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Acuerdo por las víctimas y por lo pobres | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-07-18 05:00:00

Acuerdo por las víctimas y por lo pobres

Acuerdo por las víctimas y por lo pobres

La decisión de varios ex secuestrados de demandar al Estado por el plagio del que fueron objeto anticipa para el Estado efectos similares considerando el número de víctimas y el monto de las pretensiones. No hay que olvidar que diversos tratadistas han señalado que la responsabilidad patrimonial del Estado se basa en la ocurrencia de un daño que no le corresponde “soportar a la víctima” y que para determinar su existencia es irrelevante la forma cómo actuaron las autoridades.

Estas reclamaciones compiten entre otras con las condenas al Estado por las masacres de los grupos armados ilegales. Paralelamente, la ley de víctimas que impulsó el Partido Liberal se cayó con base en argumentos presupuestales y la Corte Constitucional cuestiona periódicamente a Acción Social respecto a la atención de los desplazados.

Este escenario impone la necesidad de poner a funcionar la idea del acuerdo nacional, tan en boga últimamente. Colombia tiene que adoptar una política razonable para atender esta situación so pena que el Estado no logre indemnizar los hechos del pasado ni actuar eficazmente en el presente.

Entre tanto, la prioridad de la sociedad debe ser la atención a las poblaciones menos favorecidas, y priorizar aquellas víctimas de la violencia. Este es un camino que puede comenzar a recorrerse sin necesidad de marco legal alguno; es el sendero de la ética y la moderación, que siguió Ingrid Betancourt al retirar su solicitud y que deberían tomar aquellos que, siendo víctimas, cuentan con recursos suficientes para llevar una vida digna. Lo anterior, sin renunciar a la verdad, la justicia y a formas no patrimoniales de reparación.

Quienes critican que las indemnizaciones a las víctimas de la violencia saldrían, en parte, de los impuestos olvidan que la sociedad debe asumir ciertos costos de la acción u omisión estatal, especialmente cuando nuestros índices de pasividad política y abstención electoral son altos. Nuestro voto o la abstención definió los gobernantes y nuestra complacencia o pasividad permitió que prosperaran ciertas políticas cuyos resultados comprometen la responsabilidad del Estado.

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