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Uribe, un estilo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-05 05:00:00

Uribe, un estilo

Uribe, un estilo

Otra dimensión de Álvaro Uribe es su talante, estilo y forma de gobernar. Hace política como si siempre estuviera en campaña electoral y tiene una forma única de comunicarse con los gobernados y las regiones.

A Álvaro Uribe, antes de ser Presidente, lo conocían los antioqueños  pero el resto del país no sabía cómo era realmente. Su personalidad salió a flote a medida que impuso su muy particular estilo de gestión administrativa y afloraron sus reacciones, algunas veces excedidas en espontaneidad y carentes de suficiente prudencia; gobernó en directo y se concentró en las pequeñas causas de los hombres anónimos a quienes convenció de que era el Presidente mismo quien defendía su pequeño conflicto. De esta manera, Uribe ocupó el espacio que antes tenían los partidos y se convirtió en el contacto directo de la comunidad con el poder político y con las funciones mismas del Estado.

En Colombia ha habido políticos adheridos a las masas como Jorge Eliecer Gaitán, mejor orador de plaza pública que Álvaro Uribe. Gaitán desde joven dejó huella de su temperamento y capacidad intelectual. Se sentía la encarnación del pueblo, pero terminaba adoptando actitudes distantes  respecto de los sectores que decía interpretar. Uribe no cree ser la encarnación de los desprotegidos, pero sabe conectarse con el pueblo y una vez lo hace, amarra con su magnetismo e informalidad.

Dirigentes ha habido amados por el país como Alberto Lleras Camargo, hombre cerebral, discreto, frío, quien a mediados del siglo XX emergió como adalid de la democracia y las instituciones, pero nunca permitió que lo consideraran un mesías. A Uribe, por el contrario, se le señaló como un líder mesiánico y en esa medida, según sus críticos, chocó permanentemente con los partidos, las Cortes y, en general con sus críticos.

El gobernante de las grandes ejecutorias del siglo XX, Alfonso López Pumarejo, fue también muy diferente de Álvaro Uribe. Elegante, árbitro de la moda, jamás buscó ser el pueblo sino hacer país, modernizar el Estado, democratizar, sin dejar de ser lo que siempre fue: un clubman.

Olaya Herrera fue distante de las masas pese a ser de provincia, estimó que su papel lo determinaban elementos diferentes a los que pone en juego Álvaro Uribe.

Luis Carlos Galán, lo que anheló fue hacer democracia y sanear costumbres políticas.

Sin duda, Uribe es otro estilo. Es un guerrero, no pide ni da cuartel, enemigo de sus enemigos, amigo de sus amigos, como lo ha demostrado últimamente. Aún  le queda mucha cuerda y tiene características tan propias que cualquiera que le imite trocará en su caricatura.

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