque de maquillaje para mejorar el especto de su rostro.

El procedimiento practicado a esta mujer es el mismo que cumple cualquier persona que fallece de manera natural. Alirio Díaz asegura que antes simplemente se limitaba a extraer vísceras y pagaba a un sepulturero para que las enterrara.

“Inyectaba el formol con una jeringa de aguja ganadera en el abdomen, la caja toráxica y la cara; le echaba polvitos y se arreglaba. Así era como se embalsamaba un cuerpo; ahora esto ha evolucionado mucho”, testifica.

La autopsia

El procedimiento es diferente cuando el cuerpo pasa primero por una autopsia. Según Díaz, ellos reciben de manos de los tanatólogos de Medicina Legal el cuerpo al que se le ha hecho un respectivo análisis para saber la causa de la muerte.
Después, él o sus otros tres compañeros, que cumplen un turno de trabajo de 12 horas, descansan 24 y vuelven al oficio en el que ganan $1’050.000, retoman el proceso.

De acuerdo con la versión de los tanatopractores, la mayoría de los cuerpos que han pasado por autopsia corresponden a muertes en accidente de tránsito y homicidio, causas que dejan en Bucaramanga y el Área Metropolitana 27 muertes en las vías y 83 fallecidos por muertes violentas, sólo en el primer semestre del año, según las autoridades.

“Cuando el cuerpo llega de Medicina Legal debemos soltar las suturas y abrirlo de nuevo para limpiarlo por dentro, pues debido al estudio que deben hacerle, lastiman algunos órganos”, dice Alirio.

El cuerpo debe abrirse desde la cabeza hasta la parte inferior del vientre, incisión que ya fue hecha por Medicina Legal. Sus órganos internos, desde la lengua hasta el intestino, se extraen, se limpian y se conservan en formol mientras la pinza extractora cumple el proceso de succionar los líquidos.

Se limpia con algodón cada residuo y se seca.  Según el más antiguo de los tanotopractores de Afusan, Alirio Díaz, el proceso puede extenderse hasta tres horas.

Un cuerpo con las características expuestas requiere hasta cuatro litros de formol para conservarse y si debe ser trasladado a otra ciudad, la cantidad aumenta a siete litros.  

Los órganos extraídos retornan al cuerpo, limpios, en una bolsa sin amarre. Se cierra la sutura y en ese momento se repite el procedimiento de limpieza que recibió la señora Rosa María Flórez.

El arreglo personal

Un kit de maquillaje surtido con polvos faciales, base, lápiz de ojos y de cejas, pinta labios, rubor, gel y hasta pestañina, está listo para transformar y darle vida al cuerpo.

A esta parte del proceso se le conoce como tanatoestética. Cada pliegue se repasa con maquillaje para tapar cualquier imperfección. Así queda listo para pasar al cofre. “Hasta ahí llega la responsabilidad de nosotros”, dice Alirio.

La familia de la muerta la espera en la funeraria, a lo mejor con rezos, lágrimas y mensajes de solidaridad. Pero Alirio sabe que todos querrán recordarla como fue o por lo menos como la vieron por última vez.

“Ellos tuvieron la misma vida que nosotros, siguen siendo seres humanos y tenemos una responsabilidad grande para que sus familiares lo recuerden radiante. Tal vez por eso nos atrevemos a afirmar que la inmortalidad para ellos está en el recuerdo”.

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