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Uribe: ¿huella o cicatriz? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-08 05:00:00

Uribe: ¿huella o cicatriz?

Cada relevo presidencial marca una etapa en la vida de un país y en el devenir de la sociedad. La salida de Uribe que, si no hubiera hecho trampa, debió ocurrir hace cuatro años, será lamentada por unos y aplaudida por otros, entre los cuales me cuento.
Uribe: ¿huella o cicatriz?

Termina aquí la era del todo vale y los fines obtenidos por cualquier medio; de los insultos presidenciales y las invocaciones a matar bandidos; de las destituciones en caliente y la repartición sabatina de cheques; de la ramplonería y el tráfico de influencias; de los delfines negociantes y las descalificaciones a la prensa; del macartismo tropical y la paranoia judicial.

No se puede hacer en una columna un balance a fondo de estos agitados años en los cuales el país cambió gracias, en parte, a las políticas de Uribe, pero también debido a la dinámica internacional, que unas veces nos trajo prosperidad y en otras ocasiones nos dejó sinsabores. En este mundo globalizado Colombia no es un modelo excepcional de éxitos ni un caso aislado de fracasos.

En lo económico, el presidente Uribe se la jugó por la confianza inversionista, que no fue otra cosa que una radical apertura económica, gracias a la cual la inversión extranjera creció considerablemente durante su presidencia. Uribe también flexibilizó la legislación laboral, con el propósito de generar empleo, pero, al final de cuentas, el desempleo sólo se redujo en un par de puntos, mientras el subempleo creció en un 30%. Uribe entrega, además, un país ubicado entre las cinco naciones con peores índices de desigualdad en el mundo, lo cual deja en entredicho su política de cohesión social.

Con los golpes asestados a la guerrilla, fue en el frente de la seguridad donde el casi ex presidente cosechó sus mayores éxitos, verdad que tiene dos caras pues aunque gracias a la vigilancia en las carreteras hoy se puede salir de las ciudades, cada vez es más peligroso salir de las casas. La inseguridad urbana está disparada en muchas zonas del país, realidad que el saliente gobierno se niega a admitir. Y si a eso sumamos la evidente traquetización que se percibe en varias capitales, reflejada en el aumento del sicariato y los ajustes de cuentas entre los delincuentes, el balance pierde buena parte de su brillo.

Por otra parte, los logros en materia de seguridad resultaron empañados por los cientos de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por miembros de las Fuerzas Armadas y por las interceptaciones telefónicas, efectuadas por el DAS contra jueces, magistrados, periodistas y políticos de la oposición.

Así las cosas, celebro la partida de Álvaro Uribe, que se va en medio de luces y sombras y deja en el país una profunda huella. O una fea cicatriz, dependiendo de cómo se le mire. A Juan Manuel Santos prefiero no referirme en este momento, pues eso sería como hablar del guayabo antes de que empiece la fiesta.

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