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Gracias a estudiantes de la UMB quedó libre | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-07-25 16:07:49

Gracias a estudiantes de la UMB quedó libre

Manuel Mena, de 59 años de edad, estuvo preso por un delito que jamás cometió. Su historia, que parece tomada de los libretos de una telenovela, no sólo está inspirada en la vida real; además, es tomada como un claro ejemplo de las ‘mil y una injusticias’ que ocurren en el país del ‘Sagrado Corazón’.
Gracias a estudiantes de la UMB quedó libre

Desde hacía poco más de 36 meses, el incauto hombre estaba recluido en la penitenciaría de La Picota. Un juez lo condenó a 16 años de cárcel por el supuesto delito de homicidio agravado.

 

El Juzgado Promiscuo de Yolombó, Antioquia, profirió la sentencia en su contra al hallarlo responsable de un crimen ocurrido en 1988, en el municipio paisa de Vegachí.
La sentencia daba cuenta de que, Mena habría asesinado con un hacha a un minero llamado John Jairo Cruz Cardona.

Testigos de la época aseguraron que el supuesto asesino se llamaba Manuel Mena, quien era de raza negra, tenía dentadura postiza y, además, en su rostro se registraba una cicatriz ocasionada por una quemadura.

A lo largo del proceso penal que buscó dar con la identidad del culpable, varios testigos coincidieron en decir que este hombre, de apellido Mena, habría sido el homicida y que él huyó para escapar de la justicia.

Con tales datos, el Juzgado de Instrucción Criminal de ese tiempo le solicitó a la Registraduría un informe detallado de cuántas personas con el nombre de Manuel Mena estaban referenciadas en sus archivos.

El informe oficial referenció a dos ciudadanos: uno de ellos, por la edad, no podía ser el responsable del asesinato; y el segundo resultó ser el protagonista de esta historia.
Mena, según el relato del joven abogado que tomo su defensa, sólo se enteró de la condena en su contra en junio de 2007, cuando fue capturado al llegar a la terminal de
transportes de Bogotá, proveniente de Cartagena.

Pese a que el hombre se declaró inocente y que incluso su apariencia física no correspondía del todo a la detallada por los testigos del hecho; hubo un rasgo que al final fue tomado como prueba para su definitiva condena.

¿Cuál era?

En el documento de identificación de este hombre se leía una anotación sobre la existencia de cierta cicatriz en la parte derecha de su rostro. Y aunque la marca era mínima y no correspondía a ningún tipo de quemadura, Manuel Mena finalmente fue juzgado y condenado.

Después de 36 meses en prisión, el caso llegó a oídos de los estudiantes del ‘Proyecto Inocencia’, que lidera la Facultad de Derecho de la Universidad Manuela Beltrán, UMB, en toda Colombia.
Este centro de educación superior, por medio de su consultorio jurídico, investiga estados legales de personas condenadas por delitos que, según ellas mismas, no cometieron.

Los alumnos han considerado estos juicios como una especie de ‘segunda oportunidad’ para los reos y para que los jueces puedan revisar veredictos tomados en el pasado.

Según Jaime Luis Gutiérrez Giraldo, rector de la UMB, Seccional Bucaramanga, “los estudiantes de Derecho, con la asesoría de sus docentes y demás expertos, se ponen
en la tarea de analizar los casos y averiguar si los condenados son o no inocentes”.

En el caso de Manuel Mena, los jóvenes lograron demostrar que el acusado sí tenía razón al decir que no había matado a nadie.

“Lo primero que hicieron los estudiantes, después de conocer el testimonio del ‘reo’, fue verificar que sus rasgos físicos no correspondían a lo declarado por los testigos del delito del que se le acusaba”, relató Gutiérrez Giraldo.

Además, dijo el directivo de la UMB, “los alumnos también comprobaron que Manuel Mena nunca había trabajado como minero y que, además, su dentadura era natural y que ni siquiera conocía el municipio de Vegachí, donde ocurrió el homicidio”.

Así las cosas, se instauró una tutela contra la sentencia judicial para demostrar que Manuel Mena estaba sufriendo un ‘perjuicio irremediable’, pues era evidente que no era la persona que debió ser condenada.

Al error en el que incurrieron los jueces de instancia, “se sumó la contundencia dada por las tarjetas ‘dactilares’, las cuales comprobaron que las huellas en el arma utilizada por el asesino no eran de Mena”.

En el nuevo fallo que ahora emitió la Corte, se señaló que “el juez de conocimiento no tuvo en cuenta la información de la Registraduría y omitió verificar la coincidencia de características específicas del homicida con la tarjeta dactilar del señor Manuel Mena, configurándose un defecto fáctico como requisito de procedencia de esta acción de tutela contra la sentencia condenatoria”.
Y después de tres años de prisión, Manuel Mena fue dejado en libertad, durante la noche del pasado viernes. Por supuesto que la Corte también le ordenó a la Fiscalía General de la Nación adelantar la investigación correspondiente para determinar la plena identidad del autor del delito de homicidio, perpetrado en la persona de John Jairo Cruz Cardona.

Manuel Mena, quien pasó de manera injusta tres largos años en la cárcel de La Picota, ahora podría ser indemnizado con una suma que llegaría hasta los $1.000 millones, tras comprobarse su inocencia. Sin embargo, ningún dinero le volverá el tiempo perdido, dijo esta nueva víctima de la justicia colombiana.

Y pese a que podría ser remunerado este incauto hombre, el anterior es sólo uno de los cuatro casos de inocencia que han logrado demostrar los alumnos de la UMB. Y en todos ellos, ha quedado claro que, en muchas ocasiones, en las cárceles de Colombia, “no están todos los que son ni son todos los que están”.

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