Mi larga temporada en el infierno | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-07-25 18:18:33

Mi larga temporada en el infierno

Un mes despu√©s de su liberaci√≥n, el general Luis Herlindo Mendita hace un relato de su secuestro y habla de su renacer despu√©s de su liberaci√≥n. ¬ďMe gustar√≠a concluir diciendo que estamos llegando al final, pero decir eso es muy complicado, porque un solo hombre puede hacer actos de terrorismo y el narcotr√°fico es un demonio que deja mucho dinero¬Ē.
Mi larga temporada en el infierno

La noche del 13 de junio de 2010 estaba vivo y libre. Desaparecieron los rasgos de sufrimiento que dejaron en m√≠ estos 12 a√Īos en el infierno. El dolor se fue de repente cuando vi ese d√≠a la euforia de mi familia, la alegr√≠a de mis hijos Yenni y Jos√© Luis, de mi esposa Mar√≠a Teresa (ver foto), que guard√≥ por tanto tiempo su amor intacto, y hasta mis pertenencias m√°s insignificantes. Verlos a ellos y a mis padres vivos, ha sido el mejor obsequio de cumplea√Īos que pudieron haberme entregado Dios, la Virgen y el Ej√©rcito Nacional.

El amanecer de esa primera noche nos sorprendi√≥ hablando, mir√°ndonos la cara. Afuera, los medios quer√≠an saberlo todo de esos a√Īos de secuestro. ¬ŅC√≥mo enferm√©? ¬ŅC√≥mo dorm√≠a? ¬ŅQu√© se siente hablar con un hombre como ¬ĎJojoy¬í? ¬ŅNos maltrataban? ¬ŅEs verdad que el d√≠a de mi rescate cumpl√≠a a√Īos? En fin.

Si comprendieran que fueron ellos, los medios, el hilo conductor con nuestros seres queridos, que escuchar diariamente por la radio a nuestras familias, sus mensajes, era como una vitamina, una píldora de resurrección, un suero, era sentir sangre nueva, era un alimento muy grande que no se puede valorar.

Por la radio, los secuestrados fuimos testigos de la fe interminable de nuestras familias.

Desde las seis de la tarde hasta las seis de la ma√Īana la radio era nuestra √ļnica compa√Ī√≠a, porque las noches eran fuertes. Lo √ļnico bueno era la luna, que ten√≠a su encanto. Uno pensaba que la misma luna iluminaba a la familia y que ambos, mir√°ndola en ese momento, cre√°bamos un contacto de oraci√≥n.

Hoy, con apenas un mes de libertad, a√ļn no me acoplo al nuevo mundo. Acostarme en una cama tras tantos a√Īos de secuestro no tiene comparaci√≥n. Es volver de la muerte a la vida, aunque no me he adaptado a esa superficie blanda, poco a poco lo estoy haciendo.

Cuando estaba en cautiverio, much√≠simas veces so√Īaba con la libertad y al despertarme era una frustraci√≥n inmensa, la selva segu√≠a ah√≠ con sus infrahumanas condiciones, inm√≥vil como estaba y sin posibilidades de salir.

Pero saben, después de la libertad no he tenido esa sensación. Desde que vi el casco del soldado del Ejército que llegó a rescatarnos no he tenido pesadillas de volver al cautiverio ni decir que de pronto me despierto y tengo miedo de pensar que la selva sigue ante mis ojos. Todo lo contrario, me despierto sabiendo que estoy en casa, con mi familia.

La liberación

El d√≠a de la liberaci√≥n, que fue el de mi cumplea√Īos, comenz√≥ como cualquier otro. Nos despertamos a las seis de la ma√Īana y recibimos el mismo tinto que ya me sab√≠a a 12 a√Īos de reserva, como el vino a√Īejo.

En el secuestro todo es esperar, esperar el mismo desayuno (caldo de pasta, arepa y chocolate), el mismo almuerzo, la misma comida, tan la misma que ni siquiera recuerdo qué era; la misma noche, nada más.

Al medio d√≠a le preguntamos a alias ¬ĎChucho¬í que si pod√≠amos hacer algo especial por ser mi cumplea√Īos. √Čl accedi√≥ y justo cuando hablaba con el carcelero se escuch√≥ el primer disparo.

- ¬°Qu√© pasa!, dijo alias ¬ĎChucho¬í

Salí corriendo cuando empezó el aguacero de ráfagas. Me tiré al piso, me arrastré hasta mi cama y me escondí debajo de unos palos grandes de palma, en un hueco. Pasaron minutos y minutos cuando detecto que por entre la manigua sale un casco.

Pensé inmediatamente que era un soldado y que no se trataba de un combate entre los mismos guerrilleros, como pasó con los diputados, porque la guerrilla no usa cascos.

Yo estaba atento, mirando el lugar por donde huyeron los terroristas, porque pueden volver y ejecutarlo a uno. A Dios gracias, vi el casco. Le hice varias se√Īales al soldado, √©l me pidi√≥ que me acercara y como no estaba encadenado, por mi salud, me arrim√≥ hacia ellos, no sin que antes tomara en mis manos la foto de mi familia y mi diario de apuntes. Luego les grit√©: ¬°Soy secuestrado!
Cada uno ten√≠a su plan. (Arvey) Delgado y (William) Donato, que tienen bien f√≠sico, salieron corriendo. (Luis Enrique) Murillo ten√≠a un hueco en el riachuelo y ah√≠ esper√≥. El menos preparado era yo. Ese d√≠a los siete metros de cadena con los que dorm√≠a quedaron all√°. Es dif√≠cil relatar hoy la forma como nos rescataron, porque siempre fue el pensamiento que tuvimos en la cabeza ¬ŅC√≥mo lo har√°n? ¬ŅNos liberar√° la guerrilla?

Estoy renaciendo, como L√°razo; es decir, ahora tengo oportunidad de celebrar dos veces mi nacimiento, si Dios lo permite. Ahora el silencio absoluto existe. En la selva todo es ruido. Hay animales nocturnos y diurnos que se comunican a cada rato; llueve, truena, el pl√°stico sonaba con la caida del agua. ¬°A veces provocaba gritar!

As√≠ fue casi todo el tiempo, por ejemplo en la zona del despeje (San Vicente del Cagu√°n, Caquet√°) hab√≠a unos enmallados con alambre de p√ļa. Ah√≠ las condiciones eran peores, est√°bamos todos m√°s pegados. En esos casos el agua era bombeada y a veces mandaban muy poquita y uno no alcanzaba a ba√Īarse o a lavar la ropa.

Pero eso no era lo peor. Como esos sitios eran bien encerrados, evacuar las necesidades fisiológicas de noche era un martirio.

Los secuestrados se veían obligados a utilizar diferentes recipientes, bolsas, tarros, botas, y durante la noche el hedor era insoportable.

Durante el secuestro

Recuerdo cuando me entrevist√© cara a cara con ¬ĎEl mono Jojoy¬í. La primera vez fue en el Cagu√°n y me inform√≥ que ser√≠a el √ļltimo en salir del canje. Era muy fuerte, robusto, ten√≠a mucha gente de escolta, con bastante armamento.

Meses despu√©s fue en unas pruebas de supervivencia con los pol√≠ticos; ah√≠ estuvo √©l mientras nos grab√≥ el periodista Jorge Enrique Botero. En esa oportunidad lo vi con menos gente. Luego fue cuando est√°bamos a√ļn los 38. Estaba solo. Nos vio, no dijo nada, dio una vuelta y se fue. Desde entonces (los √ļltimos seis a√Īos), no lo volv√≠ a ver, pero s√© que los a√Īos est√°n haciendo su trabajo.

Otro momento importante durante mi cautiverio fue el nacimiento de Emmanuel, el hijo de do√Īa Clara Rojas. Nos dividieron para eso en dos grupos. Yo no estaba con Ingrid y Clara. Cuando naci√≥, los polic√≠as y soldados hicieron algunos elementos para el ni√Īo, como en un ¬Ďbaby shower¬í.

Lo malo de todo fue que las cositas debieron ser entregadas al guerrillero que lleva los elementos y la guerrillera que ten√≠a a su cargo el beb√©. En una oportunidad fue llevado al lugar donde est√°bamos los del otro grupo. Lo pude alzar. ¬°Ver a un ni√Īo despu√©s de tantos a√Īos es sorprendente!

Todos pensamos que la guerrilla la llevar√≠a a un centro de atenci√≥n o la liberar√≠a, pero no fue as√≠. El ni√Īo naci√≥ en el infierno y la marcha de la muerte, que fue la traves√≠a huyendo del Plan Colombia, separ√≥ del todo a madre e hijo.

Clara estuvo con nosotros varios meses y pude ver m√°s seguido al ni√Īo. Le llevaban a Emmanuel, lo cambiaba, lo alimentaba, se lo dejaban una hora o m√°ximo dos y luego la guerrillera encargada se lo quitaba de los brazos.

Sobre la guerrilla

Cuando me preguntan por el futuro de la guerrilla, solo debo decir que siguen con los mismos planteamientos que dej√≥ ¬ĎManuel Marulanda¬í. Ellos dicen que tienen dise√Īados sus cuadros de mando por si alguno muere. Piensan seguir con su pol√≠tica de llegar al poder mediante el uso de las armas.
Pero creo que con los golpes que les ha dado el Estado hay que buscar otras posibilidades, que la guerrilla deje sus condiciones y cambie su forma de financiación, que es el narcotráfico, y proponga un acercamiento con el Gobierno.
Es cierto que hay un debilitamiento. Cuando se conoci√≥ el √©xito de la ¬ĎOperaci√≥n Jaque¬í, el personal que nos cuidaba fue m√°s limitado, aparte de que hay serios problemas al interior por efectos de convivencia.

El futuro

Ahora lucharé por recuperarme, porque tengo varias deficiencias de salud, tengo traumas en los pies, estoy en fisioterapia por las piernas y todo eso tomará varios meses.

Quiero estudiar, porque el vac√≠o intelectual en estos 12 a√Īos es muy grande. Aceptar√©, como siempre, el destino que la Polic√≠a y el Gobierno dispongan. Hay rumores de ir a Espa√Īa, no me preocupo por eso, donde me destine la Polic√≠a cumplir√©.

Me gustaría concluir diciendo que estamos llegando al final, pero decir eso es muy complicado, porque un solo hombre puede hacer actos de terrorismo y el narcotráfico es un demonio que deja mucho dinero.

A mis hermanos de la selva, a mis compa√Īeros les digo: Nosotros seguimos ahora ac√°, en libertad, pendientes de ustedes. La Polic√≠a y el Ej√©rcito est√°n cuidando de sus familias. Estamos haciendo campa√Īas para que regresen, orando para que la guerrilla los libere unilateralmente y sin condiciones.

Ellos tienen derecho a renacer, a estudiar y salir adelante por Colombia; a disfrutar, como yo, de un fin de semana en familia, como será éste para mí.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad