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Rosa, la cubana | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-07-05 05:00:00

Rosa, la cubana

Rosa, la cubana

Por todo eso y porque Barcelona es Barcelona, no podía faltar en esta ciudad encantadora, una cubana y que esa cubana me cortara el cabello que hacía meses no sabía de tijeras ni de olores a peluquerías. Rosa, así se llama la mulata cubana y que llegó a España hace 4 años con una hija y un marido español o mejor catalán, que se la trajo como su amor, como su dicha. Mientras me corta el cabello, pienso en aquella canción que dice: “La boca de las mujeres de la Habana es dulce...” y le miro la boca y pienso que la canción debe tener razón. Dulce no solo debe ser su boca, sino su alegría que le brota (con crítica) de su cuerpo. Dice que olvida los rostros, pero no las cabezas (otra sabiduría), reconocer el cliente por la cabeza, por su forma, por sus cabellos no por la cara ni por los ojos, sino que su memoria se ha habituado a reconocer la forma del cráneo con su mano, que, corta con rapidez el cabello y mientras conversamos sobre su venida, sobre su estadía aquí, de sus horarios, de su hija y no menciona para nada a su Cuba, ningún comentario sobre la isla.

De pronto, susurra una habanera y esa canción que dice “que las tinieblas desaparecieron desde que estás tú en mi corazón afligido...” Ama a España y ama a su Barcelona, comenta que aquí ha podido trabajar y mantener su hija, que trabaja hasta los domingos, pero que descansa 2 días la semana y como buena cubana ese descanso lo utiliza para el esparcimiento con su familia.

Sigue después otra habanera y así, entiendo, porque hacen cola los hombres, porque su voz con ritmo nos hace sentir felices ante tanta desdicha a la que estamos acostumbrados.

Afuera ya es tarde y acaba de pasar la marcha de los catalanes que quieren ser nación (siendo nación un concepto cultural), quieren que se les reconozca como ciudadanos diferentes, pero entonces España se puede fragmentar en miles de regiones que tienen idioma propio como los vascos.

Atrás quedó en la memoria de Rosa, mi cabeza y en la mía, sus habaneras y su alegría y atrás, quedan las piernas de la mujeres de Barcelona que sostienen un mundo y más.

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