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Colombia gritó ‘libertad’ en el Socorro | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-07-11 02:47:00

Colombia gritó ‘libertad’ en el Socorro

Diez días antes de que Colombia firmara su independencia en Santafé, este pueblo de Santander logró antes que todas las provincias su cometido: enfrentar a las tropas españolas, acorralarlas y obligarlas a firmar la primera Acta Constitucional de la historia de nuestro país. El Convento de los Capuchinos, edificación que aún existe, fue el punto de la disputa.
Colombia gritó ‘libertad’ en el Socorro

Aunque para algunos estudiosos de la historia nacional los hechos que llevaron a Colombia a liberarse del dominio español desde tierras comuneras son vistos como algo secundario, documentos escritos y dejados por los propios revolucionarios de hace 200 años demuestran todo lo contrario.

El Socorro, que en 1810 era provincia de la Nueva Granada, fue la primera en enfrentarse al ejército español al mando del Corregidor (un enviado por el rey que tenía casi las mismas potestades que el virrey), José Valdés Posada, y del teniente coronel Antonio Fominaya, y gritar “libertad”.

Fue protagonistas, el 9 y 10 de julio de 1810, un grupo de 13 hombres entre los que figuraban José Lorenzo Plata, Juan Francisco Ardila y Miguel Tadeo Gómez, primo de José Acevedo y Gómez, quienes luego de avivar el grito de libertad, firmaron en el Convento de los Capuchinos, el 15 de agosto de 1810, la primera Acta de Independencia que se redactó en la Nueva Granada.

Aprecie cómo fue la batalla del 9 y 10 de julio de 1810 en el Socorro.

Teniente Antonio Fominaya
En 1809 fue designado por el virreinato como Comandante de la Guarnición del Socorro y provenía de Toledo, España. Luego de los hechos del 9 y 10 de julio de 1810, fue trasladado a Quito, Ecuador, y en 1816 volvió como jefe de armas al Socorro. Finalmente, regresó a la ciudad de Cúcuta y se marchó a España, tras de renunciar al ejército por continuas enfermedades. Existe en el Socorro la Quinta Fominaya, una casa campestre que durante muchos años fue la residencia del militar.

Corregidor José Valdés Posada

Poco se conoce del destino de este hombre luego de 1810. El rey Carlos IV fue el encargado de nombrarlo Corregidor del Socorro a finales de 1808. Junto a Fominaya contribuyó a la captura de varios patriotas, a quienes diariamente les imponía nuevas reglas y normas. Cuenta la historia que regresó a tierras españolas en 1823 luego de militar en Guatemala. Murió siendo viudo y padre de 5 hijos.

La disputa por lo sagrado

En el olvido. Así se encuentra el Convento de los Capuchinos, en el Socorro, uno de los inmuebles más importantes del departamento y del país, testigo de la lucha libertaria y de la primera independencia que se dio en Colombia.

Luego de servir como sede de instituciones educativas e iglesias, y de que el pueblo gozara de sus instalaciones por más de 200 años, la historia parece cobrarle su participación en la revolución.

Le otorgó un dueño inesperado, el Hospital San Juan de Dios del Socorro, que un día simplemente fue invitado para atender los menesteres de la guerra en sus instalaciones.

Este centro hospitalario (que permaneció en el Convento por cien años y que lo abandonó en 1984 al pasar a una nueva sede), como varios de la región quedó en el recuerdo luego de ser liquidado en 2007 durante la administración del ex gobernador, Hugo Eliodoro Aguilar.

El déficit de la institución ascendió a $10 mil millones y que en menos de un año alcanzó más de 80 demandas laborales, fue la razón de su clausura.

Sin embargo, eso no dejó libre al Convento de los Capuchinos ni lo devolvió a la comunidad, quien finalmente ha velado por sus instalaciones desde 1775  cuando se inició su construcción.

Tras la ‘muerte’ jurídica del San Juan de Dios, el Convento fue entregado por la Administración Departamental en comodato a la Universidad Industrial de Santander. La UIS, hasta ahora, sólo ha ocupado los terrenos traseros del Convento. Según conocedores del tema, el alma máter invirtió casi $8 mil millones en aulas y equipos.

No obstante, la parte histórica del lugar, los salones, jardines y pasillos testigos de la lucha por la independencia; los ventanales y la torre de donde colgaron los cuerpos del ejército español y los socorranos la noche del 9 de julio de 1810 quedaron intactos, es decir, deteriorados y abandonados.

¿Lucha por el patrimonio?

Tras enterarse que en la liquidación del Hospital el Convento debía ser vendido para saldar cuentas y que el abogado liquidador ofrecía el inmueble a cualquier postor, sin tener en cuenta su importancia histórica, la Alcaldía del Socorro y varios ciudadanos interpusieron una demanda para evitar su venta.

La disputa por conservar el Convento de los Capuchinos ya completa dos años. Lo favorable, según la Alcaldía del Socorro, es que el ‘liquidador’ entregó la venta de los predios a la Gobernación quien debe decidir el futuro del centro histórico.

Mientras esto ocurre, la Diócesis de San Gil lo revivió abriendo desde hace varios años la Capilla de Santa Bárbara, con casa cural y vivienda para el párroco, quien además cuida la deteriorada edificación.

La comunidad no perdió la costumbre de recaudar fondos realizando bazares, rifas y fiestas para conservarlo, a pesar de que no figura en ningún documento que sea de su propiedad.

Las luchas jurídicas, que dejan en segundo plano al Convento, parecen desgastar no sólo a los implicados (Gobernación, Alcaldía, UIS, Iglesia y comunidad) sino a la edificación, que requiere una pronta recuperación y recursos del Estado para su conservación.

En la búsqueda de un dueño

Constantino Tami, secretario general de la Gobernación, asegura que el Departamento tiene en su poder el Convento desde 2009. Él ve con buenos ojos que la Alcaldía reclame el bien, sin embargo, “queremos entregárselo a la UIS porque tienen la experiencia y la capacidad para administrarlo y  conservarlo”.

El párroco de la Capilla de Santa Bárbara, Óscar Pérez, no descarta que el lugar pase a manos de la Diócesis de San Gil. “Esperamos que la Gobernación nos de vía libre para asumir el lugar”.

La Alcaldía del Socorro, en cabeza de Humberto Chinchilla, asegura que su intención no es enfrentar ni a la Gobernación ni a la iglesia, pues según él “todos queremos lo mismo, conservar el lugar”. Además,  “esperamos que el lugar pase a manos de la UIS, pues ellos han hecho una inversión grande que no deben perder”, añade Chinchilla.

El historiador Armando Martínez Garnica, expresa que el único doliente de esta bien cultural es el Concejo Municipal. “Ellos, en términos históricos y políticos, deben meterle la mano. La Gobernación debe buscar un acuerdo para que vuelva a su legitimo dueño que es el pueblo”, concluye.

Línea de tiempo

Antes del gritode libertad

26 de mayo de 1810
Tropas criollas enviaron un mensaje al Teniente Coronel Antonio Fominaya pidiendo explicación por el traslado de armas desde la Casa de Gobierno que habitaba el Corregidor José Antonio Valdés a los cuarteles.  

30 de junio de 1810
Al Cabildo y al pueblo llega el rumor de que existe una lista negra en la que se les señalan a barrios socorranos de revolucionarios.

3 de julio de 1810
El pueblo no soporta la presión del Corregidor José Valdés, quien niega la solicitud de pólvora y armas al pueblo.

8 de julio de 1810
En cartas enviadas por rehenes se conoce que el Corregidor Valdés busca asesinar a los mejores hombres del Socorro, y que se tienen listas tres largas cadenas para conducir a cerca de 44 hombres a rendir cuentas a otras provincias.

9 de julio de 1810
Ciudadanos de Barichara, Cabrera, Simacota, Palmas del Socorro, Páramo, Pinchote y Confines emprendieron su marcha hacía la Villa del Socorro para respaldar a sus vecinos  Con machetes de labranza, lanzas, piedras, hierros y hondas.

LISTA

El Convento de los Capuchinos en la historia

- Fue construido en los terrenos donados por Salvador Plata, capitán de Los Comuneros y quien entregó a José Antonio Galán a los españoles.

- En 1775 se comenzó su construcción. Después de 20 años, en 1795, fue inaugurado con grandes festividades.

- La comunidad del Socorro entregó dinero y trabajo gratuito para la construcción del lugar tras ser obligados por los españoles.

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