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Mensaje a Antanas Mockus | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-01 05:00:00

Mensaje a Antanas Mockus

No importa que no hayas logrado ser elegido Presidente.  Los pedagogos y filósofos no pueden ser “buenos” políticos. Para serlo hay que aprender, si no a decir mentiras, a no decir toda la verdad, todo lo que se piensa. Los pueblos, y con mayor razón el nuestro, son como niños inmaduros; no esperan y aún rechazan que se les diga la verdad, quieren aquello que les gusta... y la verdad es a menudo amarga.  Como en el caso de las medicinas, la verdad cuando es amarga y debe decirse, hay que revestirla con capas de dulzura; no siempre es posible ni deseable decir la verdad claramente.
Mensaje a Antanas Mockus

El buen político no puede ignorar la realidad.  La ética no está hecha para santos sino para hombres de carne y hueso; aunque lo busca no exige lo perfecto sino que se contenta con lo mejor posible.  Sin renunciar a lo ideal, es inconmovible en sus principios pero flexible de acuerdo con las circunstancias.

La educación y la cultura son necesarias para todo pero no son omnipotentes. En política, aunque sea tarea indispensable, no basta educar al pueblo sino crear estructuras de convivencia que hagan posible los buenos comportamientos de los pueblos. Para ello es necesario promover una legislación justa y procedimientos que hagan real y eficaz su aplicación.

Debemos ser menos platónicos y más aristotélicos. No podemos vivir de consignas e ideales. Aunque, como lo dice Platón, la educación es la única gran cosa, su discípulo añade que no es suficiente.  Sólo mediante leyes justas y una justa aplicación se pueden hacer buenos a los pueblos y crear contextos de convivencia y bienestar.  La ley es camino eficaz de la virtud. La política es la culminación de la ética.

A qué viene todo esto? A evitar que una visión meramente teorizante y proselitista eche a pique o conduzca a camino ciego el estupendo resultado obtenido por el Partido Verde en las pasadas elecciones. Lograr que tres millones y medio de colombianos se comprometieran en una lucha frontal contra la corrupción y en la renovación de la política, en circunstancias tan adversas y desinteresadamente, conscientes de su derrota, es una proeza. Pero todo podrá desperdiciarse si no se convierte en un movimiento político organizado y fuerte.

Para ello debemos jugar dentro de las reglas y circunstancias de nuestra imperfecta democracia y con la idiosincrasia de nuestro pueblo. Hay que pasar de la prédica a la organización a fin de tomarse los órganos de representación popular, a partir de los concejos hasta el Congreso y entonces poder dar un paso firme hacia la Presidencia.  Aprendiendo de la fisiología de los organismos vivos hay que multiplicar las células en las familias, las entidades educativas, las empresas, los municipios. Hay que pasar de los principios a las estrategias para que la corriente verde se convierta en un gran partido. Generemos liderazgos e incorporemos a nuestras filas a cuantos líderes bien intencionados quieran comprometerse en la lucha contra la corrupción y el rescate a la dignidad de la actividad política.

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