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¿Qué esconde Dios? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-12 05:00:00

¿Qué esconde Dios?

¿Qué esconde Dios?

Pero el hombre lo busca en regiones alejadas de la tierra, en las altas montañas, en lo profundo de los océanos, en el punto más distante del sistema solar. El hombre busca su esencia divina, yendo tras maestros, gurúes y profetas; en organizaciones de una y otra orientación. Esa chispa que nos hace semejantes a Dios habita dentro de nosotros, se une a nuestras palpitaciones, es la chispa que nos mueve a hacer aquello que debemos hacer.

Esa chispa quiere crecer hasta convertirse en un sol magnifico. Quiere triunfar sobre las sombras y la mediocridad. Es una chispa ambiciosa de grandeza, orgullosa de su origen. Esa chispa divina anhela darse a conocer, manifestarse con expresiones de belleza, amor, armonía, poesía, pintura, música, humanismo, bondad.

Una expresión asombrosa de la esencia divina, es el entusiasmo que quiere decir “tener a un dios por dentro” El entusiasmo es un poder: ha llevado a miles de seres a las más elevadas conquistas del arte, las ciencias, las letras, el humanismo. El entusiasmo es el que energiza la palabra, el mensaje, la propuesta. Con él se hace todo; sin él no se hace nada. “el entusiasmo es el que mueve el mundo. Alivia los pesares de la pobreza y el aburrimiento. Despreciarlo es locura; usarlo mal es desastre” (Robert Haven S ).

Tener a Dios dentro de nosotros es tener todo, es tener lo mejor: las mejores posibilidades, toda la alegría, toda la felicidad, toda la capacidad de amar y de servir. Tener a Dios dentro es contactar lo infinito. Poder, felicidad, alegría, sin límites. Así como el hombre busca a Dios lejos también cuando quiere Prosperidad, la busca lejos. Es una realidad que cuando se es consciente de la existencia de Dios dentro de nosotros, encontramos la fuente proveedora: Dios.

Dios, que por una parte creó todo y es el dueño; y por otra parte, nos hizo sus hijos, y puso todo a nuestro servicio. Nuestra relación con Dios no es de proveedor y consumidor; sino de Padre e hijos. Dios es el dueño; nosotros los hijos del dueño.

Cuando se asume esta verdad y realidad, desaparecen los miedos a las carencias y la escasez; desaparecen las angustias “por el día de mañana”; las preocupaciones por las necesidades: “Mirad la majestuosidad de las aves del cielo…Mirad la elegancia de los lirios del campo…Vuestro Padre del cielo los atiende…” Crear prosperidad es muy sencillo. Es estar en sintonía con La fuente. La vida sin Dios no tiene sentido, es mísera, vana y sin sabor. Con Dios es rica y sana.

 

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