Un castillo de naipes en plena loma | Noticias de santander, colombia y el Mundo | Vanguardia.com
Publicidad
Mar Feb 20 2018
29ºC
Actualizado 02:06 pm

Un castillo de naipes en plena loma | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-15 05:00:00

Un castillo de naipes en plena loma

Obras como Cablel√≠nea y la remodelaci√≥n del parque del Sagrado Coraz√≥n, asegura la Administraci√≥n Municipal, le cambiar√°n la cara al sector. Sin embargo, varios de sus residentes aseguran que lo primordial es abrir v√≠as, estabilizar las viviendas y los taludes, construir escenarios deportivos, habilitar sistemas para la recolecci√≥n de agua, crear empresa y enviar m√°s polic√≠as para acabar con los robos y las ri√Īas.
Un castillo de naipes en plena loma

Algunos ciudadanos residentes de la Comuna 14 la han apodado como ¬ďel Puerto de Morgan, para√≠so del transporte pirata y la venta ilegal de gasolina¬ď. Otros la han¬† comparado con las comunas de Medell√≠n, sectores marcados por la inseguridad, la pobreza y la falta de oportunidad para sus habitantes.

Sean o no ciertas estas afirmaciones, no es necesario recorrer las delgadas y empinadas calles del lugar, comprar gasolina en bolsas y envases de gaseosa,¬† desplazarse en veh√≠culos destartalados o caminar en procesi√≥n por las humildes viviendas incrustadas en la monta√Īa, para reconocer que esta es una de las zonas m√°s deprimidas de la ciudad.

Mientras algunos de sus residentes, líderes comunales y adultos mayores aseguran que allí se vive en  un paraíso, otros como estudiantes de colegio, padres de familia y microempresarios, afirman no salir ni relacionarse con sus vecinos para evitar que los atraquen o que los involucren en problemas con la justicia.

Vanguardia Liberal hizo un recorrido por la zona y encontró distintas historias de vida que reflejan la realidad de un neurálgico sector de la ciudad, visto como polo de desarrollo para el turismo y el sistema de transporte masivo.

El viento, los motores y la ilegalidad

Pedro*, un mototaxista residente desde hace m√°s de cinco a√Īos en el sector, narra su historia.

¬ďAnte la necesidad todo termina volvi√©ndose costumbre. Un d√≠a tuve un trabajo bien pagado, ten√≠a seguro para mis hijos, mi esposa y para m√≠. Adem√°s, vacaciones y primas; claro que de eso ya hace un ¬Ďjurgo¬í de a√Īos.

Ahora, como me ve, soy mototaxista. Trabajo ac√° en Morrorico desde hace un a√Īo. Compr√© una moto s√≥lo para dedicarme a esto y la verdad, he podido sobrevivir. Dicen que s√≥lo en esta zona hay m√°s de mil personas dedicadas a eso, pero no creo que sean s√≥lo de ac√°. Hay gente trabajando en esto en la Plaza de Mercado del Centro, en Guar√≠n, en Gir√≥n, Piedecuesta y hasta en la autopista. No los he visto, me han contado.

Aunque unos piden ser legales yo digo que no. Nos ponen a pagar impuestos y otras cosas que no vale la pena ni nombrar. Acá en Miraflores (otro de los barrios de la Comuna 14), usted nos puede encontrar a toda hora. Si va para el centro vale $1.500, para Guarín $1.400 y si es más cerquita, la tarifa se reduce.

A la gente no le molesta ponerse un casco que se pone otro. Nos toca cumplir con las reglas, pero otros s√≠ se las dan de asquientos y traen el casco. Lo chistoso es que no s√© por qu√© tienen casco y no tienen moto¬Ē.

¬ďCreo que aqu√≠ lo que se necesita es un transporte peque√Īo como este. Las motos entran por cualquier lado y los buses no. Ahora nos dicen que va a llegar el Cablel√≠nea, pero qui√©n sabe cuando. Los ingenieros de eso son como jodidos en el tema y por eso la comunidad les pelea.

Deber√≠an invitarnos a trabajar manejando las cabinitas. Desde que paguen bien, hasta salgo de esto¬Ē.

Sin poder salir de casa

Dioselina Ravelo es una mujer de 54 a√Īos que sufre de osteoporosis y actualmente se recupera de un trasplante de cadera. Desde que lleg√≥ de San Vicente de Chucur√≠ a trabajar a Bucaramanga como empleada del servicio, siempre ha vivido en el sector 3 de Morrorico.

Su peque√Īa vivienda que un d√≠a fue de tabla y que hoy se sostiene por columnas de concreto y ladrillos, se ubica a 500 metros de la v√≠a principal de la zona (sobre la v√≠a que comunica a Bucaramanga con C√ļcuta).

Para llegar hasta su casa, Dioselina ten√≠a que subir y descender empinadas escaleras, bordear los techos de zinc de las casas pegadas a la monta√Īa, caminar muchas veces en medio de los bultos de basura y esquivar los excrementos de perros, gallinas y gatos de los vecinos.

Pero ahora con su enfermedad, ya no puede. ¬ďEstoy atrapada en mi casa. Con muletas s√≥lo puedo acercarme a la puerta de mi casa. Ac√° no hay v√≠a, no hay caminos seguros¬Ē, cuenta. ¬†

Como si fuera poco, Dioselina espera la fecha de una nueva cirug√≠a en sus piernas. ¬ďLa √ļnica forma de salir es que mis hijos me lleven y me traigan alzada, pero muchos de ellos no viven conmigo¬Ē, asegura.

Esta mujer mira desde su ventana la estrecha v√≠a que llega hasta su casa y cree que parte de la soluci√≥n a su problema es abrir un camino. ¬ďSi el Acueducto corriera un poquito el muro de la planta de tratamiento La Flora, se podr√≠a construir una v√≠a para que entraran los carros. Lo hemos pedido pero nadie hace nada¬Ē, concluye.

La barrera que pone el deporte

Carlos*, Andrea* y David*, los tres de 15 a√Īos, son j√≥venes del sector que se ha refugiado en el deporte para olvidar los problemas que m√°s los aquejan en las calles: la droga y los robos.

Ellos hacen parte de los casi mil 200 estudiantes de un colegio de la zona, quienes reciben formación en un edificio al que escasamente el concreto le deja asomar unas cuantas ventanas.

Carlos* y David*, ante la falta de espacios deportivos, tres veces a la semana emprenden lo que para muchos es un sacrifico que no vale la pena, pero que para ellos es su m√°s grande aventura: descender desde Morrorico a pie hasta llegar al estadio La Flora para sus entrenamientos.

¬ďNo hay dinero y as√≠ tuvi√©ramos, no hay buses para bajar, s√≥lo ¬Ďpiratas¬í. Nos encontramos a las 3:00 de la tarde y llegamos al Estadio a las 3:40. Tomamos atajos, pasamos por Cabecera, por el parque San P√≠o. Cuando llegamos al puente la Flora corremos, pues en ese lugar nos pueden atracar. Despu√©s del entrenamiento volvemos a hacer lo mismo¬Ē, asegura David*.

Sin embargo, dice Carlos*, el m√°s callado de los tres, ¬ďpero qu√© nos van a robar (sonr√≠en los tres), no llevamos nada¬Ē, asegura.

Tal vez la m√°s afortunada del tr√≠o es Andrea*, amante desde ni√Īa del f√ļtbol. ¬ďPracticamos atletismo, micro, ciclismo, f√ļtbol y lo que salga. Ellos dicen que juego mejor que un hombre y creo que s√≠¬Ē, comenta.

Carlos* asegura que en la cancha lo deja todo. ¬ďEs mi √ļnico espacio de diversi√≥n adem√°s del colegio. No me gusta salir de mi barrio (La Quebrada), no me gusta salir de la casa y menos juntarme con los vagos, eso no tiene sentido¬Ē, explica.

David* y Andrea* enfrentan la problem√°tica de la droga a diario. ¬ďAlgunos me acosan para que consuma marihuana, me ofrecen en la esquina de mi casa, pero yo los rechazo¬Ē, explica David*.

Andrea*, baja de estatura y fuerte de temperamento, cuenta. ¬ďFrente a mi casa entran todos los vagos y all√≠ meten vicio. Un d√≠a empujaron a mi mam√° y la atravesaron en la v√≠a para poder atracar a un motociclista, fue duro pero mi pap√° los puso en su lugar¬Ē, asegura.
Son esc√©pticos al cambio. Aseguran que nada pasar√° mientras no exista mano dura para los delincuentes. ¬ďSi piensan llegar con tantas obras al barrio, lo primero que tienen que hacer es borrar la mala imagen que tenemos. Ac√° hay muchos problemas y no creemos en los pol√≠ticos. Ser√≠a muy bonito todo si fuera verdad¬Ē, concluye David*.

*Nombres cambiados a solicitud de las fuentes y por disposiciones legales.

Las bombas de tiempo

¬ďVivo en Miraflores desde peque√Īo. Mis pap√°s llegaron al barrio porque mi abuelo ten√≠a una tierrita ac√° e hicieron la casita. No lo niego, por ac√° es peligroso¬Ē, asegura Henry*, un joven del sector.

¬ďHace cuatro a√Īos recuerdo cuando vino la Polic√≠a a un operativo. Ven√≠an detr√°s de la venta de gasolina venezolana. De un momento a otro comenz√≥ el barrio a oler tan fuerte a gasolina que uno ve√≠a a los polic√≠as correr por esas escaleras como locos. Se asustaron, pero ¬Ņqui√©n no? ¬Ņse imagina donde hubieran tirado un f√≥sforo?¬Ē.

Henry* recuerda esta dura historia que ha marcado al sector. La Policía nunca pudo hacer el operativo y menos sacar de las viviendas el combustible que allí se guardaba.

Los habitantes, ante la llegada inesperada de las autoridades y para no ser aprehendidos, decidieron desocupar las canecas y echar por los sifones de los patios, ba√Īos, lavaplatos y lavamanos, el combustible.

El olor se esparció en segundos y el lugar quedó convertido en una bomba de tiempo.
Seg√ļn El√≠as Barrios, un l√≠der de la zona, el problema se ha quedado s√≥lo en la venta de gasolina y las autoridades no quieren ver m√°s all√°.

¬ďCasi a diario recibo quejas de los vecinos. Aseguran que en una vivienda que mide 60 metros cuadrados, esconden hasta 40 galones de combustible¬Ē, comenta.

¬ďUna vez denunci√© esa situaci√≥n en la oficina de Hidrocarburos de la Alcald√≠a, pero no ha pasado nada hasta ahora, ni siquiera la visita. Creo que como siempre, est√°n esperando a que pase una tragedia para poner en cintura a los infractores¬ď, dice.

En el sector no se puede establecer una tarifa espec√≠fica para la venta de combustible¬† que proviene de Venezuela. En bolsas, botellas de gaseosa o cualquier tipo de envase, ni√Īos, mujeres, hombres y ancianos ofrecen la gasolina sobre la v√≠a.
¬ďLo chistoso de todo esto es que nadie se hace rico¬Ē, concluye Henry*.

BUSCANDO HACER EMPRESA

En otro extremo de la Comuna 14 está en una panadería otro líder de la zona, Manuel Galvis, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Miraflores.
Galvis es un hombre de mediana estatura, cuyo sustento es la venta de pan y otros productos. Su familia est√° compuesta por su esposa y cuatro hijos, quienes han vivido en el sector desde hace m√°s de 30 a√Īos.

En las manos de este hombre, fiel seguidor del Atlético Bucaramanga, se puede ver que es constante en su trabajo. También en su vestimenta, pues porta un delantal lleno de harina.

En medio de la atención a sus clientes, don Manuel no oculta el problema del consumo de drogas en el barrio, especialmente por adolescentes, pero resalta que ese es un problema social en todo el país.

Asegura que durante el √ļltimo a√Īo la colaboraci√≥n de la Polic√≠a ha sido importante, que presta mucho apoyo y que la comunidad cada vez cree m√°s en ellos. Sin embargo, a√Īade que falta m√°s presencia y m√°s trabajo social desde esa instituci√≥n as√≠ como la Alcald√≠a.

Una opci√≥n alterna planteada por don Manuel es la creaci√≥n de empresas. ¬ďEstoy buscando c√≥mo vincular a personas del barrio que saben de zapater√≠a para que se abra un taller. All√≠ se podr√≠a capacitar a los j√≥venes para que se alejen de los vicios¬Ē, asegura.

Es un hombre convencido de su causa. En medio de la conversación recuerda el nombre de otros líderes como don José Melvivelso y resalta la buena relación que tienen todos.

Asegura que no se rendir√° y que siempre seguir√° trabajando por el lugar. ¬ďNecesitamos que las autoridades nos visiten m√°s, que hagan vigilancia e investigaci√≥n. Tambi√©n necesitamos que la Alcald√≠a nos cumpla con las obras que nos prometieron para generar empleo en la zona. Tenemos que proteger y conservar el semillero (ni√Īos) y evitar que lleguen las drogas. Esto ser√≠a un paso importante para la Comuna¬Ē, concluye.

VIENTOS DE CAMBIO

Desde el tradicional cerro de la peregrinaci√≥n en Semana Santa, que conserva una estatua del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, se alcanza a divisar la mayor√≠a de la Comuna 14.

Además de encontrar una panorámica de la ciudad cubierta por árboles frondosos, se puede ver a un grupo de 60 soldados del Ejército Nacional que custodian el cerro y la zona. José Menvivelso, presidente de la junta de la Comuna, es el encargado de contar los cambios que se avecinan.

¬ď¬ŅVe la casas del barrio Miraflores, las de la monta√Īa? Bueno, a esas casas les van a cambiar la fachada, las van a pintar del mismo color para que sean m√°s agradables¬Ē, comenta.

¬ď¬ŅVe el Colegio Oriente Miraflores? Como no tiene zona deportiva, se tiene planeado construir un puente que comunique con el parque del Cristo para que los muchachos vengan a hacer deporte¬Ē, asegura.

¬ďPero lo mejor de todo es que aqu√≠ donde estamos parados (junto al Cristo) va a quedar un corredor tur√≠stico, con locales comerciales, venta de artesan√≠as, cafeter√≠a y restaurante. Un parque donde habr√° estaci√≥n del Cable L√≠nea. As√≠ llegar√° m√°s progreso para la zona¬Ē, a√Īade el l√≠der.

Convencido de lo que dice, agrega: ¬ďEs hora de que el Alcalde, a quien hemos ayudado tanto, nos haga este sue√Īo realidad. Nos merecemos un buen transporte y m√°s oportunidad para mejorar nuestra situaci√≥n¬Ē.

ESCUELA DE PADRES

Mientras algunos residentes de la Comuna 14 relatan sus problemas, otros se dedican a ayudarlos y a plantear soluciones. Es el caso de la rectora del Colegio Oriente Miraflores, Yolanda Flórez Serrano.

Ni ella ni su equipo de trabajo niegan que muchos de sus estudiantes hayan tenido que enfrentar el tema de la drogadicción, las violaciones, el maltrato de sus padres, la deserción escolar y hasta la prostitución.

Todo, seg√ļn la rectora, porque los padres de las nuevas generaciones son muy j√≥venes, porque nunca han tenido buenas oportunidades y no saben c√≥mo conducir la vida de sus hijos. ¬†

Sin embargo, hay algo que preocupa m√°s a esta profesora: la falta de afecto entre padres e hijos, pues ¬ďmientras los pap√°s est√°n en el rebusque, en esas necesidad econ√≥mica y de conseguir la comida, tal vez no tienen tiempo para brindarlo y menos si nunca lo tuvieron o¬† nunca han sabido c√≥mo expresarlo¬Ē, a√Īade.

Pero no todo es malo en el sector. Flórez asegura que la humildad es la fortaleza de los jóvenes de la Comuna 14.

Yolanda Fl√≥rez reconoce que la entrada de los padres de estos j√≥venes a la Universidad del Pueblo ha ayudado a cambiar su mentalidad. Sin embargo, a√ļn falta mucho. ¬ďSe necesitan pol√≠ticas de Estado que les den a los ciudadanos un trabajo, que con ese trabajo les den la oportunidad de una casa digna y con eso, los hijos tengan una educaci√≥n digna¬Ē, pide Fl√≥rez.

¬ďEs hora de que los mandatarios que vienen en √©poca de campa√Īa a buscar apoyo, le cumplan a los ni√Īos y j√≥venes de la Comuna 14¬ď, concluye la rectora.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad