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Leo, luego escribo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-17 05:00:00

Leo, luego escribo

Leo, luego escribo

No es que los libros sean caros sino que los colombianos somos pobres y secularmente los presupuestos familiares no alcanzan para lo ultra vital, menos para los libros, y el endeudamiento por supuesto que no se gasta en ellos.

Sin ferrocarriles ni viajes largos, no hay lectores. Nadie imagina tampoco, un metro en Londres, Pekín, Nueva York, o Buenos Aires, sin lectores. Los argentinos son casi tan pobres como nosotros, pero tienen ferrocarriles y metro, y son el pueblo latinoamericano con mejor promedio de lecturabilidad, bueno, también los libros allí son más baratos.

Los parques, los escenarios públicos, son en otros lares, sitios de lectura. Entre nosotros no, tal vez porque sus habitantes consuetudinarios están más cercanos a la evasión que a la lectura.

No obstante los pocos lectores colombianos, hay por fortuna un buen número de escritores, muchos de ellos buenos, otros no tanto y algunos improvisados, especialmente víctimas y victimarios de nuestro conflicto, que quieren dejar su testimonio con la ayuda de algún periodista. De todos modos, como es de esperarse, los dramas humanos, sucedáneos del conflicto, aparecen como temas de muchos escritores, incluyendo a los buenos y muy buenos.

Tuve la fortuna de asistir en la Feria del Libro a la presentación de la última producción de Mauricio Botero Montoya titulada “El adiós de Otto” obra por la cual fue acusado de homicida por el editor, al darle Botero, final a un personaje único que nació con “Otto, el vendedor de música” obra sensacional, merecedora del Premio Nacional de Cuento 2001 y que ha sido traducida al alemán y al sueco.

En su última obra, Botero además de darle muerte a Otto, retoma el ensayo, género con el cual ya había sido premiado en 1994. La erudición de Botero que acompaña con su ironía volteriana y su fuente inagotable de humor, hace de su obra el instrumento fácil de reflexión, gusto y diversión, al tiempo que ilustra y motiva. Recuerdo un pasaje de Otto, el dueño de La caja de música, cuando es preguntado por Elena acerca de si creía en el libre albedrio humano y éste le respondió que no tenía otra alternativa.

Botero es un verdadero amante y conocedor de la música, por ello logró una obra excepcional que une la literatura al sentimiento, al significado y a la estética de la música clásica.

Preguntado Fernando Soto Aparicio, que debe hacer un escritor joven para avanzar, Soto Aparicio respondió que para aprender a escribir, se requiere de ser un gran y disciplinado lector. Parafraseando entonces, concluyo: Leo, leo, leo, luego puedo soñar con escribir.

 

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