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Verdugos de la música colombiana (II) | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-09 05:00:00

Verdugos de la música colombiana (II)

Quedan preguntas a lo largo del tiempo, que Sayco y los otros entes no se han preocupado por responder; tal vez la más importante es cómo se distribuyen los dineros recaudados. Pero la única respuesta que puede encontrarse en la página de Sayco es que el dinero se reparte 60% y 40% entre Sayco y Acinpro, aunque no definen cómo llegan a los compositores.
Verdugos de la música colombiana (II)

¿Con cuál criterio, por ejemplo, estos entes cobran $1’700.000 por seis días de conciertos en todos los escenarios del Socorro y, al mismo tiempo, cobran $1’400.000 por un recital en Piedecuesta con seis grupos y un total de 25 canciones? Según ellos, se cobra por la capacidad del sitio, aunque no lleguen sino tres gatos; pero ¿cuál es la razón para que se cobren derechos cuando el concierto es gratuito, y aunque asistan los mismos tres gatos?

¿Qué hará la gente de Sayco y los otros si alguien se planta en una esquina a cantar? Lo hacen meter preso? ¿Con qué criterio le cobran derechos a un cantautor, si está interpretando sus propios temas? ¿Le devuelven toda la plata después? ¿Le dan porcentajes sobre ese dinero? Es más, sabemos que estas entidades cobran por un concierto de autores que ni son socios suyos, a cuenta de “resguardar” los derechos de quién sabe quién. Por estos desmanes, algunos compositores les han clavado a estos entes demandas millonarias y han podido mantenerlos a raya; un ejemplo, Héctor Ochoa Cárdenas, que se ha negado desde el principio a seguirles el juego, y él mismo tiene su sistema de recaudo.

Sigamos con nuestro asunto. Según esa gente, el dinero que se recauda de las emisoras se distribuye de acuerdo con el número de “sonadas”, es decir, las veces que la emisora ponga un tema al aire. Bien hasta ahí. Yo sé que las emisoras no registran todo lo que hacen sonar; ¿cómo reparten, entonces, el dinero?

Otro punto interesantísimo: cuando un sitio público (restaurante, bar, taberna, etc.) tiene música en vivo, cae alguno de estos entes y cobran una suma escandalosa, pero no se preocupa por conocer los temas que serán interpretados en el lugar. Entonces, ¿con cuál criterio reparte ese dinero y entre quiénes, si ni siquiera sabe qué se cantará?

Bien porque se defiendan los derechos de autor, especialmente de los colombianos, pero debieran estos entes ponerse de acuerdo sobre qué cobrar, a quiénes cobrar y, lo que es más importante, cómo repartir ese dinero; especialmente, cuando los afectados están siendo quienes tratan de defender la música colombiana.

 

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