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Augures y tesoros | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-01 05:00:00

Augures y tesoros

No es bueno creer en augurios pero tampoco es bueno desecharlos de plano. En¬† Zapatoca han sucedido cosas afortunadas para algunos. Dos tesoros seg√ļn rumores, han sido encontrados en viejas casonas. Todo ello debido a felices coincidencias, o a augurios que se√Īalaban el sitio exacto en donde se encontraban estos.
Augures y tesoros

Un maestro de obra vio un alacr√°n mono sobre un ladrillo del piso y le descarg√≥ el filo de su barra cort√°ndolo en dos.¬† Al d√≠a siguiente, en el mismo sitio encontr√≥ otro alacr√°n mat√°ndolo de la misma manera. Cuando al tercer d√≠a vio otro all√≠ mismo, √©l,¬† un hombre de augurios exclam√≥, ¬°carajo¬† aqu√≠ est√°!.¬†¬† Zaf√≥ el ladrillo del piso y en una peque√Īa cajita de madera, dicen, encontr√≥ una buena cantidad de morrocotas de oro. A los ayudantes les dijo, iba a entregarle el contenido al due√Īo de la casa, pero lo que se sabe es que abandon√≥ la poblaci√≥n y sus herramientas, abordando un bus y hasta el sol de hoy. Otro afortunado. Dicen que el propietario de una casona vieja cerca de la Iglesia mayor, todas las ma√Īanas cuando se levantaba presuroso a aligerar la vejiga, tropezaba descalzo con el filo de un sobresaliente ladrillo del piso. Una tarde plena de neblina llam√≥ a la puerta una extra√Īa anciana la que fue recibida de mal humor por el adolorido.

Que le pas√≥, pregunt√≥ ella. Un maldito ladrillo con el cual tropiezo todas las ma√Īanas. Y un sartal de improperios solt√≥ delante de la anciana quej√°ndose de su desafortunada vida. Una vecina que paraba oreja dicen que escuch√≥ a la anciana recitar una salmodia reprendi√©ndolo. Los ingratos dejan escapar todo de su memoria, como con el Presidente Uribe, de nada se acuerdan, el pasado nada les ense√Īa, desprecian lo que les da la fortuna, dejan escapar el porvenir, en ese desafortunado ladrillo est√° su vida futura, dijo. La anciana desapareci√≥ entre la bruma de la tarde. El Solitario jubilado no pudo dormir esa noche. Salt√≥ de la cama y cojeando, palustre en mano arranc√≥ el ladrillo. Parti√≥ presuroso a la madrugada en un expreso, dejando la puerta abierta. Nada se sabe de √©l y todo son especulaciones en el pueblo. La vecina recibe en su sala un cortejo de visitantes ansiosos de conocer pormenores. Ella va aumentando lo que oy√≥ y vio, sobre todo, el n√ļmero de costales que dejaban traslucir el brillo de las morrocotas de oro que sub√≠a al expreso. ¬†

Estos dos episodios de fortuna han hecho que Zapatoca sea hoy un sitio de augurios.¬† Todo hecho insignificante es el preludio de afortunados sucesos, o¬† signos de desgracias. Ayer no m√°s, nos reun√≠amos en la finca de unos amigos para discutir el destino de la carretera abandonada y prometida su pavimentaci√≥n en campa√Īas pol√≠ticas. Estando en esas, de repente un burro atropell√≥¬† la reuni√≥n dando brincos, tirando al aire coces y sonoros pedos. Lo que interpretamos, seguir√≠amos muchos a√Īos m√°s por la destartalada carretera como si viaj√°ramos a lomo de mula. Luego, lo que aument√≥ nuestras amarguras, fue un mirlo que se pos√≥ en un estac√≥n cercano con una chicharra en el pico la que cort√≥ en dos, dejando caer una de sus mitades, para emprender el vuelo con la otra. Augures que somos, interpretamos que la carretera se pavimentar√≠a si habr√≠a tajada.

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