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Verdugos de la música colombiana (I) | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-02 05:00:00

Verdugos de la música colombiana (I)

Es increíble que mientras el país ingresa plenamente al mundo virtual y globalizado de Internet, y nuestros muchachos crecen con palabras y costumbres extranjeras, al tiempo que desconocen el mute y se espantan frente a las culonas (“¡Ants, qué asco!”), se fortalece la adoración por personajes chabacanos como Marbelle y Jorge Barón, que se están convirtiendo en íconos culturales. Hoy la apología de la violencia que portan los grupos norteños está respaldada por el Estado, manejado por personas de bajo perfil cultural, más interesados en entretener para ganar votos que en educar para que la gente piense.
Verdugos de la música colombiana (I)

Actualmente se libra una sangrienta batalla para que la música colombiana sobreviva. Por un lado, algunos gestores culturales agonizantes se inventan conciertos de divulgación gratuitos o a muy bajo costo para que la gente entienda que lo único que tenemos no se llama Galy Galiano o Yonosequé Ayala (¿ese que “así se canta, HP”?), y que tenemos otras y buenas alternativas, que triunfan a nombre de Santander en los mejores concursos en todo el país. Por una entrada para ver a uno de esos dos fulanos, nuestro pueblo, que anda en una pobreza madre, paga entre cuarenta y cien mil pesos, sin asco. Pero las actividades con música colombiana toca, como decíamos, gratuitas o a muy bajo costo, para que alguien se aparezca por allí.

Y por el otro lado está Sayco y una lista importante de instituciones que abordan a los organizadores como a delincuentes, “porque están evadiendo el pago de derechos”, y pretenden que se les pague, a cada una de ellas (no importa que ya se haya pagado a cualquiera de las otras), una suma absurda que lleva casi siempre al organizador a la quiebra.

Y en medio está la música colombiana: por este lado, Sayco y sus colegas acosando por un peso y medio de los tres que vale el concierto; y por el otro, unos músicos colombianos abandonados por completo por el Estado, por el comercio y por la sociedad.

Estos entes deben existir, porque es una forma de garantizar el orden y los derechos de todos, pero nadie se explica por qué le caen a un tendero que tiene el cajón de un radio Phillps, o porque la señora del aseo se la pasa silbando Pueblito viejo mientras hay clientela. ¿Cuáles criterios hay cuando se cobra una alta suma por un concierto gratuito, que sirve justamente para que la gente consuma posteriormente esa misma música?

Esperemos que estos mismos entes tengan la fineza de dar explicaciones.

 

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