Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-09-09 00:37:18

Palabras Inútiles

Todos los pueblos son desmemoriados, unos más que otros, en la medida en que el poder necesite manipular o anular la realidad, mejor dicho la verdad.
Palabras Inútiles

Resulta curioso que haya necesidad de recordar, de manera insistente, sistemática, continua, por ejemplo, que el Holocausto de los judíos ocurrió por cuenta del totalitarismo nazi. Algunos pretenden negarlo y es delito hacerlo en Alemania. También es delito recordar otros, como el genocidio armenio por parte de los turcos. Controlar la memoria es problema crucial de los regímenes autoritarios y fascistas.

Dice Tzvetan Todorov –crítico literario, historiador,  filósofo y auténtico humanista- en su espléndido libro Memoria del mal, tentación del bien– que “las tiranías del siglo XX sistematizaron su dominio sobre la memoria e intentaron controlarla hasta en sus más secretos rincones.” Muchas novelas–algunas ya clásicas- han tratado este mal del siglo; como 1984, de George Orwell; Vida y destino de Vassili Grossman; Las benévolas  de Jonathan Littell, o Archipiélago Gulag de Alexandr Soljenitsin. Los métodos más comunes para controlar la circulación de la información son –dice Todorov-: la desaparición de las huellas, la intimidación de la población –incluso con el uso del terror-, el uso del eufemismo y la neo lengua, y la simple y llana mentira. Hacerlo requiere el uso total o parcial del aparato de Estado, en particular del gobierno.

No estamos en un régimen totalitario, pero tenemos preocupantes rasgos de familia, pues no hay duda de la manipulación de la información y de la memoria que se impulsan desde la propia Casa de Nariño, con ayuda eficaz de los medios; pues nunca un gobierno ha mentido tanto como el actual. Por eso es importante apoyar la llamada Semana de la Memoria, que se realizará del 9 al 16 de setiembre, pues es obligatorio protegerse de la desaparición del pasado, y es inexcusable  que la crítica publicada en los medios no cese en su función de vigía contra el olvido y la manipulación. Como dice Edward Said, es una responsabilidad pública de escritores, e intelectuales.

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