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La “guayaberización” del frac | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-07-23 05:00:00

La “guayaberización” del frac

La “guayaberización” del frac

El carácter desfachatado del caribeño lo lleva a cargar con sus costumbres a donde vaya, con una ingenuidad que da risa. Cuando Bogotá era fría, los “calentanos” sobresalían frunciéndose entre temblores; y, sin embargo, seguían en “mangas de camisa”. La guayabera, cuabana, yucateca y también cartagenera, tuvo ascenso social primero en Cuba, donde ingresó incluso al palacio de gobierno en los años 40 con el presidente Grau. Recientemente se insertó en el protocolo costeño, desde que Gabo recibió el Nobel ataviado como un “caribeño” puro. Aunque en Cartagena las ceremonias eran, hasta hace poco, de riguroso smoking, la guayabera está entronizada. La usan los jefes de Estado, los magnates y hasta Uribe, al que no le queda ni la guayabera, ni el frac; quizás si prueba la sotana con carriel…

Los bumangueses genuinos, sobrios y más “cachachos” que costeños, usaban el frac en ceremonia y la corbata para la austera formalidad. Los campesinos santandereanos, se visten todavía de pantalón negro y camisa blanca para “ocasión”. Sin embargo, la guayabera, ascendida ya, se hizo una alternativa cómoda para el diario. Viene a la mente la patriarcal estampa de Edmond Saibi con impecable guayabera en su consultorio médico.

Ahora el propio Club del Comercio organiza su tradicional fiesta nocturna de aniversario, en guayabera. La invitación aclara, “manga larga, blanca o beige, pantalón oscuro, no jean”.  Las advertencias para evitar que el atuendo, por ajeno a los de acá, de lugar a una fiesta de disfraces, mezclado, por ejemplo, con la advenediza chancleta; los frescos del maestro Rodriguez Naranjo no merecen tratamiento de afiches de caseta.

Ya la expansión del Magdalena Medio hacia Bucaramanga ha dejado secuelas en la arquitectura de la ciudad -antes sobria y racionalista-; la colonización paisa empieza a dejar cicatrices en las prácticas mercantiles -antes escuetas y sin embauques-.  Ejerzamos sin pena nuestro talante y, aunque permeables al mundo, no permitamos que la influencia foránea nos lleve a lugares y usos incompatibles con nuestro carácter o, lo que es peor, nos deje en el medio del colapso del buen gusto, el destierro de la santandereana sobriedad, desposeídos de nuestra identidad.

 

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