Los ocho años de Doña Lina | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-07-05 05:00:00

Los ocho años de Doña Lina

Aunque la gente haya querido rodearla de misterio, de ella no hay nada que sospechar. Tímida y sencilla, tal vez. Sobria pero reflexiva, de seguro. Auténtica y espontánea como ninguna. Temprano pidió que no la llamaran Primera Dama e introdujo en el lenguaje reverencial con que nos referimos a nuestras autoridades, el concepto más simple pero lleno de contenido de ‘gestora social’. Así prefería llamarse y así fue en la realidad.
Los ocho años de Doña Lina

Gestionaba cuanto estuviera a su alcance. Se comprometía sólo con aquello que de verdad pudiera cumplir. Fue respetuosa con todas las oficinas del gobierno, sin sobrepasarse o reclamar su cercanía con el Primer Mandatario.

Con las respuestas que daba a las miles de peticiones que llegaban todos los días a su despacho, aprovechó para enseñarle al ciudadano el funcionamiento del Estado, la oficina adecuada para tramitar una solicitud, los derechos que le asistían como colombiano y la ausencia de funciones jurídicas o constitucionales de la oficina a su cargo, que si acaso contaba con dos secretarias y una asistente personal, como prueba de su desapego por las burocracias innecesarias.

Su agenda se la impuso ella misma. No seguía libretos. Fue a cuanto evento social le nació asistir y rechazó aquello que no le pareció interesante o cuya presencia simplemente sobraba.

Estoy seguro de que si le hubiera pedido permiso para escribir esta columna, me habría dicho que no le gastara tinta a hablar de ella cuando hay miles de temas que ameritan un espacio en los medios. En momentos en que la prensa del corazón habla de lo que Doña Lina sintió y vivió a lo largo de estos ocho años, algunos vemos la necesidad de contar lo que el país experimentó con su presencia en la Casa de Nariño.

No busquen sus acciones en las ciudades grandes. Si alguien quiere saber lo que hizo Lina de Uribe por Colombia, tendrá que llegar al país profundo; a los municipios a los que el Presidente no llegaba tan fácil,  en las comunidades más pobres y apartadas y con los alcaldes y ‘gestoras sociales’ de pequeñas poblaciones. Pregunten, por ejemplo, en el Magdalena Medio o váyanse un buen día al Chocó y a La Guajira.

Doña Lina viajó todas las semanas por el país, no en plan de placer y recreación sino para conocer a fondo la problemática social y ofrecer soluciones que estuvieran realmente a su alcance. El país le debe mucho y su sucesora no tendrá más remedio que continuar con una tarea que aunque invisible para muchos fue redentora para tantos más. No tuvo necesidad de contar nada. Simplemente hizo lo que pudo y algo más. Gracias por todo, también a usted, Doña Lina. Gracias, de verdad…

 

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